Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Reseña de la serie “El club” de Camila Ibarra (Netflix, 2019): Un desfase de ricos y MDMA a la mexicana

El narcotráfico parece estar de moda. Camila Ibarra pretende hacerse un hueco en las producciones que giran en torno a la temática, de gran actualidad. Esta directora mexicana nos acerca a un mundo donde el narcotráfico deja de ser necesario para ser opcional, una decisión que pasa de ser un hobbie para un grupo de amigos ricos a ser su modus vivendi que no hará más que desaparecer como una pompa de jabón, después de una gran intensidad vivencial y al límite. Si bien no están intentando crear ninguna App de cocina, sí toman ingredientes narrativos en su versión argentina –en la serie “Millennials” ya reseñada en RIRCA anteriormente–  en tanto que tienen como elementos en común protagonistas millennials que desean salir de su mediocridad, para dejar de ser “niños de papá” consentidos y desean emprender el camino innovador de crear una App.

En el caso que nos ocupa, la creación de la “App” llamada Meet, una aparente app de citas por internet, se vende como un producto de márketing que busca inversores codiciados e inversores de gran poder adquisitivo y que se beneficia del amiguismo elitista de los amigos del padre de Pablo. No obstante, ninguno de los personajes –de la codiciada zona elitista de “Las Lomas” – –con una amistad que les une desde niños y que formarán parte del equipo de Meet son los hijos preferidos de sus padres, pues Pablo es el hijo que debe intentar impresionar a su padre con la App, pues ya ha obtenido diferentes decepciones económicas tras sus fracasos previos como emprendedor; en el caso de Sofía, sus tradicionales padres no conciben que ella pueda “ganarse la vida” sola ni tampoco entienden el motivo por el cual no “ha conseguido” un marido rico a su edad – dejando clara la ideología subyacente al estrato social de clase alta mexicana, precisamente por su patriarcado imperante, un machismo subyacente y su espejismo de perfección que lo único que hace es subrayar sus carencias–.

Pablo, empezando a ganar dinero desde la tapadera de «Meet»

Matías, a su vez, también formará parte de negocio, hijo único tratado también con una sobreprotección un tanto exasperante y que es el que se encarga de todo el aspecto informático para el lanzamiento de la App y, a posteriori, se unirá también María y su sobrino, Jonás para llevar a cabo las tareas más peligrosas dentro de la red. Si bien Pablo y Sofía se van turnando, digamos, la posición de líder y Matías lo es a nivel informático, María forma parte del personal de servicio de la familia de Pablo, a quien conoce desde niño y Jonás, su sobrino, será el encargado de conseguir la mercancía, arriesgando en ocasiones su vida a fin de tratar de responder a una creciente demanda de consumidores de MDMA.

Sin embargo, el dinero fácil tendrá consecuencias más turbias y peligrosas de lo esperado. Principalmente, el error radica en que tanto Pablo, Sofía y Matías desean huir de la que creen una mediocre vida llena de lujos, rebelarse e intentar hacer algo por ellos mismos, sin ser conscientes realmente de aquello que les espera, pues un juego de esta envergadura tiene su lado oscuro. La poca tolerancia a la frustración que se retrata a través de los personajes millenial, junto con su poca altura de miras en valorar las consecuencias que acarrean ciertas conductas, tales como convertirse en narcotraficantes dentro de una élite social que es muy consumista de drogas y la de no saber poner límites en lo que es un juego peligroso a un negocio que puede convertirse en letal son algunos de los errores que caracterizan esta generación millennial, dentro de sus capas sociales más altas.

Pablo, Jonás, Matías y Sofía

Aunque ya sabemos que la venganza se sirve en plato frío y los errores se pagan, tarde o temprano. En un negocio donde impera “La ley del talión”, es decir, el “Ojo por ojo y diente por diente” la venganza es una de las máximas del lenguaje del narcotráfico y de los conocidos clanes de la droga. Es por ello que el equipo de Pablo se acabará enfrentando a Polly (últimos 10 capítulos), hija de su inicial adversario en el negocio del narcotráfico de todo México y desde su aparición, tendrá bastantes enseñanzas y moralejas que a los protagonistas.

Estamos ante muchas escenas de fiestas descontroladas donde mucha gente consume drogas y todo puede resultar, incluso morboso a una audiencia joven. No obstante, la directora combina muy bien el contraste entre el ambiente festivo de los millennials retratados en pantalla bailando y consumiendo drogas y las consecuencias de consumirlas, el estado en que pueden dejarte y el precio que debes pagar tanto por consumir como por traficar con ellas. Drogas, sexo, dinero y lujos son los ingredientes que juega Ibarra con algunos elementos propios de la telenovela mexicana en esta serie para Netflix, que bien está consiguiendo una gran aceptación por parte de la audiencia y que se puede situar en la órbita mexicana de “Monarca” o “El dragón: el regreso de un guerrero”.

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