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The Big Bang Theory: reseña del episodio número 13 de la duodécima temporada

En este episodio, titulado “La polarización de la confirmación”, empieza por sorprendernos más por lo que no contiene que por lo que aparece en él. Me explico: el episodio duodécimo volvió a terminar con final abierto como ocurre otras veces, como, por ejemplo, cuando Raj y Anu acabaron distanciados tras la partida de paintball en el undécimo episodio. Pero en esa ocasión, como en otras, en el siguiente episodio podemos ver cómo termina el “conflicto” del que se trate. Sin embargo, aunque esperábamos aclarar en el número 13 si finalmente Leonard iba a usar el tarrito para muestras que Penny le buscó, dándole a entender que accedía a que fuera el padre biológico del hijo de su ex-novio (si os estoy liando, leed la entrada anterior; os comprendo), éste comienza y se desarrolla sin hacer referencia alguna a este tema, cosa que no acabo de entender, pues no es un tema nada trivial, y menos para una pareja tan aparentemente dispar como Lenny. En fin… ya veremos si en otros episodios se vuelve a la problemática y salimos de dudas; pero os recuerdo que iniciamos ya la segunda mitad de la última temporada… Como lo dejen mucho, nos quedamos sin saber si habrá “mini-Leonards” en la serie.

Por el contrario, este episodio se centra en mi pareja favorita (lo reconozco): Amy y Sheldon. El capítulo comienza con un falso “foreshadowing” con la presentación del programa de banderas que la pareja realiza y presenta en conjunto (como indican en la propia introducción del mismo y en el panel que hay detrás de ellos) pero al que llaman “Dr. Sheldon Cooper’s Fun with Flags”. Este recurso literario consiste en dar una pista a lo largo del desarrollo narrativo (normalmente al principio) que parece anticipar la resolución de conflicto del contenido del final de la historia contada. En este caso, se pone de relieve el afán de protagonismo de Sheldon, que da sólo su nombre a un trabajo realizado en realidad no sólo por él, sino también por Amy, al alimón. Y decía antes que es un foreshadowing falso porque en realidad, Sheldon nos sorprende en este episodio con una actitud completamente diferente a la mostrada en esta escena de obertura del episodio. Así, Shamy vuelve a demostrarnos que su amor, por más raro que pueda parecer a algunos, es un amor verdadero. Juntos para lo malo y ahora juntos para lo bueno. Si sufrieron unidos la refutación de su teoría de la súper-asimetría, ahora disfrutan unidos el éxito que, desde otra perspectiva, ha logrado alcanzar. Éste llega hasta el terreno de la Física experimental de la mano de dos investigadores de Chicago (Dr. Pemberton y Dr. Campbell) que, tras reconocer que su experimento ha confirmado la teoría de Shamy por casualidad, incluso sin haber llegado a entenderla (lo cual alivia a los espectadores que siguen sin comprenderla, entre los que me encuentro) vienen a Caltech a plantear la posibilidad de presentar en grupo una candidatura para el premio Nobel. La pareja de investigadores, que propician el cameo de Sean Austin y Kal Penn, resultan tan peculiares como el resto de la plantilla de la serie, sintiéndose tan ilusionados por optar al Nobel como por la oportunidad que su descubrimiento le ha facilitado de asistir al programa de Ellen DeGeneres (que tiene como invitado a John Stamos, el Tío Jesse). Pero lo más destacado de esta visita es que da la oportunidad a Sheldon de demostrar a Amy una vez más cuánto la quiere y Amy a hacer lo mismo por él. Y es que ellos plantean al genio que sería más fácil conseguir el Nobel si la candidatura es presentada por un grupo de tres en lugar de cuatro investigadores, y que, siendo Amy del campo de la neurociencia y no de la física propiamente, ella era la candidata perfecta a ser ignorada. Los que seguimos la serie -y El joven Sheldon– sabemos que para Sheldon el Nobel es uno de los objetivos principales de su vida desde su más tierna infancia, como ha sacado a colación infinidad de veces, y como Amy le recuerda. De ahí que ver cómo comunica a Amy la propuesta de los dos investigadores y cómo le explica que no está dispuesto a aceptarla porque no es justo para ella, resulta realmente loable. Pero, como aceptar esa tentación constituiría, además, una injusticia, puede decirse que más mérito aún tiene Amy al reaccionar diciéndole que, si quedando fuera del equipo candidato facilita el que Sheldon consiga su preciado Nobel, prefiere no constar en él, añadiendo: “I just want you to be happy”. Aquí se respira amor, amor del bueno, no del meramente pasteloso, sino del que se traduce en obras. Me encanta. Y Sheldon, como no esperaba menos de él (comenzó la temporada prometiendo que la felicidad de Amy iba a ser su prioridad a partir de su boda), tras decirle a Amy que ella es la única razón por la que él merece un Nobel, informa a su director de que la única opción posible es incluir a Amy en su carta de recomendación para la candidatura al Nobel. Lo hace con tanta seguridad y fuerza que, al recibir de inmediato la aprobación del Presidente de Caltech, el Profesor Siebert, se queda desconcertado, hasta el punto de que le pregunta qué puede hacer con la carga de energía que tenía para intentar convencerlo. A lo que éste responde que hay un gimnasio al que puede ir a desfogar. Y, conociendo a Sheldon, no nos extraña que tenga que indicarle dónde se encuentra. Sheldon en estado puro y demostrando que, a pesar de sus peculiaridades, es un ser encantador.

Resulta evidente que la historia de Shamy ha capturado mayoritariamente mi atención, pero voy a referir aunque sea brevemente el resto del contenido de este episodio. En él, la otra pareja principal es en esta ocasión de chicas. Bernadette consigue por fin sacar a delante uno de sus productos farmacéuticos -Inflamminex- tras previos fracasos como el de un anticongestivo que acabó usándose como disolvente, y otros que tiene legalmente prohibido contar. Para sacarlo al mercado ha pensado que la mejor líder de su equipo de ventas no es otra que Penny. Pero Penny siente una mezcla de miedo al fracaso por una mayor responsabilidad y miedo a lo mandona e imponente que puede llegar a ser Bernadette. No obstante, a pesar de que Penny evita a toda costa trabajar para su amiga, ésta usa las artimañas necesarias para que, sin obligarla, sea ella misma quien acceda al puesto ofrecido. Y no sólo es así, sino que el final del episodio muestra cómo la discípula llega a la altura de la maestra en sus dotes de liderazgo, que nada tienen que envidiar a las de la incisiva Bernadette, que se siente orgullosa de su jefa de ventas. En resumidas cuentas, para relacionar estas dos secciones del argumento, podría decirse que el episodio va del trabajo en equipo, del reconocimiento y el apoyo entre personas -y a la vez amigos, o incluso esposos- que trabajan juntos. No es mal trasfondo.

En este episodio, nos alegramos de ver cómo Amy y Sheldon disfrutan de las mieles
El pasado 22 de septiembre Netflix estrenaba su apuesta del género de comedia para 2016,
Si en anteriores posts dedicábamos un breve espacio a recomendar las filmografías de directores tan
 

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