“Pieles”; La ópera prima de Eduardo Casanova

Pieles Poster
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Mucho se ha hablado en las últimas semanas de Pieles, la ópera prima del actor y director Eduardo Casanova, aunque lo cierto es que probablemente sean más aquellos que han opinado que aquellos que han visto la cinta. Tal vez esto se deba a que Pieles se ha presentado como una película transgresora, una que pone en pantalla historias poco comunes protagonizadas por personajes inusuales, algo que puede incomodar al espectador medio, que lo último que busca en las salas de proyección es que se le empuje a preguntarse por vidas que le son ajenas, vidas en los márgenes, en definitiva; vidas con las que le cuesta empatizar. En realidad, sí, Pieles se ha presentado como una película susceptible de perturbar al espectador, pero este es un grandísimo error de lectura, ya que, de un modo u otro, en un grado u otro, todos somos partícipes de las realidades que Pieles refleja. Al fin y al cabo se trata de un compendio de historias de personas, relatos que rezuman humanidad.

Uno de los puntos que más ha dado que hablar es su estética pastel, ya que el mundo de Pieles está poblado de tonalidades rosáceas, que contrastan con lo dramático de las vidas plasmadas en pantalla. De hecho, uno de los aspectos que más ha ensalzada la crítica es el buen ojo del director en este sentido. Quizás el mensaje sea que en lo aparentemente bonito se esconde lo aparentemente grotesco, y viceversa. O tal vez el mensaje que el director trata de lanzar es que todo el mundo quiere y necesita algo de ese rosa, color asociado con muchas cosas, pero ninguna de ellas negativa; desde una mujer con la cara deformada, hasta una chica cuyo tracto digestivo se encuentra invertido, pasando por un adolescente que quisiera tener cola de sirena, un hombre cuyo cuerpo está totalmente quemado a causa de un accidente o una chica que nació sin ojos. O, tal vez, Casanova trate de facilitar el visionado de estos personajes de estética fuera de lo común rodeándolos de rosa, lubricando así la experiencia de la película.

Pieles 1

Laura (Macarena Gómez) es una chica sin ojos obligada a prostituirse desde su niñez.

Y es que estas pieles rara vez son protagonistas, en un mundo que adolece de una focalización excesiva en el aspecto físico de las personas, relegando aquello que en verdad son a un segundo, o incluso a un tercer plano. Lo que Casanova pone ante nosotros son caras, cuerpos que se salen de la norma, pero estos no son más que el contenedor de la esencia de nada más que personas, cada cual con sus anhelos. Y que mejor metáfora que la de la piel para representar la fragilidad del ser humano ante su necesidad de soñar. Los protagonistas de Pieles son distintos entre ellos, pero existe un denominador común que les une; todos ellos comparten la diferencia, y la capacidad, tan humana, de desear.

Sus historias son crudas, difíciles de digerir. Carmen Machi interpreta a Claudia, la amargada madre de un chico que quisiera desprenderse de sus piernas por no reconocerlas como propias, mujer abandonada por Simón (Antonio Durán), un marido pedófilo que decide huir ante la perspectiva de abusar de su propio hijo no nato. Este es sin duda uno de los temas más incómodos de la película; el de la pederastia. Macarena Gómez se pone en la piel de Laura, una mujer sin ojos, prostituida desde niña en un tugurio del que no puede escapar. Ana María Polvorosa da vida a Samantha, otro personaje forzado a vivir entre cuatro paredes. Se trata de una chica que tiene el ano en la cara y la boca entre las nalgas, y que se priva de salir a la calle por miedo al escarnio público, o a cosas peores. El personaje de Candela Peña, Ana, tiene una deformidad facial, y en su historia se debate entre dos hombres; Guille, el chico quemado que quisiera recuperar para sí el que todo el mundo consideraría como un aspecto físico envidiable (Jon Kortajarena) y Ernesto, otro chico que sólo siente atracción física por chicas con algún tipo de deformidad (Secun de la Rosa). Vanesa (Ana Maria Ayala) encarna a una mujer embarazada con acondroplasia que trabaja en un show televisivo, dando vida a un oso de peluche.

Pieles 5

Samantha (Ana María Polvorosa) tiene el tracto digestivo invertido, por lo que vive la mayor parte del tiempo recluída entre cuatro paredes.

Una vez pasado el shock inicial con el que uno se dirige a la sala de cine (al fin y al cabo, después de oír por activa y por pasiva que se trata de una película incómoda, que puede herir sensibilidades, y que tal vez peque de jugar con extremos en un simple intento de provocar gratuitamente al espectador, el miedo parece una reacción natural), Pieles resulta ser un debut consistente de un director cuya madurez resulta sorprendente. Bien es cierto que Eduardo Casanova partía con la ventaja de contar con un elenco de actores y actrices de primera línea, no solo profesionales, sino también amigos. Pero el director es quien dirige, y Eduardo Casanova lo hace. No hay nada de gratuito en Pieles, desde las referencias a la paidofilia y a la prostitución infantil, pasando por la obsesión por la ¿perfección? física o al derecho de todas a la maternidad, hasta llegar a un tema universal como lo es el del amor, ya sea hacia los demás o hacia uno mismo. Nada sobra, y, por el contrario, todo tiene un sentido argumental. Se agradecen las historias novedosas, distintas, valientes, y por ello seguiremos pendientes de la evolución de este joven y audaz director.

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