Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Reseña libro «La madre terrible» (Parra, 2020)

Amelia, madre en «Babadook» (2014), analizada en Parra (2020)

En su estudio “La madre terrible en el cine de terror”, Parra (2020: 16) pretende analizar la presencia de la figura de la madre en el cine de terror a partir de ejemplos del cine desde la década de los ‘50 hasta nuestra contemporaneidad, desde un enfoque psicoanalítico freudiano y de la psicología analítica de Carl Gustav Jung según el cual establece una clasificación de tipos de madres que entroncan bajo las narrativas construidas a partir de su definición de “madre terrible”, es decir, como “madres represoras, egoístas y malvadas (…) [que ponen de relieve] el lado oscuro del hecho maternal”. Para ello rastrea sus orígenes haciendo también hincapié en cómo los mitos antiguos asociados a las figuras femeninas perviven en diferentes tipos de madres terribles en el cine de terror, el cual, según Parra (2020: 17): “penetra en las grietas del orden psicológico y social a través de la metáfora, con lo que transforma las ansiedades más íntimas y los sentimientos más inaprehensibles en monstruos, fantasmas o hecatombes”.

En términos generales, la idea de “madre terrible” que utiliza el tratamiento del lado oscuro o menos edulcorado del hecho maternal nos hace situarnos en la definición de “mala madre” es decir, aquella cuyo marco de acción y de actuación se aleja del concepto “normativo”, naturalizado, es decir, mayoritariamente patriarcal del término. En ese sentido, la clasificación de diferentes tipos de “malas madres” o de “madres terribles” supone también una reivindicación del papel de la mujer en la sociedad, el resquebrajamiento y la deconstrucción de la familia tradicional patriarcal y la aparición de nuevos puntos de vista desde la creación y dirección artística.

Por ello, estas “malas madres” ya no temen en plasmar las dificultades que les acarrean la maternidad para situarlas también en el centro de la narrativa; tampoco temen en dejar de representar el modelo ideal de madre abnegada, correcta o perfecta sino que se atreven a reconocer que la maternidad no es aquello que la sociedad o la cultura intentaba idealizar, que quizá no les llena o no representan su “realización” como personas, más allá de ser mujeres ni tampoco se avergüenzan de reivindicar la complejidad de sobrevivir a la experiencia de la maternidad sin perderse a sí mismas en el camino o en el hecho de poder cometer errores en ello y que el sufrimiento (muchas veces silenciado) deje de ser un “tabú” social. Así pues, tal y como señala Parra (2020: 19): “Las malas madres cuentan hoy lo que las madres terribles habrían dicho de haber tenido voz en los relatos que las han retratado”. 

Así pues, desde los arquetipos psicoanalistas de Jung y la simbología que establece con la madre terrible (y desde la subyugación de la figura materna) desde su interpretación mitológica encontramos tres tipos: la Lamia como imagen primordial de la madre de las tinieblas (la bruja); en segundo lugar, la Esfinge como plasmación de la pulsión sexual provocada por el incesto (la madre freudiana) y, en tercer lugar, el Tifón, como el exponente más importante de la madre destructora (el máximo exponente de la teoría únicamente jungiana, el Tifón como base mítica para la representación de la madre como “dragón-ballena”). La simbología de la maternidad de Jung (titulada en 1912 como “Transformaciones y símbolos de la líbido”) hace referencia al triunfo de Horus, es decir, el dios celeste de la mitología egipcia sobre Tifón, a quien la tradición griega representa como un dragón. De acuerdo con Parra (2020: 23): “Representa de manera simbólica la rebelión del hijo contra la madre” en la que se ha concatenado la asociación con la simbología que se plantea desde el cine del género de terror, especialmente el contemporáneo que se ha atrevido a aportarnos representaciones no idílicas de la propia maternidad. Esto se relaciona, también, con la clasificación de Durand sobre las imágenes simbólicas de la figura de la madre terrible que parte del “régimen diurno” que en oposición al “régimen nocturno”, mucho más integrador y liberador, plantea lo femenino como animalizado y monstruoso y, en definitiva, como algo que debe temerse y someterse.

Bárbara Creed, indudablemente, en su trabajo “The Monstrous-Femenine. Film, Feminism, Psychoanalysis” crea una teoría clave en el que establece un diálogo sobre lo femenino y lo maternal representado como una cierta infamia en el cine de horror a partir del análisis de “El Exorcista” (William Friedkin, 1973); “Carrie” (Brian de Palma, 1976); “Alien” (Ridley Scott, 1979); “The Brood” (David Cronenberg, 1979) y “The Hunger” (Tony Scott, 1983). A partir de ello, instaura su teoría psicoanalítica en torno a la mujer castradora y el mito de Medusa, plasmado en “Sister” (Brian de Palma, 1973) como en “I Spit On Your Grave” (Meir Zarchi, 1978) aunque poniendo como ejemplo paradigmático de madre castradora a la señora Bates de “Psycho” (Alfred Hitchcock, 1960). Sin duda, el volumen se concibe como un estudio relevante en los orígenes mitológicos de la madre monstruosa en el cine de terror contemporáneo y sus grandes referentes.

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