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Once Upon a Time in Quentin’s Mind (10): «Once Upon a Time… In Hollywood» (2019)

Once Upon a Time… in Hollywood ha llegado finalmente a nuestros cines, los fans de Tarantino hemos sufrido durante esta larga espera, donde se han juntado nervios con grandes expectativas, que nunca son buenas aliadas, creadas tanto por trailers, fotografías, críticas de prensa y fans que iban viendo el filme según se iba estrenando en diferentes lugares del extranjero… Pero por fin podemos catar la nueva obra del director de Pulp Fiction. 

La película es un completo homenaje a una época clave para la sociedad americana, y en consecuencia para el cine. Se centra en una década de grandes revoluciones sociales, destacando, entre todas, el movimiento hippie; una época convulsa para todos en la que el viejo Hollywood empezába a chirriar mientras evolucionaba en un Hollywood renovado, lleno de nuevas, prometedoras y jóvenes estrellas. En pleno año 1969, Rick Dalton (interpretado por Leonardo Dicaprio) un actor, un tanto presumido, egoísta y conservador, conocido sobretodo por su papel en una serie televisiva de género western por la que todo el mundo le (re)conoce, se ve apartado por las nuevas productoras que le dan los papeles protagonistas a nuevos y prometedores actores mientras que solo cuentan con él para hacer personajes sin apenas importancia que le recuerdan constantemente que su carrera está por terminar. Por suerte, Dalton, cuenta con su fiel compañero y doble de acción, Cliff Booth (a quien da vida Brad Pitt), un tipo duro con un pasado oscuro, quien, desprovisto también de empleo, se gana unos dólares acompañando a Rick a los rodajes y arreglándole cualquier problema que tenga en su lujosa casa de Cielo Drive donde tiene como vecinos a grandes celebridades; entre ellas, al matrimonio formado por el director polaco Roman Polanski y Sharon Tate.

Desde que se supo que Leonardo DiCaprio y Brad Pitt iban a protagonizar esta nueva película de Quentin Tarantino, muchos fans mostraron su gran ilusión al ver a dos de los actores más carismáticos y amados por la audiencia juntos en la gran pantalla, y es que, ciertamente, forman un dúo actoral que se ha llegado a comparar, por el mismo Tarantino, con el de Robert Redford y Paul Newman, protagonistas de filmes como Butch Cassidy and the Sundance Kid (George Roy Hill, 1969) o The Sting (George Roy Hill, 1973). Sin ninguna duda, ambos actores llevan a cabo un gran trabajo interpretativo.

 

Rick Dalton (DiCaprio) es consciente de su inevitable caída en el mundo actoral.

Por otro lado, la película cuenta con secundarios de lujo: Margot Robbie, reviviendo a Sharon Tate, una joven actriz a punto de dar el salto a la fama, que disfruta viendo cómo el público se divierte viéndola en la gran pantalla, y escuchando sus discos o pasando una velada agradable con sus amigos; Al Pacino, interpretando a un productor de cine que le da a Rick la oportunidad de protagonizar westerns de Sergio Corbucci, y, así, reavivar su carrera como protagonista; o Julia Butters, interpretando a una actriz de nueve años que se encarga de hacer que Rick recupere la fe en sí mismo y en su capacidad para actuar. Por si no fuera poco, el filme, cuenta con apariciones estelares de viejos conocidos en la filmografia de Tarantino como Kurt Russell, Zoe Bell o Bruce Dern, y nuevos rostros como Dakota Fanning, Emile Hirsch o Margaret Qualley.

Se nota el amor que le ha puesto Tarantino a su cinta, esforzándose para recrear esa ciudad de Los Angeles que veía brillar por las noches cuando tenía siete años y que tanto le fascinaba. Barbara Ling, Joe Dexter y su equipo nos transportan al pasado de manera asombrosa con su trabajo en la dirección artística, complementada por la siempre impoluta fotografía de Robert Richardson. En la película cada detalle está cuidado, Tarantino conoce perfectamente tanto el viejo Hollywood como el nuevo, y no pierde oportunidad para referenciar a ambos, e incluso aprovecha para aludir a sus propias obras, sacando una sonrisa de complicidad a sus más acérrimos fans al oír, por ejemplo, a un personaje decir «Don’t fucking Janet me!» igual que lo hacía el mismísimo Quentin en Pulp Fiction, gritandole a Samuel L. Jackson «Don’t fucking Jimmy me!».  Además, como en toda gran película de Tarantino, la música juega una importancia vital y en esta cinta nos presenta su gran selección musical (formada por grandes temas como Mrs. Robbinson de Simon  Garfunkle o Bring a Little lovin’ de Los Bravos) a través de las radios de los coches que aparecen en pantalla, jugando con lo diegético y lo extradiegético, igual que en su opera prima Reservoir Dogs (1992).

Cliff Booth (Brad Pitt) comienza a desconfiar de la «afable» comuna hippie instalada donde trabajó años atrás.

Once Upon a Time… In Hollywood no es una película de ritmo rápido, Tarantino se toma su tiempo con calma para deleitarnos en cada plano, y decide no mostrar mucha violencia a lo largo de la película hasta el final (que puede llegar a parecer excesiva al ser realmente sangrienta y suceder de golpe). A pesar de contar con un buen argumento, Tarantino da la impresión de flaquear a la hora de hilar la anécdota de la que parte (el asesinato de Tate por la familia Manson). Quentin parece que da por hecho que el público conoce lo que sucedió aquella fatídica noche de agosto de 1969 en Cielo Drive, y lo cambia (igual que trastocó la historia con Inglourious Basterds) sin acabar de dejar claro lo que sucedió de verdad, o la matanza que tenía ideada Manson, para darle el final que se merece; esa justicia poética que vemos los que conocemos la historia, pero que no acaba de llegar a los que no, quienes pueden encontrar gratuito y sin sentido el arco de Tate, y ver a Charles Manson como una simple persona que pregunta por un tal Terry (un productor musical que tenía que juzgar el trabajo de Manson para saber si tenía futuro en el mundo de la música) en vez de reconocer en su personaje al verdadero psicópata que fue.

Aún así, la película tiene aspectos brillantes propios de Tarantino y que recuerdan a trabajos anteriores suyos como la ya mencionada Inglourious Basterds a la hora de mezclar diversos géneros en una misma película, pues en esta confluyen western, partes de bélico, policíaco e incluso terror; la utilización de flashbacks, dando gran profundidad a cada uno de sus personajes; esa manera suya de reinventar las películas que le inspiran; esa recreación de los hechos que va desde cambiar los hechos ocurridos a Sharon Tate hasta recrear The Great Escape (John Sturges, 1963) si hubiese sido protagonizada por Rick Dalton.

En conclusión, Once Upon a Time… in Hollywood funciona como homenaje al mundo de Hollywood, pero mientras que sobresale en aspectos como la ambientación, decae a la hora de la resolución y un tanto en el guión, dejándola no como una de las mejores cintas de Tarantino. No obstante, es una buena película con verdaderos momentos brillantes.

Es evidente que la figura de Quentin Tarantino como artista se ha ido haciendo cada
La influencia del género western en la filmografía de Quentin Tarantino es más que notoria,
Grindhouse es un término referido a unas salas de cine donde se solían hacer sesiones
 

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