Girls y el bildungsroman: “Gominolas”, (Girls 6 x 05)

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Cuando explico a mis alumnos uno de los subgéneros literarios, el bildungsroman, les hago reflexionar sobre la diferencia entre ser una persona adulta y ser una persona madura, pues no es lo mismo, aunque a veces usemos dichos términos como si fueran sinónimos. Pues bien, me gustaría pensar que nuestra serie, Girls, es un bildungsroman, una de esas historias en las que se plasma la evolución del personaje protagonista hacia la madurez. Desde el episodio anterior tenemos la sensación de que así es, y en este quinto se sigue manteniendo en cierta medida. En este vemos cómo Hannah sigue adelante con su decisión de tener su bebé, a pesar de que en el episodio 4 pudiera haber dado la impresión de que su resolución partió instintivamente de su tendencia a oponerse a toda imposición, de modo que cuando el doctor dio por hecho que no iba a seguir con el embarazo, ella se molestó y tomó el camino contrario. Pero en el quinto, aunque Hannah aparece desarrollando una lista de razones por las que es “una locura” tener al bebé, el hecho de que informe -sin mostrarse en absoluto dubitativa- a su madre y compañero de piso sobre su decisión de tenerlo parece confirmar que está decidida a seguir adelante. Podemos considerar varias muestras de madurez en Hannah: una es reflexionar sobre cómo actuar y no hacerlo instintivamente. Otra es reconocer -en la mencionada lista- ciertos problemas objetivos en la posibilidad de ser madre, tales como el no contar con mucho dinero, su corta edad, y el hecho de actuar incluso como si fuera todavía más joven (en la lista no pueden faltar motivos ridículos como que no se le da bien el deporte, pero bueno, si no, no creeríamos que es la misma Hannah de temporadas anteriores).

            Pero, lo que más hace ver como madura a Hannah es la presencia de su madre, que actúa más bien como “foil character”, siguiendo con la terminología literaria. Ésta, recibe la noticia de Hannah influida por la ingesta de gominolas (de ahí el título de este episodio) de marihuana. De ahí que, aparentemente no muestre ni sorpresa, pero no tardará en mostrarse de la manera más egoísta posible (sólo superable, seguramente, por Marnie, que va de mal en peor en ese aspecto en esta temporada), hasta el punto que llega a espetarle a Hannah: “Cada vez que vea a tu bebé, veré mi propia muerte” (no sabemos qué da más asco: estas palabras que salen de su boca o el vómito verde que les sigue). La situación llega a convertirse en una inversión de roles en la que Hannah la busca llena de preocupación, convirtiéndose en madre de su madre, pues Loreen se escapa por Brooklyn completamente colocada (en el episodio 3 de la segunda temporada fueron Hannah y Elijah -los que ahora buscan- quienes hicieron toda una gira por los garitos de Brooklyn bajo los efectos de la cocaína). A esto se suman sus consejos para que deje de tomar drogas, los ánimos que le da sobre su situación actual… Con todo esto parece indicarse una cierta evolución en el personaje de Hannah y se demuestra indirectamente que podría estar preparada para ser también madre de su bebé. 

            Nada del bildungsroman parece poder aplicarse a prácticamente todos los demás personajes de este episodio (además de, por supuesto, Loreen, como ya se ha comentado). De entre ellos destaca Elijah: cuando se entera del embarazo de su -supuesta- amiga, reacciona de la forma más egocéntrica y cruel posible: le dice que no entraba en sus planes compartir piso con una aburrida madre soltera de 27 años (a lo que Hannah le responde que no tiene por qué ser aburrida, que puede parecerse a Lorelai Gilmore); a esto añade que Hannah no está preparada para tener un bebé, y lo más duro, “serás una madre terrible”. Elijah le lanza todas estas quejas en la cocina de un restaurante chino (no sabemos muy bien por qué, quizá para que el setting parezca tan poco apropiado como los comentarios de este “amigo”), en el que los cocineros muestran tan poco interés por lo que allí se está hablando como Elijah con respecto al estado de Hannah: ni siquiera le pregunta cómo se encuentra, ni física ni emocionalmente. Sólo piensa en las consecuencias que la noticia tiene para él mismo. Si Hannah esperaba una situación similar a la plantada en The Object of My Affection (1998), nada más lejos de la realidad. Quizá la escena del principio, en la que Elijah, en vez de compadecerse por el sufrimiento de Ray por la muerte de su jefe y amigo Hermie, se muestra eufórico (en gran parte porque admite haber tomado más Adderall de la cuenta), ya que Ray va a heredar sus pertenencias, está pensada para que no nos parezca descabellada la egocéntrica reacción de Elijah ante el anuncio de Hannah (lo mismo puede decirse de su confesión sobre que le divierte acosar en Facebook a un antiguo estudiante de Oberlin).

            Elijah encuentra una fuerte rival en cuanto al nivel de egolatría en Marnie, que se ha venido convirtiendo cada vez más en un personaje monodimensional y estático. Así, mientras el pobre Ray se encuentra en el apartamento de su fallecido amigo poniendo orden y recopilando sus pertenencias mientras lo recuerda con pesar, Marnie, que se supone que está allí como novia acompañante en el dolor así como supuestamente para ayudarle, no ve la manera de buscar excusas para irse de allí cuanto antes. Esta situación, que pudiera parecer negativa a priori, propicia a Ray el momento epifánico en que decide romper con ella, a pesar de que ella se defiende con declaraciones como “No soy una mala persona”. ¡Ay, Marnie: excusatio non petita, accusatio manifesta! Qué distinta es, sin embargo, la relación de Ray con Shoshana, quien, sintiendo realmente el pesar de su amigo, le dice con cariño que ella nunca se va a morir, como queriéndole evitar ese otro sufrimiento futuro. Bonita escena, pero corta y única. Shoshana: queremos verte más; al final, la que parecía más ingenua va a ser la más humana y sensata.

            Para completar el catálogo de personajes tipo adolescente-egocéntrico, Jessa. Ésta no puede soportar ver representada la relación entre Adam y Hannah en la película que está co-produciendo. Y no porque le indignen -como a mí y espero que a muchas otras espectadoras/es- las escenas sexuales en las que Adam le pega a la Hannah ficticia (representada por Daisy Eagan, enormemente parecida a la original), sino porque se da cuenta de que Hannah ocupó un lugar realmente importante en el corazón de su ahora novio.

            Fantástica la escena final en la que esta Hannah ficticia conversa con la auténtica en la escalera de la entrada del edificio donde Hannah vive y donde se está rodando la película de su relación con Adam (en el apartamento de Laird). Es curioso cómo la Hannah ficticia (hablamos de metaficción, claro: la ficción de la película que están rodando Adam y Jessa, dentro de la ficción de la propia serie, Girls) representa el pasado y el futuro de la Hannah real. Por una parte, en la película, es la Hannah que estuvo con Adam, y por otra, la actriz le comenta que es madre de tres hijos. Resulta paradójico, o quizá más bien simbólico, ver que es esta Hannah la única que se alegra de su embarazo y la anima con estas palabras consoladoras: “Los niños son súper-fáciles”. A lo que añade, no obstante: “Lo difícil es ser adultos”. Algo con lo que creo que la Hannah “verdadera” no puede estar más de acuerdo, y está comprobando diariamente. Esperemos que consiga llevar esta evolución a buen puerto. Quizá para conseguirlo le puedan ayudar los consejos que dejó grabados en cintas Hermie, en una entrevista a Sonja Ballentini (personaje inventado, o que al menos yo no he conseguido descubrir quién es), dónde, respondiendo a la pregunta sobre cómo es la vida, ésta le dice cosas como: “No sirve de nada quejarse”, “Hay que aprender a ser feliz con los golpes duros de la vida”, “No hay que dejar que la basura te invada”, y añade que ella se plantea cada mañana al levantarse: “¿Qué me va a hacer feliz hoy?” y “Voy a hacer esto para mí misma primero”. Algunos de estas ideas no están mal, pero veo tras ellos -si se toman exclusivamente- la semilla egocéntrica que puede dar lugar a frutos como los de Elijah, Loreen, o Marnie. No podemos olvidar que pensar aunque sea un poco en los demás no sólo es positivo para mejorar la sociedad, sino que también es necesario para ser feliz.

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