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“Point Break”: Sin noticias de Bodhi

Esperaba con ansias la revisión del clásico de acción de los años 90, iluso de mí. Pero vayamos por partes. Antes de enfrentarme a la recién estrenada Point Break, con Edgar Ramírez y Luke Bracey como protagonistas y dirigida por Ericson Core, ya había leído una docena de críticas, si no fueron más, y todas ellas negativas. Además, los pésimos comentarios de amigos y conocidos no me invitaban al optimismo: “¡No la mires! No esperes ver a Bodhi por ninguna parte. En lugar de Le llaman Bodhi, podrían haberle puesto Le llaman Jose y no te darías ni cuenta”. Después de algo como esto a cualquiera se le quitan las ganas de ver el nuevo acercamiento a esta, denominada así desde hace años, película de culto. Las expectativas ya estaban por los suelos, pero mi decisión era tajante, quería verla, aunque solo fuera para insultarla y maldecirla.

Los nuevos protagonistas el film

Con un panorama de este calibre hay que decir que subir el nivel no era tarea fácil, pero tal era el despropósito que me esperaba que, si bien la película no llega ni a la suela de los zapatos de su homólogo noventero, tampoco es un desastre. No es un desastre como película de acción, pero lamentablemente tampoco tiene nada que la haga destacar por encima de las demás. Si alguien esperaba ver algún resquicio de la filosofía surfera, parte de la intriga que ofrecía la original, ladrones que robaban bancos con máscaras de presidentes o un duelo de deportistas extremos sobre una tabla, tendremos que esperar al siguiente remake o, por el contrario y no peor opción, ver de tanto en tanto la original Point Break, Sin límites, Punto de quiebra o, como mejor se la conoce en España, Le llaman Bodhi. Invito a todos a ejercer esta actividad nostálgica, porque lo cierto es que la película envejece muy bien, mitificando con cada año que pasa un poco más los personajes de Johnny Utah y Bodhi, interpretados por Keanu Reeves y un fantástico Patrick Swayze, respectivamente.

Los presidentes, uno de los símbolos de “Point Break”, de 1991.

¿Dónde está Bodhi?

No podemos negar que la mayor parte del encanto del film estaba en su personaje estrella, aquí minimizado por la interpretación de Edgar Ramírez, quien no ahonda para nada en la personalidad del carismático surfista. Su Bodhi no engancha ni seduce, no te mira a los ojos de madrugada para decirte que montes la ola más grande del mundo y asaltar un banco por la tarde. Tampoco te empuja a saltar de un avión, mientras te cuenta el poder místico del mar y las corrientes acuáticas. Que le pregunten al renovado Johnny Utah, cuya relación con Bodhi resulta simplona y forzada. Es más, en esta versión, es el intrépido Utah el que da el primer paso cuando tienen que saltar en snowboard desde la cima de una montaña imposible. Y ahí es donde encontramos otro de los grandes fallos de la película al darnos un Johnny Utah ya experto en deportes de riesgo antes de convertirse en agente del FBI. Esta decisión cambia bastante el trayecto del personaje y buena parte de la evolución de su amistad con Bodhi, si tenemos en mente la versión de 1991. Aquí Bodhi conoce a Utah y le introduce en su grupo sin justificar demasiado su decisión dejando muchos huecos en el tintero. Ah y para colmo, Johnny es rubio y Bodhi moreno con barba, como si esto fuera otro ejercicio sofisticado de cambio. Todo ello sin mencionar a la amante de Utah, el único personaje femenino del metraje y el peor interpretado del elenco.

En conclusión

Point Break pierde una oportunidad dorada para reinventarse a sí misma en el nuevo siglo, agrandando la leyenda del Bodhi personaje y de Patrick Swayze y Keanu Reeves como actores. En cambio nos regala una hora y pico de varias escenas de deportes de riesgo y ya, porque ni siquiera se prodiga en persecuciones o grandes secuencias de acción olvidándose del surf en el camino. La superficialidad del milenio inunda un film que no aporta nada nuevo, tan solo aumenta el listado de películas infinitas que pululan en las videotecas dedicadas al cine de acción norteamericano. Una pena. Esperemos a la próxima ola.

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