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Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Las damas de la lucha se desnudan: «GLOW» (tercera temporada, 2019)

En 2017, Netflix estrenaba la serie GLOW. Con Jenji Kohan como productora, las audiencias nos sumergíamos en la creación de un grupo femenino de wrestling, las «Gorgeous Ladies of Wrestling». Un grupo de mujeres diversas —es decir, una muestra magnífica de la diversidad— que van a unirse por motivos diferentes para llevar a cabo un programa de televisión de lucha americana. Así, en la primera temporada seguimos el casting del espectáculo con dos protagonistas principales, la actriz que no encuentra un trabajo acorde con su talento Ruth Wilder (Alison Brie) y la actriz de soap opera defenestrada Debbie Eagan (Betty Gilpin);a ellas y bajo la batuta del director de cine experimental y venido a menos Sam Sylvia (Marc Maron) se unirá el resto del elenco: la gruesa Carmen Wade/Machu Pichu (Britney Young), hija y hermana de grandes del wrestling masculino, la entrenadora y stunt Cherry Bang (Sydelle Noel), las alocadas damas de la comedia Dawn Rivecca (Rebekka Johnson) y Stacey Beswick (Kimmy Gatewood), la estrafalaria y poco comunicativa Sheila the She-wolf (Gayle Rankin), la camboyana Jenny Chey/Fortune Cookie (Ellen Wong), la veterana wrestler Tammé Dawson the Welfare Queen (Kia Stevens), la casi sin papeles Rhonda Richardson/Britannica (Kate Nash), la egocéntrica Melanie Rosen/Melrose (Jackie Tohn), la musulmana Arthie Premkumar (Sunita Mani), y la latina Yolanda Rivas (Shakira Barrera). A lo largo de las dos primeras temporadas, acompañaremos a las damas de la lucha en sus encuentros y desencuentros, sus enfrentamientos personales, su trabajo no siempre colaborativo, y su éxito final. Unos elementos que tendrán su correlato narrativo en los momentos sobre el ring que siempre tendrán una funcionalidad argumental precisa e imprescindible para el desarrollo de la historia y de los personajes.

Geena Davis (Sandy Devereaux St.Clair) y Kevin Cahoon (Bobby Barnes) serán los genuinos representantes del espectáculo en estado puro

Pero este esquema se va a ver transformado en la tercera temporada. Las «Gorgeous Ladies of Wrestling» han conseguido el reconocimiento de los espectadores y un contrato en exclusiva en un casino de segunda categoría en Las Vegas, el Hotel Fan-Tan regentado por la antigua showgirl Sandy Devereaux St. Clair (interpretada por una estupendísima y madura Geena Davis). Contrariamente a lo que pudiera pensarse dado el lugar en el que trabajan las integrantes del grupo, la tercera temporada no recurrirá al espectáculo de wrestling como elemento esencial de los episodios, bien al contrario, tan solo habrá dos momentos de lucha en toda la entrega y estos romperán con los esquemas previsibles de los personajes. Dos magníficas escenificaciones en que se mostrará la sororidad de las mujeres ante los problemas médicos de The Welfare Queen intercambiando sus personajes usuales («Freaky Tuesday») y la representación de una versión propia creada por Carmen del Cuento de Navidad de Charles Dickens ante la inminente finalización del contrato en Las Vegas  y la baja moral de las mujeres tras el ataque homófobo en el show para la lucha contra el sida («A very Glow Christmas»). Una decisión más que interesante y que evita la repetición de esquemas anteriores del desarrollo de la serie.

«A very Glow Christmas», episodio final de la temporada

Como también es un acierto el restar protagonismo a los personajes de Ruth y Debbie para dárselo a los personajes secundarios. Y es que la tercera temporada es esencialmente una entrega del desarrollo de los personajes, de cómo sus backstories justifican los comportamientos que hemos ido viendo a lo largo de las temporadas precedentes. En definitiva, los personajes se desnudan identitariamente y ponen sobre la mesa los problemas a los que se enfrentan como mujeres y como mujeres en un espectáculo protagonizado habitualmente por hombres y para un público eminentemente masculino. Una perspectiva de género absolutamente interesante y que supone un avance importante en la narración propuesta por GLOW. Y un avance que tendrá en el episodio «Outward Bound» su clave de lectura, un episodio en el que, como también sucede al final de  la segunda temporada de Pose («Life is a Beach»), las chicas tendrán un día de asueto en su trabajo y harán una acampada en las montañas. Un espacio de soledad que propicia la introspección y la catarsis. Y un espacio que contrastará estrepitosamente con el ambiente de Las Vegas, absolutamente castrador para las damas de la lucha.

El episodio «Outward Bound» es esencial en la temporada

En este episodio, Ruth y Debbie se sincerarán no solo en cuanto a las fases de su turbulenta relación personal que hemos contemplado en las temporadas previas sino especialmente en cuanto a su trayectoria personal/sentimental y profesional. La primera intentará reconstruir su vida y aprender de sus constantes fracasos; la segunda, se liberará de una cierta hipoteca social por no estar presente en la educación de su hijo —es decir, un sentimiento de culpabilidad externa por ser una «mala madre»— y se reafirmará como mujer trabajadora cansada de ser considerada como un objeto a la sombra de un hombre. En las montañas también, Sheila va a encontrarse a sí misma y sus grandes cualidades interpretativas, despojándose de su personalidad animal. Igualmente se presentará una equivalencia en la búsqueda de la propia identidad racial/religiosa de Melrose y Fortune Cookie y, por otra parte, del cuestionamiento de la identidad sexual de Arthie. Y, por último, se pondrán en evidencia dos grandes temas acerca de la profesión del wrestling: una, la decadencia física de las profesionales veteranas como le sucede a the Welfare Queen; otra, la decisión de no optar voluntariamente a la maternidad en las mujeres que tienen su cuerpo como instrumento de trabajo, en el caso de Cherry Bang. En definitiva, un desarrollo de la temporada que abandona el espectáculo para adentrarnos en temas que afectan a unas mujeres que resultan ser luchadoras pero que bien podrían haberse dedicado a otra profesión o no dedicarse a ninguna.

El personaje de Sheila the She-Wolf es uno de los más interesantes de la serie

A este grupo de mujeres se unirá Sandy Devereaux St. Clair, antigua showgirl y directora del Fan-Tan. Un personaje que, a pesar de parecer simplemente funcional y, a veces de relleno, sirve para contraponer dos puntos de vista encontrados respecto a la idea del espectáculo. Fiel defensora de la calidad y originalidad de las propuestas, Sandy representará la nostalgia de la época dorada de las candilejas —de la revista por llamarlo de algún modo— donde los artistas no solo mostraban su arte sino que tenían algún tipo de trascendencia pública; algo que compartirá con el transformista Bobby Barnes y que recuperarán en sus dos momentos sobre el ring las damas de la lucha. A esta concepción se contrapondrá uno de los personajes masculinos de la serie: Bash Howard (Chris Lowell), el manirroto empresario de GLOW quien, deslumbrado por el falso glamour de Las Vegas, intentará incorporar al show a cualquier persona que se le acerque con las habilidades más disparatadas y peregrinas. Una reflexión acerca del mundo del espectáculo que ha atravesado también las primeras temporadas y que se concretará en algunos episodios de la tercera entrega. Una crítica —o reflexión— acerca del showbizz que también alcanzará aunque de una manera menos extensa a Sam Sylvia quien abandonará a sus actrices de wrestling para fomentar la carrera cinematográfica de su hija Justine (Britt Baron) en una nueva dicotomía entre una cierta forma artesanal de la creación fílmica frente a las inmensas concesiones a las productoras que realizan de buen grado las personas que inician su carrera en la industria. Así, ambos supondrán el necesario punto de contacto entre temporadas a pesar de que su peso específico se verá sustancialmente reducido en la tercera entrega de la serie.

Bash y Sandy personifican dos visiones contrapuestas del espectáculo

El cierre de la más que interesante tercera temporada se une argumentalmente al inicio de las vacaciones de Navidad de las wrestlers tras acabar su contrato en Las Vegas. Un final orgánico que se ha unido a los rumores de posible cancelación de la serie por parte de Netflix. Tendremos que esperar a ver si estos rumores se cumplen o solo son eso, noticias que circulan por las redes sociales. Sea como sea, lo cierto es que una hipotética cuarta temporada supondría el inicio de un nuevo ciclo en las vidas de estas damas de la lucha. Sea como sea, GLOW es una serie que vale la pena ver, disfrutar y, por supuesto, analizar detenidamente.

 

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