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Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Thom Yorke vs Goblin: la(s) música(s) de «Suspiria»

Hoy vuelve a colaborar con nosotros Guillermo Amengual. Después de realizar un repaso a la filmografía del cineasta ruso Andrei Tarkovsky, hoy nos analiza la importancia de la banda sonora de los dos versiones de Suspiria:

Antes de nada, permitidme criticar el propio título que he puesto al artículo, pues para nada quiero crear un debate sobre que banda sonora es mejor o quien es mejor compositor, sino analizar la nueva banda sonora del remake de Guadagnino, como interacciona con la película y como se ve influenciada por su antecesora.

Es innegable que la banda británica Radiohead funciona magistralmente tanto en equipo como por separado. Y me remito al gran potencial individual que tienen sus integrantes, quienes todos y cada uno han participado en la composición de algún tema para la banda sonora de una película. Sin duda, el más veterano en la realización completa de una banda sonora es Jonny Greenwood (guitarrista solista de la banda) quien ya nos ganó a muchos creando magníficas composiciones para filmes tan notables como Phantom Thread (Paul Thomas Anderson, 2017), You Were Never Really Here (Lynne Ramsay, 2017) o The Master (Paul Thomas Anderson, 2012).

Pero quien verdaderamente nos interesa es Thom Yorke (el líder de la banda) quien compone por primera vez en su carrera una banda sonora: la del nuevo remake de Suspiria (dirigida por el versátil director italiano Luca Guadagnino) en concreto. Un excelente trabajo que, en mi opinión, poco tiene que envidiar al original compuesto en el 1977 por Goblin (una banda de rock progresivo italiano formada, en aquellos años, por Claudio Simonetti, Fabio Pignatelli, Massimo Morante y Agostino Marangolo) junto a Dario Argento, ya que da el toque perfecto a este retorcido y estremecedor cuento de brujas que es Suspiria.

Algunos críticos han valorado las composiciones de Yorke como una obra que nunca llegaran a equipararse con las piezas compuestas por Goblin. El problema en esta valoración es la acción automática que se lleva a cabo al criticar un remake, compararlos al milímetro.

El remake de Guadagnino toma una estética totalmente ajena a la empleada por Argento. Mientras que en la película de este último se recurría a una estética barroca, sobrecargada y saturada; el remake toma una estética más clásica y tenue; por lo que la banda sonora seguirá esta línea artística.

Inspirándose en los sentimientos que le transmitió el guión, Thom Yorke crea una banda sonora liderada por un melancólico piano que consigue recrear esa belleza estética simplista y academicista que reina en toda la película, y esa soledad que rodea a cada uno de los personajes.

No obstante, Yorke recurre igualmente a otros instrumentos como sintetizadores, que junto a coros, consigue llegar a transmitir esa atmósfera tensa que todo film de terror necesita. No con melodías eléctricas como utilizan otros grandes maestros como John Carpenter o Goblin, si no unos sintetizadores con sonidos perturbadores que consiguen crear, sin serlo, pequeños suspiros agónicos. Incluso se utilizan otros instrumentos típicos de formaciones de grupos musicales como baterías, guitarras eléctricas o bajos eléctricos (cuya utilización en esta banda sonora me hacen recordar a las composiciones de Ángelo Badalementi).

Las piezas de Yorke van desde los valses y delicadas composiciones que consiguen crear una total dicotomía con las imágenes que la acompañan (como las perturbadoras y nostálgicas Suspirium y Unmade), chirriantes piezas que evitan una consonancia musical, para estremecer al espectador y mantenerlo en un estado tenso e incómodo, como Voiceless Terror, completas cantatas (piezas interpretadas por un coro) como Sabbath Incantation, hasta la inquietante pieza maestra de madame Blanch: Volk, que bebe tanto de corrientes de música clásica como contemporánea.

No obstante, pese a no ser una banda sonora tan sobrecargada como la original, sí que podemos destacar varias influencias y similitudes con ella:

– Vemos como ambas utilizan la reiteración de la melodía como un recurso que el mismo Thom York destaca por su efecto hipnótico y estresante.

– Los susurros y llantos que aparecen en la banda sonora de Goblin también son referenciados en la de Yorke a través de sonidos que recuerdan a suspiros o a la disnea presente en todo el film (por algo se llama Suspiria); como en el magnífico, y a partes iguales, escalofriante tema principal de la película de Argento, y en The Storm that Took Everything en el remake.

Referencias a piezas clásicas de baile como el vals, como en Death Valtze (Goblin) y en Suspirium (Yorke)

– Utilización de instrumentos eléctricos y propios de bandas rock, como en Black Forest (Goblin) y Open Again (Yorke).

– Utilización de sintetizadores (pese a haber algunas diferencias anteriormente comentadas) como en Markos (Goblin) o en The Hook (Yorke), donde en esta última sí que vemos un sonido eléctrico a que recuerda directamente a la primera pieza mencionada.

En definitiva, la banda sonora de Thom Yorke pasa más desapercibida que la de Goblin, pero su calidad e importancia son vitales para conseguir transmitir por completo el alma y la esencia del film y creando una elegante consonancia con la estética, y renovando – pero no olvidando – su predecesora.

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