“Los últimos Jedi” o la consumación de la simbiosis de Star Wars y Disney

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Desde la multimillonaria adquisición de Lucasfilm por parte de Disney son ya tres los filmes de la mítica saga Star Wars que han visto la luz. El primero de ellos, el episodio VII (El despertar de la Fuerza) inauguraba una nueva trilogía, cosechando tibias críticas que la tildaban de ser poco más que un calco bien ejecutado del episodio IV (Una Nueva Esperanza). Un año más tarde llegaba el spin off Rogue One, cuyo argumento giraba en torno al robo de los planos de la Estrella de la Muerte por parte de la Alianza Rebelde. Sorprendentemente y contra todo pronóstico, esta se ha convertido en la más ampliamente aceptada por parte de un gran número de fans, y eso sin la necesidad de contar con el reclamo de los Jedi y sus sables de luz. Esto significa que el episodio VIII (Los últimos Jedi) ha supuesto una nueva decepción para muchos. El despertar de la Fuerza dejaba a los seguidores esperando durante dos años la resolución de una serie de cuestiones que determinarían el rumbo de Star Wars. ¿Quién es el Maestro Supremo Snoke? ¿Cuál es el origen de la superdotada jedi Rey? ¿Se convertiría Kylo Ren en un digno heredero del legado de Darth Vader? Y, sobre todo, ¿Qué papel jugaría Luke Skywalker en esta nueva entrega? Lo que sigue a continuación son algunas pinceladas del argumento de la película, y no un análisis exhaustivo de la misma. Alerta de spoilers.

Como los fans saben, uno de los rasgos definitorios de las aventuras originales de Luke Skywalker, la Princesa Leia Organa, Han Solo o Chewbacca eran los momentos cómicos. Rian Johnson intenta reproducir este rasgo sin demasiado éxito a través de personajes como el diestro piloto Poe Dameron (Oscar Isaac), llamado a suceder al mítico Solo en su papel de pícaro rebelde. Y si fueron muchos los que se llevaron las manos a la cabeza cuando George Lucas decidió introducir al desquiciante Jar Jar Binks en el episodio I (La Amenaza Fantasma), y otros tantos los que gustosamente prescindirían de los ewoks en el episodio VI (El Retorno del Jedi), lo cierto es que la incorporación de los porgs, que habitan la isla de Ahch To en la que vive Luke Skywalker puede resultar igual de odiosa. Se trata de unos pájaros de ojos saltones (con reminiscencias del gato de Shrek) que seguro le granjearan un buen número de ventas a Disney en forma de peluches, y que se instalan en el Halcón Milenario junto a Chewbacca, a quien por cierto roban todo el protagonismo, reduciéndolo al nivel de una caricatura de lo que fue en su día.

En cuanto al desarrollo de los personajes, este resulta también decepcionante. Quizás la excepción sea Leia, un personaje reconocible que cumple con su cometido de forma más que digna, como siempre lo hizo. El villano Kylo Ren (Adam Driver), llamado a suceder a Darth Vader, se comporta como un chiquillo malcriado que va de pataleta en pataleta, dirigiendo a bandazos junto al General Hux (Domhnall Gleeson) a una Primera Orden que no hace sombra al antiguo Imperio. Y el despropósito es todavía mayor en lo concerniente al Líder Supremo Snoke (Andy Serkis), líder de la Orden y mentor de Kylo, que emula al temible Emperador que sometió a Anakin Skywalker a su voluntad y se hizo con el control de la galaxia. Los fans han invertido dos años de su tiempo elucubrando acerca de la posible identidad y motivaciones de dicho personaje, lo que ha originado una serie de teorías, algunas más descabelladas y otras más plausibles. Sin embargo, en este episodio no se desvela ningún detalle sustancial acerca de su figura, y Snoke es sacrificado en favor de uno más de tantos clichés repetidos hasta la saciedad; el del aprendiz que traiciona a su maestro.

Leia

Algunas escenas de esta entrega parecen adoptar por momentos el cariz de un sentido homenaje a la difunta Carrie Fisher.

Algo similar sucede con el personaje de Finn (John Boyega), que en esta ocasión une sus fuerzas a los debutantes Rose Tico (Kelly Marie Tran) y DJ (Benicio del Toro), y cuyo mayor logro es acabar con la supuestamente temible Capitán Phasma (Gwendoline Christie), quien demuestra nuevamente ser en realidad una rival más bien débil. El de Finn es un personaje con poco desarrollo que protagoniza una trama menor. Por su parte, Rey invierte gran parte de su tiempo en pantalla tratando de convencer a un desganado Luke de que debe entrenarla y volver a tomar un rol activo en favor de la República. Además, mantiene conversaciones a distancia con Kylo, con quien se encuentra conectada a través de la fuerza, y quien trata de seducirla con el fin de que se una al lado oscuro. El entrenamiento con Luke es breve, tanto que es dudable que pueda considerarse como tal, y nuevamente se repite el patrón del aprendiz que parte raudo y directo de su entrenamiento a otro lugar en el que deberá salvar a sus amigos y compañeros de un gran peligro.

Luke Rey

¿Una aprendiz más y un maestro más?

Al fin y al cabo, se trata de personajes arquetípicos que emulan a otros de manera poco efectiva, dando lugar a una versión light de lo que ya fue, y esto puede ser más o menos lícito, pero lo que muchos fans no perdonarán es el papel que Luke Skywalker juega en esta historia. Nos encontramos ante un Luke desangelado, con momentos supuestamente cómicos que se tornan más bien chirriantes, y, sobre todo, con un comportamiento impropio del héroe de infancia de muchos. El motivo por el cual Luke se oculta es un error que cometió años atrás, cuando entrenaba a un grupo de jóvenes jedi en su academia. Entre ellos se encontraba su sobrino Ben Solo (ahora Kylo Ren), al que Luke consideró matar cuando percibió la oscuridad que habitaba en su interior. Fue entonces cuando el joven, atemorizado por las intenciones de su tio, lo dejó inconsciente y acto seguido acabó con todos sus compañeros de academia, extinguiendo así la luz de los Jedi. Otro motivo repetido más; al igual que Anakin acabó con los niños de la academia Jedi en el episodio III (La Venganza de los Sith), lo hace ahora también Ben.

Lo más desconcertante para los fans de Luke es que viéndose en esta tesitura decidiera abandonar el camino de los jedi y convertirse en un ermitaño, en lugar de tratar de enmendar su error de un modo u otro. Este es un detalle que muchos jamás comprenderemos ni aceptaremos, ya que a nuestro parecer desvirtúa al personaje. Que el propio Mark Hamill haya dado rienda suelta a sus opiniones al respecto de este “nuevo” Luke no habrá agradado demasiado a Disney, ya que el mismo ha reconocido que este Luke dista bastante del que esperaba interpretar. Aunque, como es lógico, el actor ya se ha encargado de apaciguar los ánimos tras las múltiples declaraciones en las que demostraba un sosegado descontento con el rumbo trazado por Rian Johnson para su personaje.

En definitiva, Star Wars es actualmente una máquina perfecta de producir billetes verdes en manos de Disney, que no parece dispuesta a desaprovechar su increíble potencial. El mismo título “Los Últimos Jedi” es una broma pesada, ya que a medida que se desarrollan los acontecimientos queda claro que hay vida más allá de Luke y Rey. Esto no hace más que transmitir una sensación de eterno retorno a unos arquetipos muy manidos que surten el efecto de desmitificar la trilogía original por pura repetición y desgaste. El mensaje parece ser el que sigue: siempre habrá Jedi y el conflicto entre los dos lados de la fuerza se mantendrá indefinidamente. Así pues, el número de potenciales trilogías y spin offs se dispara. Quizás Hamill tenga razón cuando afirma que no debemos acudir a la sala de cine esperando recuperar nuestra infancia. He aquí el error de los fans: resulta indudable que la activación de la nostalgia factory es una excelente estrategia de marketing, pero el espectador debe ser más inteligente que la maquinaria y establecer unos límites razonables a sus expectativas.

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