Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

La voluntad de (no querer) encontrarse a uno mismo. «Beau Travail» (Claire Denis, 1999)

El nombre de Claire Denis se encuentra entre las listas de los directores de autor más influyentes del panorama francés. Su cine tan característicamente personal y arriesgado viene influenciado por artistas de la talla de Ingmar Bergman, Chantal Akerman, Andrei Tarkovsky y, por supuesto, Jean- luc Godard.

Entre sus obras encontramos películas como Chocolat (1988), Trouble every day (2001) o High Life (2018); con Robert Pattinson. En mayo estrenará su última obra: The Stars at Noon en el Festival de Cannes; donde ya presentó el año pasado su película Avec amour et acharnement. 

Hoy cumple 76 años y queremos celebrar su cumpleaños hablando de su obra maestra Beau Travail (1999).

El film, que nace a través de un encargo del canal de televisión francés ARTE que consistía en que ciertos directores realizasen una historia que ocurriese en un lugar del extranjero, le centra en la vida de unos legionarios franceses en un puesto de mando de Djibouti.

Claire Denis -que hasta entonces había dirigido tan solo una película y participado varias veces como asistente de dirección de realizadores como Wim Wenders- construye un relato en el que los personajes se sienten aislados en un territorio extranjero lejos de su hogar y a la vez sienten esa misma sensación al sentirse extranjeros en ellos mismos. El personaje principal -el oficial Galoup interpretado por Denis Lavant- es un hombre abrumado por sus pensamientos que le llevan a aislarse en la nada. No llega a socializar ni con sus soldados, ni con su superior: el comandante Bruno Forestier -nombre «robado» de Le petit soldat (Jean-Luc Godard, 1963), ni con las mujeres de los bares que frecuenta. Y tampoco logra entenderse consigo mismo. Él se considera «inadaptado para la vida, inadaptado para la ciudad».

Beau Travail es un estudio de una masculinidad tóxica heteropatriarcal. Es evidente que hay algo más allá de la simple camadería o compañerismo que une a los hombres de la compañía en Djibouti. La llegada del soldado Gilles Sentain pone en jaque la sexualidad de Galoup; que se siente atraído por la figura y el carácter solitario del muchacho.

Saintain y Galoup cara a cara

«Quizá la libertad comienza por el remordimiento» se replantea el oficial en una voz en off superpuesta a unos planos de Galoup escribiendo en su diario y exiliado del ejército. Se nos revela entonces que la película no «residirá» en ningún tiempo concreto, sino que presente, pasado y futuro irán sucediendo desordenadamente provocando la sensación en el espectador de que está presenciando los trazos de un recuerdo, de una fotografía mental llena de matices, sensaciones, olores y sentimientos que van y vienen a la mente de ese oficial que no es capaz de aceptar su verdadero ser.

Galoup tambien siente amor hacia su comandante, pero jamás se atrevería a cruzar la línea de ese amor platónico que le delimita y le «protege». Una vez que Santain se ha convertido en el soldado admirado por el comandante y el héroe -y ejemplo a seguir- del resto de sus compañeros, Galoup sentirá celos y un odio que irá acrecentándose a medida que va sintiéndose más atraído por el soldado; aunque esa atracción sea sutil y apenas perceptible.

Los soldados llevan a hombros a Santain

Los planos de Beau Travail suceden con una quietud y un tempo dilatado que propicia y exagera la situación de los personajes en Djibouti: parece que el tiempo no avanza y que están condenados a vivir durante el resto de sus días en la base militar. El interés y la fuerza de este minucioso estudio de personajes se complementa a la perfección con el increíble trabajo de iluminación y composición de Agnès Godard. Su trabajo como directora de fotografía unido a la brillante dirección de Claire Denis conforman un tándem único. Cada plano es una obra de arte por sí sola. El tratamiento del color, la luz, los paisajes áridos en contraste con la ciudad de noche, los movimientos danzarines de los soldados al entrenar, etc. todo ello unido hace que Beau Travail tenga una de las mejores estéticas visuales de la historia del cine.

Algunos de los planos más icónicos de la película compuestos brillantemente por Agnès Godard

Además es muy interesante el simbolismo que llegan a adoptar los planos. Después de que Galoup exprese su atracción por Santain vemos un plano del oficial subido a un árbol y cortando las ramas pequeñas que salen y se desvían de las ramas principales: el propio Galoup se encarga de «cortar» esos sentimientos que florecen en sí mismo y que se desvían de lo que se espera de él.

La escena final de la película vuelve a ser un brillante ejemplo de la dicotomía del protagonista. Al ritmo de The Rhythm of the night de Corona, Galoup baila solo y sin control en la pista de baile de un bar. Esa danza es la primera muestra de verdadero desenfreno sentimental del personaje. Su figura se ve reflejada en un espejo multiseccionado cuyo patrón recuerda al de unas rejas de una prisión. Se evidencia la doble personalidad del oficial. Una de las dos representaciones está apresada. Quizá las dos lo estén. Galoup encierra a su verdadero ser y eso le impide encontrar la felicidad que necesita.

El icónico y simbólico final de Beau Travail

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