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Lo viejo y lo nuevo: la tercera temporada de «The Crown»

En 2017, las estrellas de The Crown nos sorprendían anunciando su retirada tras su segunda entrega. Así, la noticia de la sustitución de los tres pilares de la serieClaire Foy, Matt Smith y Vanessa Kirby – replanteaba inevitables dudas acerca del nuevo rumbo de los personajes, ya que el trío de actores gozaba de amplios seguidores respaldados por la crítica. La voluntad conceptual de redirigir el argumento hacia una etapa más madura de la Corona precisaba de un relevo generacional en el reparto que encabezarían Olivia Colman, Tobias Menzies y Helena Bonham Carter. Así pues, con la incertidumbre de cómo sería recibido este significativo cambio, la T3 de The Crown llegaba triunfante hace una semana a Netflix y conservando su esencia.

La primera escena de la temporada será muy importante para dar paso a dicho relevo: se le presentan a la Reina los nuevos sellos reales con su estampa. Una puesta en escena donde veremos a Elizabeth II de espaldas a cámara frente a su “nueva imagen”. A su izquierda su rostro joven y a su derecha su rostro maduro. O lo que es lo mismo: a la izquierda Claire Foy y a la derecha Olivia Colman. Una forma muy elegante e ingeniosa de “justificar” el relevo de actrices y permitir al espectador acostumbrarse al cambio. Así, The Crown desarrollará durante los 10 episodios de esta entrega la dicotomía entre lo nuevo y lo viejo donde los viajes particulares de los personajes se entrelazarán con los problemas sociales y políticos a los que tendrán que enfrentarse la monarquía y su entorno más cercano. Asistiremos a un periodo comprendido entre 1964 y 1977 encontrándonos a una Reina más consolidada en su rol como jefa del Estado y más férrea hacia según que actitudes de su alrededor, aunque aún insegura y en constante conflicto consigo misma.

La Reina visualiza su «nueva imagen» a la vez que lo hará el espectador. El reemplazo de Olivia Colman se representa de una forma orgánica y respetuosa hacia el trabajo de Claire Foy en la serie

Esta temporada apostará por una estructura narrativa ligeramente diferente, pero que servirá al nuevo enfoque de los personajes y de los acontecimientos narrados. Mientras que las temporadas anteriores tendrán un desarrollo más continuo – por un lado, con la coronación de la Reina y el conflicto Margaret/Townsed (T1); y por otro lado, con la decadencia del matrimonio real y la caída en desgracia de la Princesa (T2) –  esta tercera entrega se planteará como una narración dividida en “etapas” donde cada episodio constará de un hecho histórico aislado que servirá a los personajes para cuestionarse los valores que lo rodean y/o enfrentarse a sus demonios personales. De esta manera, la concepción coral de la serie adquirirá un enfoque más individualista permitiendo el lucimiento particular de los intérpretes (extraordinarios en sus respectivos roles).

Entonces, la T3 tendrá como contexto principal el nuevo rumbo político de Inglaterra donde la irrupción de las ideas del partido laborista liderado por Harold Wilson propiciará un cambio de percepción acerca de la monarquía en la sociedad de la época. Un planteamiento que se alejará de las viejas políticas encarnadas por Churchill tiempo atrás y donde la Corona tendrá que “modernizarse” si quiere sobrevivir. Este último será uno de los ejes vertebrales de la serie donde las prácticas arcaicas y el rígido pensamiento del establishment pondrán en evidencia la falta de adaptación de la monarquía británica a los tiempos cambiantes. Algo que ya se trataría en el episodio Dear Mrs Kennedy (2×08) y que se seguirá explotando en esta temporada contraponiendo las metodologías de Elizabeth frente a las de Margaret – continuando con la eterna rivalidad entre hermanas planteada desde los comienzos de la serie. Igualmente, se plantearán temáticas como la decadencia de los valores institucionales y protocolarios de la Corona dentro del mundo moderno donde la pérdida de autoridad de la figura de la Reina se pondrá en entredicho frente a grandes mandatarios internacionales – como el chulesco Presidente Johnson – y la opinión pública británica – donde la política diplomática doméstica con Gales tendrá un peso importante.

El Príncipe Charles y la Princesa Anne se unirán como personajes activos en la trama

Asimismo, el nuevo contexto histórico nos mostrará la amenaza comunista del Kremlin y el espionaje de la KGB, las alianzas frente a la Guerra de Vietnam, el alunizaje de Neil Armstrong en 1969, el comienzo de los movimientos sindicales de trabajadores o el constante interés de la prensa en sacar los trapos sucios de la monarquía como nuevo generador de la opinión pública – especialmente la prensa amarilla, pesadilla de la Corona británica que aún sigue presente en la vida de la realeza (pensemos en los escándalos recientes del Príncipe Andrew o del acaso mediático hacia Meghan Markle)

Sin embargo, no hay que olvidar que The Crown no solo es una ficción histórica y política, sino que es una serie de personajes. En este sentido, el arco evolutivo de los cuatro pilares esenciales de la temporada se iniciará a cuenta gotas y sirviendo a las temáticas de los episodios. En The Crown, lo mejor va a ser la escritura de sus personajes y cómo se desarrollan prácticamente sin hacer ruido y con una milimétrica gestualidad de los intérpretes. Margaret seguirá enfrascada en su profunda tristeza vital y con su atormentado matrimonio con Lord Snowdon, Elizabeth intentará deshacerse de su imagen fría e insensible mientras lidia con la apertura de la Corona, y Philip se enfrentará a su pasado familiar y a sus inseguridades. Igualmente, la aparición de Charles (un maravilloso Josh O’Connor) aportará una nueva dimensión narrativa donde sus anhelos y sus expectativas personales – entre los que destaca su relación con Camilla Shand – se cruzarán con su destino como futuro rey. Un viaje identitario que hará de la mano de su confidente, la Princesa Anne (estupenda Erin Doherty), quien se unirá como personaje activo en la trama. Así, la frase «You are my job» de la T2 cobrará más sentido en esta entrega donde se cuestionará la falta de libertades individuales al servicio de un “deber” impuesto y poniendo en valor el sacrificio del pensamiento y la felicidad personal.

La Reina y su soledad, una imaginería recurrente en la puesta en escena de The Crown

En The Crown los personajes se aferran a los fantasmas de su pasado y a la imposibilidad de mirar hacia el futuro. Un futuro que les es incierto debido a su posición social frente a un mundo en constante movimiento y donde la necesidad de una monarquía fuerte se contrapone a una sociedad cada día más irritada por sus líderes políticos. En este sentido, la evocadora puesta en escena de la serie ayudará a plasmar este universo caduco y apagado que se encuentran los personajes como su estuvieran embalsamados en el tiempo – especialmente la Reina como figura siempre en la penumbra y de perfil como reflejo de su soledad. La banda sonora compuesta por Martin Phipps culmina la trascendencia, la oscuridad y la epicidad de cada momento.

Muchas han sido las rumorologías en esta semana acerca del futuro de la serie a largo plazo. La mayor de todas es su posible renovación por una quinta y sexta temporada y por otro relevo generacional con el nombre de la gran Imelda Staunton como Elizabeth II. Lo único que damos por seguro a corto plazo son dos cosas: la cuarta entrega tendrá la época del Thatcherismo y la aparición de Lady Diana como ejes centrales (con el anuncio de Gillian Anderson como la Dama de Hierro y Emma Corrin como la Princesa de Gales); y la más importante, como dice Margaret en el último episodio: «Los demás caemos como moscas, pero ella sigue y sigue». La Reina es el corazón de The Crown y lo seguirá siendo, sea quien sea quien la interprete.

En un momento delicado para la historia del Reino Unido, Netflix estrena la primera temporada
By no means uneventful, the very recently broadcasted second season of The Crown is most
The complexity of both plot and narrative structure of the most recent season of The
 

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