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Reseña «El Hijo» («Brightburn», de David Yarovesky, 2019): ¿un antihéroe siniestro en la Tierra?

Estamos frente a un personaje que podemos relacionar con el protagonista de con The Omen (1976), es decir, el siniestro niño Damien Thorn con la premisa esencial de intentar instaurar un nuevo orden en la Tierra que, en lugar de prosperidad y bondad nos pretende otorgar caos y destrucción en clave de ciencia ficción. Si bien en el caso del niño de La profecía se pretendía que se convirtiera en el Anticristo que gobernaría la tierra, dejando bajo su mando (y en sus numerosas expansiones transmediáticas) un mundo de caos y destrucción indefinido, en el caso de El Hijo (2019), éste aterriza en la tierra a modo de antihéroe que, en lugar de pretender heroicamente aportar prosperidad, se encarga de sembrar el caos, viniendo del futuro.

Si bien la película se inserta en un extensísimo contexto donde los superhéroes inundan las salas de cine (y teniendo como productor James Gunn, cineasta detrás de Guardianes de la Galaxia junto con su hermano y dirigida por David Yarovesky), Brightburn intenta tomar como protagonista con superpoderes dotándolo de una vuelta de tuerca en el género: Brandon aparece en la vida de una pareja deseosa de convertirse en padres, pero con problemas de fertilidad. Tory Breyer tiene el ferviente deseo de ser madre junto a su marido Kyle, pues forma parte de su concepto de proyecto en común.

La llegada de Brandon

De manera totalmente inesperada, una noche aparece en su jardín un bebé extraterrestre con un aspecto humano como si fuese un regalo divino o un milagro a sus profundos deseos. Los Breyer adoptan y crían a Brandon como si fuera su hijo biológico, aunque a medida que se acerca la pubertad de este, su comportamiento deja de ser tan dulce, amigable y, en cierto modo, obediente para convertirse en extraño, hostil y rebelde. ¿Adolescencia, simplemente? En el caso de Brandon las razones son más notorias: empieza a curiosear en el granero de la familia, concretamente, intenta abrir las puertas de una zona que tiene prohibida (donde los padres tenían escondida la nave donde lo encontraron de bebé), empezaba a desobedecer a sus padres, a tener actitudes violentas con los demás hasta el punto de causar miedo en su propia madre no biológica.

En la adolescencia de Brandon se empezaron a vislumbrar su verdadera naturaleza: el niño milagro que se transforma en un depredador suelto en Kansas que parece no tener escrúpulos. Algunos hechos trágicos y aparentemente inexplicables empiezan a suceder teniendo detrás a Brandon como ejecutor. En este sentido, resulta viable establecer la analogía con el personaje de Damien Thorn a partir del cual se sucedieron diferentes muertes en una primera instancia inexplicables. En una de sus expansiones transmediáticas, de hecho, analizada en RIRCA anteriormente, el personaje de Damien Thorn de la serie Damien (A&E, 2016), cuando el personaje empieza a descubrir su verdadera identidad es cuando empiezan a ocurrir hechos violentos o muertes inexplicables que tienen siempre en común al personaje del anticristo como epicentro narrativo (y, en nuestro análisis, a Brandon como antihéroe en el epicentro narrativo).

La irrupción de la verdadera identidad de Brandon y su llegada a la adolescencia

Unos padres humanos, al fin y al cabo, acaban adoptando y criando a un hijo con súper poderes cuyo origen es no humano y que encuentran (o les viene dado) en la naturaleza o en su entorno inmediato en un momento en que ellos desean tener aquello que no pueden y, pese a proporcionarles un entorno de seguridad, su identidad extraordinaria siempre acaba emergiendo, en ambos casos, para sembrar el caos y acabar desentrañando hechos siniestros en la tierra que dejan, a modo de señal prototípica en los personajes de asesinos en serie, un dibujo que representa su seña de identidad en los crímenes que se suceden en la tierra.

La idea subyacente de El hijo resulta interesante en tanto que une la constante de los superhéroes y del cine de terror contemporáneo protagonizado por personajes infantiles, en el que el villano forma parte de la cotidianeidad y puede ser nuestro propio vecino como audiencia, pero no se desarrolla con todo su potencial en tanto que acaba optando por un final previsible, pese a contener elementos que bien combinados hubiesen podido aportar otras líneas argumentales más atrevidas, aun teniendo presente las restricciones del género.

Quizá (parte) de la audiencia tenga en su memoria la peculiar sonrisa de Damien Thorn,
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