Reseña: “Mindhunter”

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Como sus seguidores saben, Mindhunter es una popular serie televisiva producida por Netflix. Pero de lo que no todo el mundo está al corriente es que esta se basa en hechos reales, muchos de ellos plasmados en un muy recomendable libro con idéntico título. Publicado originalmente en 1995, este plasma las experiencias vividas en primera persona por el agente John Douglas (Holden Ford en la serie), quien en su día revolucionó la Unidad de Ciencia del Comportamiento del FBI junto a compañeros como Robert K. Ressler (Bill Tench en la ficción de Netflix) o la doctora Ann Wolbert Burgess (Wendy).

Su proyecto echó a rodar en la década de los 70, conocida como la época “dorada” de los asesinatos en serie. La tarea que se propusieron realizar consistía en la elaboración de perfiles psicológicos de asesinos en serie encarcelados, obtenidos a través de la realización de entrevistas a dichos sujetos. El objetivo era establecer patrones de comportamiento comunes entre estos, lo que permitiría al departamento avanzar más rápidamente en sus pesquisas. De este modo podría reducirse rápidamente el número de culpables y capturar al perpetrador, evitando así que continuará matando. En otras palabras, la finalidad última del proyecto era salvar vidas.

Al inicio de la obra, Douglas dedica tres capítulos a introducir algunas pinceladas de los casos que relatará con todo lujo de detalles a partir del cuarto. Así, se establece un pacto con el lector, una promesa de ahondar en lo más profundo de las mentes criminales sujetas a análisis, pero sin entrar todavía en materia. Además de esto, aquí también se relatan algunos de los hechos más trascendentes de la vida del joven John Douglas anteriores a su ingreso en el FBI. Sorprendentemente, además de su paso por el ejército, se mencionan algunos incidentes menores con la autoridad en los que el joven Douglas se vio involucrado.

Pero es a partir del séptimo capítulo, cuando Douglas ya forma parte de la Unidad de Ciencia del Comportamiento, donde se relatan los hechos más interesantes de sus apasionantes veinticinco años de carrera en el FBI. Como queda reflejado en la serie, por aquel entonces el joven agente impartía cursos de formación junto a su colega Bob Ressler, lo que les obligaba a seguir un itinerario a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Ambos trataban de proporcionar herramientas a los cuerpos de policía locales que les permitan capturar a asesinos en activo, y, a medida que se granjeaban el reconocimiento de sus alumnos estos les solicitaban su ayuda en casos concretos. Así pues, Douglas y Ressler compaginaban la formación interna y la investigación criminal, una dinámica de trabajo que queda perfectamente definida en el título de este capítulo: “El espectáculo sale de gira”.

Es también aquí donde se narra la curiosa relación que entablaron los dos agentes con el asesino Edmund Emil Kemper II, más popularmente conocido como Ed Kemper, asesino de ocho mujeres, entre las que se encontraba su propia madre. Al igual que ocurre en la serie, Douglas y Ressler se toman la libertad de entrevistarse con el condenado en la California State Medical Facility de Vacaville. Su idea era a priori sencilla: los asesinos en serie encarcelados eran un valiosísimo recurso del que extraer información vital y conductual para registrar perfiles de comportamiento comunes. Cuantos más perfiles tuviera la unidad en sus manos, mayor sería su efectividad a la hora de elaborar el perfil de asesinos en activo, incrementando así considerablemente las opciones de la policía de apresarlos. Y como se relata aquí, el brutal y superdotado asesino Kemper sería la primera piedra de una amplísima  lista de colaboradores.

Mindhunter Kemper

Fotograma de la serie Mindhunter. A la izquierda, el asesino Edmund Kemper (Cameron Britton). A la derecha, Holden Ford (nombre del personaje basado en el agente John Douglas, interpretado por Jonathan Groff).

En el siguiente capítulo, titulado “El corazón de las tinieblas”, Douglas nos habla tres casos más. El primero es el de Richard Speck, que asesino a ocho estudiantes de enfermería en Chicago. Aquí se introduce la diferenciación clave entre asesinos organizados, como Kemper, y asesinos desorganizados, como el propio Speck. Douglas hace también alusión aquí a la relevancia de las experiencias vitales de la infancia y el entorno familiar en el desarrollo de un asesino en serie. El segundo es Jerry Brudos, un fetichista de los zapatos que agredía y asesinaba a chicas a las que fotografiaba. En palabras de Douglas, Brudos fue un producto de una madre castigadora y de sus propias obsesiones. El tercero es el de un director de una escuela de primaria con una fijación por los pies de los niños. En este caso se recomendó alejarlo de ellos, pese a que no hubiera llegado a dañar a ninguno, para prevenir un posible efecto escalada en las posibles fantasías del sujeto en cuestión.

Aquí el autor se pregunta qué pasaría si se pudiera detectar a tiempo la peligrosidad de sujetos como Speck y abordar sus sentimientos antes de que asesinen. ¿Sería posible de este modo haber prevenido los asesinatos que estaban por venir? Por otra parte, introduce la idea más desgarradora de toda la obra, y es que demuestra un gran pesimismo en lo referente a la rehabilitación de asesinos con motivaciones sexuales. A su entender, una vez se ha realizado la fantasía ya no hay vuelta atrás, más bien al contrario; suele producirse a partir de aquel instante una progresión constante. Además de esto, se menciona que estos sujetos suelen ser narcisistas y manipuladores capaces de pasar la prueba del polígrafo, que en la época era la herramienta más comúnmente utilizada.

En el siguiente capítulo, “El asesino tendrá un defecto del habla”, Douglas narra el caso del “Asesino del Sendero”, que asesinaba en zonas boscosas de San Francisco. En este caso, Douglas hizo uno de sus predicciones más osadas, que, como en otros muchos casos posteriores terminaría por confirmarse, pues el asesino efectivamente resultó tener un defecto del habla. Y es que la labor de la Unidad de Ciencia del Comportamiento se puso más de una vez en entredicho en sus inicios debido a la desconfianza de compañeros que tildaban a las prácticas de Douglas y compañía de una suerte de brujería, pues estos parecían ser capaces de predecir lo impredecible.

En “Ponerse en la piel del otro”,  Douglas nos habla de dos parejas de violadores y asesinos: Lawrence Bittaker y Roy Norris, y James Russell Odom y James Clayton Lawson Jr. Además, también relata el caso de Betty Jane Shade, una chica asesinada por su propio novio y el cuñado de este, que es uno de los casos en los que se centra la primera temporada de la serie. El autor también introduce aquí la idea de que la presencia de un trastorno mental no exime a un asesino de su responsabilidad, pues al fin y al cabo este escoge en última instancia hacer daño o no hacerlo.

En “Todo el mundo tiene un punto débil”, el caso que se expone es otro de los que se plasman en la serie; el del asesinato de la niña de 12 años Mary Frances Stoner, natural de Georgia, a manos de Darrel Gene Devier, que fue capaz de engañar al polígrafo. Douglas explica sus técnicas en más detalle, exponiendo que la sutil introducción de elementos relacionados con el crimen en la sala donde se realizó el interrogatorio fue clave para que Devier se derrumbara y confesará su crimen.

En los capítulos siguientes los autores hacen referencia a casos de otros muchos asesinos como Wayne Bertram Williams, que arrojaba los cadáveres de sus víctimas al rio para deshacerse de pelos o fibras que pudieran incriminarlo; el “Estrangulador de la Media”, que agredió a seis ancianas en Columbus; “las Fuerzas del Mal”, que se creía que era un grupo con motivaciones raciales integrado por siete hombres blancos pero que resultó ser Gail Jackson, un solo hombre afroamericano; el aterrador caso de Robert Hansen, que raptaba mujeres para más tarde liberarlas en los bosques de Alaska y darles allí caza; el asesino de prostitutas Steven B. Pennell; el célebre Unambomber; el asesino de Green River; o el “Estrangulador BTK” al que consiguieron capturar solo después de la publicación del libro, y que apaerecerá en la segunda temporada de la producción de Netflix.

En definitiva, para todo seguidor de la serie, esta es una lectura casi obligada que nos ayuda a ahondar en mayor profundidad en la mente de los asesinos en serie. Las preguntas que se esgrimen en la obra son las clásicas: ¿El asesino nace o se hace? ¿Es posible rehabilitar a un asesino una vez ha cometido su primer crimen? ¿Cómo pueden prevenirse los asesinatos? Según alguien con largos años de experiencia, un agente de la ley que ha pasado más tiempo conversando con asesinos en serie que ninguna otra persona, el crimen es un problema moral. Más cárceles, más tribunales y más policía quizás no sean la solución cuando la clave parece residir en la influencia (positiva o negativa) del entorno y la unidad familiar de un ser tan frágil como lo es un niño.

Referencia: Douglas, John, Mark Olshaker. Mindhunter. Cazadores de Mentes. Barcelona: Crítica, 2018.

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