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Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

«Ósmosis» (Netflix, 2019): en busca de tu alma gemela desde una App de contactos

¿Una app para encontrar a tu alma gemela? Efectivamente, esta es la premisa narrativa de Osmosis, una serie de ciencia ficción que juega con el transhumanismo al estilo de Black Mirror donde la tecnología está bien vista para facilitar la vida de las personas. Las coordenadas espacio-temporales en las que nos insertamos condicionan nuestra forma de relacionarnos con los demás. El tema del amor real y verdadero y la existencia de nuestra “media naranja” ha sido un leit motiv de la literatura universal y, también, un caldo de cultivo propio para la producción de no solamente una idea comercial (el amor vende) sino también cultural (el amor forma parte inherente del ser humano como ser social, la cuestionable idea de la existencia de un alma gemela) y contexto-dependiente, en la que la industria audiovisual se hace eco para presentarnos una idea que lleva a cabo la producción francesa de Audrey Fouché en clave de ciencia ficción para Netflix.

La serie nos hace viajar en el tiempo para trasladarnos a la exploración de París, como ciudad eterna y la ciudad del amor – como icono mundial de ciudad romántica por excelencia- convertida en un lugar donde el corporativismo se hace presente en la cotidianeidad de las personas, en una sociedad que va haciéndose cada vez más individualistas. El foco central de la serie está centrado en Ósmosis, un programa que han ideado y creado los hermanos Vanhove y que consiste en la utilización de un implante que se activa mediante nanorobots, los cuales están capacitados y preparados para indagar en las preferencias, las aficiones y también en los valores y rasgos de personalidad de los sujetos experimentales que se ofrecen para formar parte de un estudio que se supone que puede identificar y visualizar tu alma gemela, es decir, una pareja sentimental que encaja estadísticamente dentro de tus preferencias y con el cual puedes alcanzar una plenitud de felicidad.

Voluntaria sujeta al proyecto experimental

No obstante, esta idea no deja de ser un proyecto pionero que requiere de un grupo experimental de personas voluntarias y dispuestas a poner en juego su vida sentimental para poder testear y comprobar su fiabilidad. Ósmosis debe su nombre a su proceso físico relacionado con la influencia recíproca entre dos sustancias – en este caso, entre dos individuos- en contacto.  La ósmosis, digamos, sería la esencia y la razón de creación del propio proyecto, es decir, tratar de encontrar una persona con la cual poder aspirar a tener una unión que va más allá de lo físico y lo emocional, una sintonía total con otro ser humano. A los 12 voluntarios se les hace un tatuaje que puede permitir la conexión con su pareja (física y emocional) y gracias a la implantación de unos nanorobots en el cerebro se puede descubrir tanto gustos, fobias o fetiches. Después del análisis del sujeto voluntario se le encuentra su alma gemela, una de ellas del CEO de Ósmosis.

The Leftlovers nos recuerda un poco a esta ficción a nivel temático junto con Black Mirror o Sense8 en ciertos aspectos estéticos y de género- con maquinaria de neurociencia avanzada o realidad virtual que se adapta a las relaciones interpersonales-. Sin embargo, en ella subyace la idea de que resulta necesaria encontrar a esa “otra” persona que supuestamente nos complemente para sentirnos plenos lo cual resulta una visión binaria sesgada, pues no tiene en cuenta la plenitud de una persona sin la necesidad de encontrar pareja para ser completa.  Además, se pone de relieve y en cuestionamiento el mito del amor romántico pues, tras la aparente perfección se descubren sombras de las supuestas parejas ideales que no son como se esperaban. La reducción de la vida de los voluntarios al único sentido de su pareja exacerba la idea del amor romántico para acabar convirtiéndolo en una adicción obsesiva. Vivir por y para el alma gemela encontrada acaba acarreando problemas.

Estética de Ósmosis semejante a Black Mirror

Los riesgos y los fallos del sistema forman parte de los peligros que entraña someterse a un estudio que parece prometerte la máxima felicidad. A lo largo de la serie, podemos ver que el mismo creador forma parte del estudio experimental y vive en primera persona algunos de los problemas de su propia creación debido a brechas de seguridad, junto con otros problemas como el grupo de “humanistas” que intentan boicotear el proyecto al alertar de los efectos secundarios que éste puede acarrear y con sus competidores, la empresa Perfect Match – muy similar a las apps de contactos actuales, como pudieran ser Tinder o Badoo-.

Además, podrían tratarse con mayor profundidad el tema de la nanotecnología para recuperar redes neuronales inactivas, las adicciones o fetiches al sexo e, incluso, también, la asexualidad en su representación audiovisual. La serie permite, también, una reflexión sobre la humanidad en sí misma: la necesidad de la tecnología para relacionarnos, la existencia de descubrir u “alma gemela”, el sentido de moralidad de estos avances tecnológicos en clave de ciencia ficción desde una app de citas. Por todo ello resulta interesante dar una oportunidad a esta nueva serie de Netflix.

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