Sentimentalismo interactivo en “To the Moon”

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To The Moon (2011) es una aventura gráfica indie desarrollada por Freebird Games cuyo elemento más destacable es su componente narrativo. Con el popular motor gráfico RPG maker, similar al del de un Pokémon o Zelda de game boy, en To The Moon el foco de atención recae sobre la historia de un anciano moribundo cuya última voluntad es viajar a la luna. Podría decirse que todo otro componente se ve relegado a un segundo o tercer plano, puesto que el videojuego tampoco propone grandes retos al jugador a nivel lúdico. La sensación que se experimenta al jugarlo es más bien la de estar acompañando a sus protagonistas hacia una conclusión narrativa, para lo cual debemos montarnos en unos raíles y dejarnos llevar.

To The Moon ha recibido alabanzas de la crítica precisamente por su capacidad de mover al jugador a sentirse vinculado y empatizar con su protagonista. Los personajes controlables son los doctores Watts y Rosalene, ambos empleados de la Agencia Sigmund de Generación de Vida, quiénes deben lograr realizar el sueño de su cliente, Johnny H. Wyles. El único inconveniente es que John no recuerda porque quiere viajar a la luna, y por ello los doctores deberán conectar con su infancia para que el John niño le recuerde el motivo que se esconde tras su anhelo. El único modo de lograr esto es introducirse en los recuerdos del anciano y moverse a través de ellos desde la actualidad hasta la niñez de John, siempre en orden cronológicamente inverso, e ir así desentrañando los entresijos de toda una vida.

En la parte superior de la pantalla se nos indica en que momento de la vida de John nos encontramos.

En la parte superior de la pantalla se nos indica en que momento de la vida de John nos encontramos.

A este efecto los doctores cuentan con un casco que les permite acceder a la memoria del cliente, y una vez dentro deben encontrar los diferentes mementos (objetos clave del pasado, tan mundanos como un bote de aceitunas o un conejo de origami) para poder viajar cada vez más atrás en el tiempo. Cuando encontramos uno de estos elementos, se nos presenta con un puzle que debemos resolver antes de poder realizar el siguiente salto temporal, pero estos rompecabezas no suponen un reto para el jugador, ya que son de resolución sumamente sencilla, lo que potencia la sensación de que el jugador es poco partícipe al nivel de la interacción. En esto se resume, a grandes rasgos, la mecánica de juego de To The Moon. Andar, recoger mementos, leer los diálogos que se desencadenan; volver a andar, a recoger mementos y a leer diálogos. Tal vez este sea su mayor punto flaco.

Los mementos son objetos que conectan con el pasado de John y que permiten al jugador viajar a través de sus recuerdos.

Los mementos son objetos que conectan con el pasado de John y que permiten al jugador viajar a través de sus recuerdos.

Por el contrario su mayor fortaleza reside en la historia que pone a disposición del jugador; la historia de una vida que bien podría ser la de cualquiera de nosotros. El juego no tan solo nos transporta a través del tiempo, sino que también nos hace partícipes de los distintos momentos vitales de su protagonista, y del variado abanico de emociones que se les asocian. Visitamos el miedo a la soledad, la ira, la más pura alegría o el amor, sin que el sentimentalismo impida que se produzcan situaciones humorísticas que surten el efecto de rebajar la tensión de manera efectiva, y que llegan normalmente de la mano del doctor Watts, en ocasiones a través de guiños a producciones como Pokémon o personajes como Hulk.

Mención especial para la banda sonora, que facilita que nos dejemos llevar por las emociones evocadas en cada momento, siendo este uno de los elementos más destacables, y uno que supera con creces al componente gráfico. Gracias a las delicadas melodías que pueblan el juego resulta más sencillo conectar con las emociones que Johnny experimentó en cada etapa. Entre ellas se encuentran canciones de momentos tan relevantes como la que el propio Johnny compone poco antes de la muerte de su esposa River, o la que podemos escuchar cuando ambos deciden construir una casa junto al faro (al que llaman Anya, como si de una persona se tratara), en un pasado más remoto y feliz.

En definitiva, To The Moon es un videojuego atípico que trata de llegar a la víscera del jugador a través de una historia lacrimógena y emocionante, y en este aspecto no puede ponérsele ningún pero, ya que su planteamiento es original y atrevido. No obstante tiene aspectos mejorables, y más que a sus gráficos (al fin y al cabo son resultones, y por otra parte en muchos videojuegos indie este es el componente que menor atención recibe, aunque esto no sea siempre así) nos referimos al componente jugable. El videojuego no presenta prácticamente ningún reto para el que se requiera ingenio, y este sí es un punto negativo, puesto que una excesiva focalización en la narrativa suele contribuir a que el jugador experimente una sensación de distanciamiento que en poco o nada ayuda al disfrute de la experiencia. Quizás el reto de cara a futuras producciones sea proporcionar todo el torrente de emociones que To The Moon pone a nuestro alcance, pero a través de la interacción, y no de la historia.

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