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Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

La odisea infernal de la Generación Z: «Euphoria» (HBO, 2019)

«Nací tres días después del 11S. Mis padres se pasaron dos días en aquel hospital viendo imágenes de esas torres cayendo hasta que ese sentimiento de dolor se convirtió en insensibilidad.» Estas serán las palabras que encabezarán el monólogo interno de Rue Bennett, protagonista de la nueva propuesta de HBO para este verano: Euphoria. Una elección de palabras que se convertirán en una verdadera declaración de intenciones de su creador, Sam Levinson, quien ya proporcionaría una feroz crítica al (mal) uso de las redes sociales y la era de la desinformación como perpetradores de las sociedades tóxicas actuales en su largometraje Assassination Nation (2018). En este caso, basada en una miniserie israelí con el mismo nombre, Euphoria se podría considerar como una prolongación de la cinta de Levinson donde intentará explorar las motivaciones del comportamiento de la llamada Generación Z y su repercusión en la sociedad. En este preciso sentido, la serie pivotará entorno a una reflexión esencial: ¿es el sistema que condiciona los patrones de conducta de las nuevas generaciones? O, por el contrario: ¿la aparición de una nueva forma de comprender la vida de las futuras generaciones gracias a la imprenta digital es la que modela un nuevo sistema de conducta social?

Así, la serie se centrará en las vivencias de un grupo de adolescentes que se moverán en un entorno de sexo, drogas y violencia mientras experimentan sus primeros romances y desencantos amorosos. Unos jóvenes que pertenecerán al mismo ambiente social y cuyas experiencias individuales servirán para intentar esbozar un retrato sobre las preocupaciones identitarias propias de la adolescencia y de procurar un panorama sobre las nocivas consecuencias que la educación a través de la era digital acarrea en el comportamiento de los adolescentes actuales. Por lo tanto, el discurso de Rue que abrirá la serie en el que mencionará ser parte de la generación post-11S no será gratuita. Una sociedad caracterizada por un fuerte sentimiento de inseguridad, de vigilantismo y de violencia (tanto simbólica como física) que derivará en una cultura de la ansiedad estructural. Una ansiedad en la que estos personajes se criarán con unas consecuencias psicológicas y emocionales que les llevará a la autodestrucción en todos sus formas. «El mundo se movía deprisa, pero mi cerebro lo hacía lentamente. Estoy jodidamente agotada.», sentenciará Rue.

Los colores inundan el mundo interior de Rue solamente mientras está colocada, sus únicos momentos de felicidad

Este viaje por las vidas de ocho adolescentes de clase media americana – y de su entorno más cercano – será narrado a través de Rue Bennett (Zendaya) quien volverá a su rutina después de pasar por un programa de desintoxicación. El retorno al hogar de Rue iniciará un recorrido por la psicología de estos personajes y los motivos por los cuales actúan de cierta manera a la hora de enfrentarse a sus impulsos como adolescentes donde disfrutar de su juventud y los excesos se convertirán en sus principales objetivos. Así, la serie se centrará en temáticas relacionadas con la educación sexual, las identidades de género, el culto al cuerpo, la cultura de likes, el uso de drogas y la violencia estructural. Todo ello utilizando imágenes bastante explícitas acerca de las temáticas desarrolladas que han suscitado una enorme polémica entre las asociaciones más conservadoras. Un tratamiento de las imágenes que estará en todo momento al servicio de las tesis planteadas en la serie y que sorprenderá al público no acostumbrado a ver escenas de desnudos íntegros masculinos. Tal vez, sea esto último lo que más revuelo ha causado debido a la falta de representación del cuerpo masculino en la ficción como algo natural o, en este caso, altamente sexualizado; cosa que sí sucederá con el cuerpo femenino ya perfectamente asumido en la cultura audiovisual. En Euphoria, los que se desnudan son ellos y Levinson lo aprovecha para intentar cambiar la consciencia sobre la mirada del espectador.

Con una estructura de los episodios narrados en voz off por la omnipresente Rue, la acción girará entorno a las relaciones entre los personajes y la evolución de los paradigmas sociales que representan cada uno de ellos. Así, cada capítulo comenzará introduciéndonos el contexto familiar de la infancia de los personajes para que comprendamos sus decisiones y las acciones que emprenderán más adelante en la trama. Esta narración retrospectiva incita a replantearse el compás moral de los personajes y su reflejo fuera de la propia ficción. Unos escenarios que no son ajenos a los espectadores formando parte del día a día de la sección de sucesos de los noticiarios.

Jules mantendrá encuentros sexuales clandestinos con hombres actuando como objeto de placer

De esta manera, los personajes de Euphoria serán absorbidos por su propia marginalidad, pero también lo estarán del mundo que les rodea. Rue será una drogadicta sin voluntad de rehabilitarse debido a una fuerte adicción a las pastillas antidepresivas que ya le recetarán desde temprana edad. Un estado que ella misma definirá como «de felicidad” y que en la serie se plantea como una necesidad al haber crecido en un entorno insano cargado de ansiedades. Por otra parte, la recién llegada al vecindario, Jules (Hunter Schafer), se encontrará en pleno proceso de reasignación de género y actuará como objeto de placer en encuentros sexuales clandestinos con hombres desconocidos. Otra vez, la representación del cuerpo como paradigma de la identidad de los personajes se sitúa en el centro de la acción, donde la mirada masculina y la sociedad patriarcal impondrán su perspectiva; acto que Levison aprovechará para dinamitar desde dentro. El cuerpo de Jules en ropa interior sin esconder sus genitales aún masculinos, el body shaming de Kat (Barbie Ferreira) transformado en fetichismo sexual en las redes pornográficas o el exhibicionismo de Nate (Jacob Elordi) mostrando su escultural torso en público son muestras de la importancia de la apariencia física en las sociedad actual.

Asimismo, la serie establecerá una estricta conexión entre los valores educacionales y los comportamientos tóxicos y normalizados de la adolescencia nacida en plena era de la digitalización. Una educación que transciende las enseñanzas familiares para focalizarse en una pedagogía estrictamente digital donde cualquier información es susceptible de ser manipulada. Los personajes de Euphoria mostrarán el poco rigor de su mirada crítica para identificar conductas nocivas que se establecerán como referentes directos para su formación moral y emocional. Así, la recurrencia a la educación sexual a través de páginas pornográficas se establecerán como los “ejemplos a seguir” de los personajes llevando a comportamientos abusivos. Las parejas formadas por Nate y Maddy (Alexa Denise) y por Cassie (Sydney Sweeney) y McKay (Algee Smith) reflejarán los prototipos de dichas representaciones. Mientras Nate será el reflejo de la masculinidad tóxica en todas sus facetas donde las actitudes posesivas se camuflarán de galantería, Maddy será fruto de la mujer como producto patriarcal donde se manifestará la violencia de género estructural. O, los enamorados Cassie y McKay se verán afectados por su entorno, donde ya ni siquiera las relaciones sanas se pueden sostener. Sin embargo, no todos los personajes serán perniciosos. Aparentemente ajena a todo esto, Lexi (Maude Apatow) será el rayo de luz que mostrará bondad frente a la toxicidad que la rodea siendo la esperanza del catastrófico panorama que presenta la serie.

Nathan representará el paradigma sobre la masculinidad tóxica y la maldad dentro de lo cotidiano

Todas estas premisas se verán reflejadas en su hipnotizante apartado estético como marca de su creador siendo consciente de sus propios excesos y virguerías técnicas. Colores brillantes, escenarios nocturnos inquietantes y un virtuosismo de la cámara – el episodio 4 es prueba de ello – que se combinará con el uso de diversos recursos que apelarán a la estética digital. Así, la utilización de la visualización de mensajes de textos como nuevo lenguaje audiovisual formarán parte de la narración. Igualmente, la serie usará como hilos conductores canciones, mayoritariamente del género del rap, donde las letras expresarán actos violentos, sexuales y del uso de drogas de manera explícita; otra manera de criticar cierto tipo de música como referente representacional de la cultura audiovisual.

Euphoria transpira violencia, ya sea a través de su representación de tabúes sociales como el sexo y el uso de drogas o, en su aspecto más dañino, la faceta emocional. A pesar de que la serie pueda parecer previsible y demasiado apabullante en la forma, lo más interesante es la manera tan cruda de reflejar el cómo las sociedades occidentales son capaces de trasformar a los individuos gracias a contextos políticamente crispados y debido a la impronta digital. Tal como expresará Rue en su monólogo inicial, los personajes son las víctimas a la vez que los perpetuadores de este sistema pensado para la aprobación social, para el éxito inmediato y para la eterna felicidad.

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