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Re-regalos de boda: Reseña del episodio 2 de la temporada 12 de The Big Bang Theory

El segundo episodio de la última temporada (sigo repitiéndolo para que la despedida sea menos dolorosa) de The Big Bang Theory, se mantiene en la estela del matrimonio contraído por Amy y Sheldon (Shamy). Si en el anterior se plasmaba principalmente su viaje de novios, ahora, respetando un lógico orden cronológico, en este se muestra su llegada, cuajada de acciones tradicionales como abrir los regalos de boda de sus incitados, escribir tarjetas de agradecimiento por estos, y darles a sus amigos regalos de recuerdo de su viaje de novios (supuestamente). Pero, claro, tratándose de Shamy (o quizá deberíamos llamarles ya “los Cooper”), todas estas actividades aparecen rodeadas de peculiaridades y propician el humor propio del género al que la serie pertenece. Así, pues, en el primero de los casos, el de la apertura de regalos, nos encontramos con el de Leonard y Penny (Lenny) un extraño “artefacto” que ni los superdotados Amy y Sheldon logran descifrar qué es (las interpretaciones que hacen no están nada exentas de humor). No ven prudente preguntarles de qué se trata, ya que el presente venía acompañado de una tarjeta que lo describía como “El regalo perfecto para la pareja perfecta”, como dando por sentado que era obvio de qué se trataba. De ahí que infirieran que el plantearles la pregunta sobre su identidad podría herir sus sentimientos o implicar una falta de conocimiento impropia de estos seres de tan altas capacidades intelectuales.

La curiosidad sobre el extraño objeto va in crescendo no solo en los espectadores sino también en los recién casados, que se desvelan, incluso, tratando de descubrir qué es realmente ese presente. Sus pesquisas les conducen a considerar que, con el extraño objeto de cristal, sus amigos les han embarcado en una divertida búsqueda del tesoro, que les lleva a consultar con el profesor Bert Kibbler, que les especifica que es una especie de vara de cristal de cuarzo; y a preguntarle a Howard, que les confirma que se trata de una búsqueda del tesoro sólo por marear a Sheldon y burlarse de él. Asociando distintas ideas, creen que las pistas les conducen a la cafetería donde se conocieron en el último episodio de la temporada 3. Allí encuentran, en la caja de objetos perdidos, lo que ellos interpretan como el verdadero y simbólico regalo de sus mejores amigos: un relicario pero sin nada dentro para -según la interpretación de estos enamorados- irlo llenando con sus propios recuerdos; y unas gafas de sol, porque -según Sheldon- Leny le está queriendo decir que su futuro en pareja es deslumbrante.

Cuesta creer que estos dos lumbreras, por muy enamorados que estén, lleguen a estas conclusiones. Sería más imaginable ver a Sheldon reírse de alguien que encontrara una explicación tan poco probable y rebuscada del regalo recibido. Pero el mensaje que esta anécdota encierra sí que es bonito: es como si se diera a entender que esta pareja funciona bien junta y que pueden emprender cualquier misión -por más inverosímil que parezca- en común con éxito y de buen grado, como el mismo Sheldon afirma. Y, con ello, de nuevo, la serie muestra lo que sería su pareja “foil”, Lenny, como justo lo contrario: cuesta verlos tan sincronizados y resulta incluso más inverosímil el verlos juntos con lo poco que tienen en común, que la escena antes descrita en relación a Shamy. De nuevo, también, los recién casados vuelven a mostrarse como superiores a Leonard y Penny en cuanto a inteligencia, pues, su tarjeta de agradecimiento está escrita en un código inventado por ellos mismos y para cuya resolución no podrán usar Internet, ya que sólo una vez resuelto el mensaje podrán tener acceso a la clave, que le han cambiado. ¡Otra búsqueda del tesoro en el episodio!

La felicidad derivada de la relación de Shamy contrasta también con la situación solitaria y desesperada de Raj, deseoso pero incapaz de encontrar una relación estable como el resto de sus amigos -incuso Stuart parece ir entablando una relación con su dependienta de la tienda de cómics, Denise. De ahí que recurra a su padre para pedirle que le propicie un matrimonio concertado, a lo que éste accede. Da pena el modo en que Raj explica esto a sus amigos, añadiendo, además, que todo saldrá bien si consigue ocultar su verdadera personalidad entre 6 y 10 citas (concretamente, su padre le pide que no publique en las redes sociales fotos suyas con el mismo jersey que su perro).

Por otra parte, y volviendo a temas más materialistas, este episodio deja ver que estos amigos no se complican mucho ni emplean mucho dinero en los regalos de bodas que se hacen entre ellos, ya que el extraño objeto había sido ya el obsequio de bodas de Raj a Howart y Bernadette; de estos a Leonard y Penny; y, por último, de ellos a Sheldon y Amy. (El extraño presente me recuerda a la botella de vino sobre la que habla Francesco Piccolo en su libro Momentos de inadvertida felicidad: esa que llevas a una cena con amigos y no se abre y que, al cabo de un tiempo, ves que vuelve a casa, traída como obsequio por otra persona). Pero tampoco los recién casados se han complicado mucho con la compra de regalos a sus amigos. Todos tienen el mismo: la típica y trillada camiseta de “I love NY” (iniciales que Sheldon invita a interpretar libremente, ofreciendo alternativas de lo más rebuscadas -en Internet-), que Sheldon confiesa haber comprado en el avión por Amazon Prime, y que, en el caso de Penny, es de la talla XXL para su desagrado.

El episodio, en resumen, muestra el estado de diversas parejas de la serie: unas en claro progreso, otras abriéndose paso tímidamente (con fundamentos más o menos genuinos o artificiales), y otras que parecen ir dando trompicones… Que cada uno incluya en cada subtipo la pareja de personajes que encaja mejor en cada uno de ellos y… a ver si acertamos conforme la serie avanza.

P.S.: El extraño presente de bodas, según ha declarado el productor ejecutivo de la serie, Steve Holland, es el mismo que él recibió por parte del supervisor de efectos visuales de la serie; él tampoco supo de qué se trataba y que lleva en la sala de guionistas años, siendo objeto de tantas bromas que pensaron que merecía protagonizar un episodio.

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