«Gorrión rojo» (Lawrence, 2018): la lógica de la seducción en el poder del estado

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La Guerra Fría sirve como telón de fondo en la nueva película de Francis Lawrence en un marco temporal que bien puede desatar ciertas tensiones contemporáneas en las relaciones entre países como EEUU y Rusia. Jennifer Lawrence interpreta (si se nos permite, majestuosamente) a Dominika Egorov, una bailarina del Teatro de Bolshói que ve truncada su prometedora carrera en el ballet moscovita tras un supuesto accidente en una de las funciones por parte de la caída de su compañero y pareja de baile. Con su madre enferma, su padre fallecido y, en cierto modo, el accidente-traición por parte de su compañero de baile y pareja, sus opciones de vida se reducen exponencialmente.

Sin embargo, su poderoso tío, el hermano de su padre fallecido (quien, según su madre desvela, sentía una sospechosa predilección sexual por ella) el cual le confesará que “Los accidentes no existen, nosotros creamos nuestro destino”. Su tío siempre ha considerado que Dominika tenía un don y un talento especial como él porque ambos tienen la habilidad y la capacidad de “leer” a los demás, de ir un paso más allá en un estratégico ejercicio de empatía para conocer qué quieren los demás de nosotros, qué pretenden y cómo pueden o desean conseguirlo. Es él quien, en un intento por intentar ayudarla para alcanzar un mayor poder dentro del estado, la posiciona como una candidata idónea para ser espía del estado ruso. Sus tareas parecen primeramente de lo más simple para un espía de manual: duplicar un teléfono de uno de los enemigos del estado.

No obstante, el modo es el que resulta sobrecogedor: tras una copa y pese al escepticismo de encontrarse de nuevo con Dominika en uno de los hoteles más ostentosos de Moscú, el enemigo del estado la invita a su suite donde forcejea con ella y la viola, siendo asesinado por uno de los hombres al servicio del estado. Conmocionada y desconcertada, Dominika comprende que el trabajo que su tío le propone conlleva peligros que va acabar acatando por intentar mantener a su madre a salvo, en casa y con la medicación que necesita pese a que deba estar a las órdenes de un estado opresivo que utiliza a una serie de personas seleccionadas y entrenadas para su propio fin.

Jennifer Lawrence

Dominika acabará siendo internada en un centro de carácter militar en el que se les enseña a no sentir pena ni lástima por los demás, en entrenarse en el arte de seducir por un fin comunista último que va más allá del patriotismo para apoderarse de una fuerte vinculación ideológica comunista en el que, maquiavélicamente, el fin justifica los medios. De ese modo, una de las lecciones más peliagudas de la academia estatal y de la instrucción cuasi-militar de selectos espías rusos o gorriones rojos, elegidos por su propia belleza es la de inmunizarse de todo aquello que les repugna, de neutralizar cualquier ápice de sentimentalismo o debilidad con el otro, de negar cualquier intento de empatía con el otro. Éstos están inmersos en una instrucción con un claro componente ideológico comunista en el que se intenta adoctrinar a los gorriones con un discurso en el que Rusia debe tener el suficiente poder como para poder aportar “la paz” en “el caos” de Occidente.

Los dos grandes objetivos que deben aprender podrían sintetizarse en dos concretos a desarrollar en las futuras misiones que les enviasen: el primero sería el de identificar la debilidad del enemigo y el segundo sería el de atacarlos psicológicamente para extraer la información necesaria. Para poder alcanzar dicha información no pueden quebrantar las normas, no pueden implicarse emocionalmente sino desarrollar la habilidad de descifrar la debilidad del enemigo en tanto que humano que está formado, metafóricamente, como un puzle de necesidades o de objetos de deseos que satisfacer. Los gorriones son, precisamente, aquellos que deben hallar la pieza que falta, llenar la grieta que proporcione una sensación de seguridad en el enemigo para que baje la guardia, muestre su vulnerabilidad a medida que coge confianza y sea más fácilmente atacable.

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El entrenamiento para que no nos afecte el dolor de los demás, según la instrucción de los gorriones rojos, es la inmunización de aquello que nos repugna para que podamos ser capaces de manipular físicamente (teniendo sexo, prácticas eróticas o bien ejerciendo algún tipo de violencia sobre nuestro enemigo) y psicológicamente (con la necesidad de sentirnos entendidos, amados o reconocidos) tanto a nosotros mismos como a nuestros enemigos. Resultan visualmente impactantes las clases de los gorriones en tanto que se les obliga a exponerse delante del resto para realizar felaciones o sexo con penetración como una terapia de choque hacia esa inmunización. Así pues, los cuerpos de los gorriones rojos nunca les vuelven a pertenecer, pues son por y para el estado. Han de ser útiles y cumplir con su objetivo. De lo contrario, si no son útiles o dejan de serlos, su destino es la muerte pues no puedes defraudar al estado pero sí puede luchar dentro de sus propios mecanismos y estructuras.

Si bien Dominika al principio podía cargar con todas las connotaciones y el simbolismo latente en la formación como gorrión rojo del estado bajo la premisa de que su existencia se justifica en tanto que puede ser útil para que el estado consiga aquella información que desea, sin importarle las consecuencias que todo ello pueda acarrear, acaba siendo un cisne negro (también, en su referencia fílmica) que engaña, miente, manipula y engaña emocionalmente, psicológicamente y sexualmente para sobrevivir. La lucha interna es la que lleva a cabo Dominika: aquella que le permite hacer creer que es de los dos bandos sin levantar demasiadas sospechas, que engaña por su propia convicción, más allá de las medidas opresivas del gobierno, defendiendo en todo momento aquello que más quiere, a su madre.

La lucha de poderes entre los gobiernos ruso y estadounidense se hacen latente en el ejército de espías que pueden atentar contra el patriotismo que aparentemente debería caracterizarles. Dominika se acaba convirtiendo en la peor enemiga de su tío, utilizando los mecanismos opresivos promovidos por los hilos rusos y rebelándose contra la doble opresión: de carácter sexual desde su infancia en tanto que, desde el discurso misógino ruso, utiliza la objetivización a la que han estado expuestas las mujeres a complacer al género masculino que se subvierte a modo de la figura de espía que bien puede inspirarse en la figura de Mata Hari y de carácter social, histórico y cultural en tanto que se acaba convirtiendo en una heroína de un pueblo cuyas reglas detesta y es capaz de gestionar a su conveniencia, haciendo uso de su inteligencia para ejercer su poder para seducir, engañar, matar y, en definitiva, sobrevivir sea cual sea el precio (y que nos remite, casi indudablemente a una clara referencia a The Hunger Games).

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