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Representación Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

«Humans», entre las superinteligencias artificiales y la Industria 4.0

El 14 de junio de 2015 la cadena AMC emitía el primer episodio de la serie Humans, coproducida con el Channel 4 británico y creada por Sam Vincent y Jonathan Brackley, ambos guionistas de la serie Spooks. La nueva serie, que tenía como punto de partida el ser una reelaboración de Äkta människor /Real Humans, una serie creada por Lars Lundström para la televisión sueca,  al igual que su inspiradora va a desarrollar la historia de un grupo de inteligencias artificiales conscientes que, lejos de encontrarse en un escenario de ciencia ficción, van a situarse en la contemporaneidad. O, para ser más precisos, en el Londres más actual y en una sociedad de consumo que ha sustituido de manera masiva la mano de obra humana -de actividades domésticas o trabajos sin necesidad de excesiva formación- por la mano de obra robótica.

De esta manera, la acción se iniciará en el momento en que Joe Hawkins decide comprar un robot (femenino, claro está) para que realice las tareas domésticas de las que él se tiene que encargar desde que su esposa tiene su trabajo fuera del hogar. Desde este momento el espectador se verá sumergido en una sociedad generadora de robots sintéticos (los synth en la versión inglesa, los hubots en la versión sueca) cuya única tarea es la de obedecer las órdenes de sus propietarios sin ningún tipo de discusión posible y que los consumidores humanos pueden adquirir en grandes almacenes especializados. Ni que decir tiene que la crítica social está más que servida y así lo capta desde el primer momento el espectador, como también pondrá en funcionamiento su competencia literaria o cinematográfica al apreciar una similitud entre las imágenes de los inmensos almacenes de seres posthumanos y los grandes almacenes de máquinas que vemos en I, robot. Una referencia que estará presente a lo largo de toda la primera temporada de Humans.

Anita/Mia, de origen asiático, va a convertirse en la sirvienta de la familia

De este modo, la llamada Industria 4.0 va a centrar una de las secciones argumentales de la serie en la que la sociedad británica (y global) va a considerar a estas inteligencias artificiales en objetos plenamente incorporados a la economía de mercado. Una consideración utilitaria de un robot que, tal como marcan los cánones del género, seguirá escrupulosamente las cuatro reglas propuestas por Asimov en algunos de sus textos seminales y que si aplicarán los synth no conscientes en sus tareas y trabajos; unas tareas que tendrán una clara asignación racial  con claras alusiones al fenómeno de la inmigración hacia Europa en el que se incluirá también la existencia de un mercado negro que suministrarán synths  femeninas al mundo de la prostitución y synths masculinos para la organización de luchas desiguales entre humanos y robots en los que estos son apaleados hasta la muerte. Dos presupuestos más que interesantes y que podrán sobre la mesa algunos de los temas esenciales que se están debatiendo en estos momentos en foros internacionales en los que filósofos, científicos, economistas y políticos plantearán no solo el futuro laboral humano por la entrada masiva de la Industria 4.0, sino especialmente la definición de los valores humanos y de los derechos de seres posthumanos que, de un modo u otro, disponen de capacidades intelectuales que van más allá del mero utilitarismo. Temas, por otra parte, que ocupan buena parte de las ficciones televisivas contemporáneas y de videojuegos como Detroit become Human.

Manifestaciones del grupo “We are people” en contra de la usurpación laboral por parte de los synth

Este planteamiento, sin duda interesantísimo, va a combinarse con la historia del nacimiento identitario del grupo de synth conscientes creados en su momento por el Dr. Elster y formado por Leo, el hijo semi-humano o semi-máquina de Elster  quien tuvo que ser reconstruido tras morir ahogado en un lago en el que se hundió su coche (en una clara referencia a I, robot de Asimov); Anita/Mia, la synth ama de casa y salvadora de Leo en ese accidente cuyas imágenes le  servirán para recordar su pasado y su relación familiar con los Elster; Max, el díscolo y rebelde synth que tiene un odio visceral a todo lo que suene a humano; Fred, el synth filósofo y curioso que actuará como hermano de Leo; y, finalmente, la reivindicativa y combativa Niska quien se ve abocada a dedicarse a la prostitución tras ser vendida en el mercado negro  y que, siguiendo los esquemas canónicos del género, iniciará una cruzada contra la humanidad a quien considera una raza inferior. Todos ellos van a ir en busca de su lugar en un mundo que les es hostil y reivindicarán la posthumanidad como un hecho no diferenciado esencialmente del estatuto humano. Una línea argumental que en la serie se ligará a las normas más genuinas del género del thriller al que no será ajena la existencia e intervención de los creadores de las máquinas como aliados o némesis de éstas.

El Dr. Millican, que sufre un incipiente Alzheimer, con su robot Odi

Tres serán las perspectivas científicas desarrolladas en Humans: una relacionada con la superioridad humana frente a las máquinas a las que se debe controlar para evitar su supremacía (representada por Hobbs quien trabajará conjuntamente con el gobierno británico); una segunda que considerará la creación de superinteligencias artificiales como el gran avance de la humanidad así como su salvaguarda aunque también reconocerá los grandes problemas éticos que esta evolución supone (representada por el Dr. Millican); y, finalmente, la proactiva (representada por el Dr. Elster quien seguirá los cánones del género al construir synths como reparación de pérdidas personales) que llevará a cabo la construcción de seres posthumanos conscientes aunque, eso sí, al margen de cualquier estamento oficial o público. Un planteamiento que no diferenciará a la serie de otros textos audiovisuales contemporáneos que se relacionarán  directa o tangencialmente con las inteligencias artificiales, los clones o la relación hombre-máquina como son Ex_MachinaPerson of Interest, Black MirrorOrphan Black, Mr. Robot o Westworld solo por poner algunos ejemplos de esta afirmación. Tres perspectivas que, como bien se puede intuir, engrasarán la maquinaria del thriller que, por ahora, está copando los argumentos de los primeros episodios de la segunda temporada de Humans en la que los synth están en plena huida.

Sea como fuere, Humans es una serie interesante y recomendable no solo desde el punto de vista argumental que podemos considerar más o menos novedoso (a veces menos que más) pero que tiene un valor esencial desde el punto de vista conceptual al poner ante los ojos de los espectadores todos y cada uno de los temas que están desarrollando el posthumanismo (con sus variables terminológicas) sirviendo para ver un argumento que está inmerso en la contemporaneidad y cuestionar nuestra propia realidad, identidad y valores.  O, ¿no existen los robots de cocina o los robots aspiradores?, ¿no están siendo sustituidos los operarios de las fábricas por máquinas?, ¿no vemos como los coches ya empiezan a querer ser autónomos aunque provoquen accidentes y hagan que las aseguradoras deban reconducir sus pólizas?, ¿no tenemos un Siri que nos contesta de acuerdo con las formulaciones correctas que le hacemos? y, solo por poner un último ejemplo, ¿no trabajan ya  los actores de teatro con robots-marionetas y algunos actores conocidísimos se transforman en seres virtuales e hiperreales?. Para pensar en ello.

Reconozco mi nerviosismo ante el comienzo de la segunda temporada de Westworld. Un nerviosismo motivado
Los escenarios distópicos se han convertido en unos de los ejes principales para la construcción
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