Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Un nuevo y espectacular “God of War” inspirado en la mitología nórdica

Desde su nacimiento allá por el año 2005 la saga God of War se ha ambientado en la mitología griega, de ahí que cuando se anunció una nueva entrega inspirada en los mitos nórdicos la sorpresa fuera mayúscula. ¿Cómo iba a encajar Kratos, el dios de la guerra griego, en el hábitat de deidades como Odin, Thor, Loki, Freya y compañía? Pero la gente de Santa Mónica Studio no dudó, y se puso manos a la obra bajo la batuta de Cory Barlog, en un proceso de producción que les ha llevado cinco largos años. Ningún esfuerzo ha sido en vano, ya que han logrado realizar una obra maestra que ha sido aclamada a partes iguales por crítica (con una puntuación de 94 en metacritic) y fandom. El único inconveniente es que se trate de un videojuego exclusivo para playstation 4, lo que ha propiciado que muchos nos veamos obligados a adquirir la máquina de Sony. Sin embargo, esta adquisición ha resultado estar más que justificada. Entremos en faena.

Unos de los puntos de esta entrega que mejora ostensiblemente a todas las anteriores es la inclusión de una narrativa mucho más cuidada, en la que el ahora barbado Kratos comparte protagonismo con su hijo Atreus. Y es que este God of War es, ante todo, la historia de un padre y su hijo. Y aunque no es este un tema ajeno a la saga, lo cierto es que aquí se hace con la práctica totalidad del protagonismo. Kratos es un guerrero rudo y parco en palabras, si bien la edad parece haber templado su temperamento en cierta medida. Su hijo, por el contrario, se muestra más parlanchín y sesudo. La relación entre ambos presenta sus complicaciones, y uno de los atractivos del videojuego es precisamente presenciar la progresión de la relación paterno-filial, plagada de baches.

Kratos lleva unos diez años a la sombra en un autoimpuesto exilio en el norte, alejado de un tempestuoso pasado marcado por su ilimitada sed de venganza. El periplo junto a Atreus parte de su intención de cumplir la última voluntad de Faye, amada de Kratos y madre del chico. Para ello deberán cargar con sus cenizas hasta la cima más alta de Midgard, donde deberán arrojarlas. Lo que podría parecer poco más que una excursión de fin de semana se complica cuando uno de los dioses nórdicos toca a la puerta de la apartada cabaña que habitan padre e hijo. Es entonces cuando la violencia vuelve a entrar en la vida del dios de la guerra griego. Ya se sabe que, si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma, y es que parece que no puede haber paz para Kratos.

Kratos Atreus
El apartado ténico de este God of War es sencillamente espectacular.

A partir de aquí el jugador se embarca en una aventura épica que tiene lugar a lo largo y ancho de algunos de los nueve reinos que sujeta el árbol de la vida Yggdrasil. Si bien la mayor parte de la acción transcurre en el plano central de Midgard, uno de los aspectos más encomiables de este God of War es que el jugador tenga la oportunidad de visitar otros lugares, como Alfheim, Helheim (o Hel), Niflheim, Muspellheim, o el mismísimo reino de los gigantes: Jötunheim. Svartalfheim, habitado por los elfos oscuros y los enanos, y Vanaheim y Asgard, habitados por los dioses Vanir y Aesir, respectivamente, quedan en el tintero para una próxima entrega. El tratamiento de los mitos legados por cronistas como Snorri Sturlusson es excelso, y aporta un grado de riqueza extra a la obra.

Este nivel de mimo y detalle se pone de manifiesto en muchos otros aspectos de la aventura. Uno de ellos es la presencia de múltiples enemigos extraídos del folklore nórdico como los draugr (o no muertos), los trolls, los lobos o las cuasi inmortales valkirias. Tampoco podían faltar varios dioses que batallar, aunque en este caso representados de un modo bastante libre para encajar en los planes narrativos de la obra. Pero uno de estos pesos pesados se pondrá del lado de los foráneos. Se trata de Mímir, guardián de las fuentes de la sabiduría, cuya cabeza nos acompañará durante gran parte de la aventura, proporcionándole al siempre ávido de conocimiento Atreus grandes dosis de información acerca de los dioses y gigantes nórdicos.

Mimir
El papel de Mímir como procurador de información será clave.

También habrá que coleccionar objetos como máscaras o mascarones de barcos vikingos, que se podrán vender en las tiendas de los hermanos enanos Brok y Sindri, los herreros productores de los objetos más preciados por los dioses. Además, para incrementar su salud Kratos deberá encontrar manzanas de Idunn (que según el mito proporcionan juventud eterna a los dioses), y para potenciar su ira deberá hacerse con cuernos de hidromiel (el brevage predilecto de los vikingos), ambos repartidos en cofres ocultos. Para abrirlos será necesario resolver sencillos puzles que tienen como protagonistas a las famosas runas nórdicas. Pero las runas no solo aparecen representadas de este modo, sino que también será necesario leerlas o dibujarlas en recipientes de arena para poder abrir ciertas puertas y así acceder a algunas áreas del mapa. De esto se encargará Atreus, versado en este lenguaje de símbolos gracias a la educación que le proporcionó su madre.

Jörmungandr, la serpiente de Midgard que sujeta el mundo y antagonista por antonomasia de Thor, protagoniza la aparición estelar. Y es que, al fin y al cabo, el gran conflicto representado en la mitología nórdica es el que tiene como protagonistas a dioses y gigantes. No olvidemos que la sierpe, hija de Loki, está del lado de los gigantes. Por tanto, su voluntad de contribuir en lo posible al avance de Kratos y Atreus nos proporcionará algunas pistas argumentales de importancia, que se verán confirmadas en el giro que se produce en el desenlace de la historia, que no sorprenderá a los jugadores que hayan estado más atentos a lo largo de su desarrollo y que tengan cierto conocimiento de los mitos.

jormungandr
Jörmungandr facilitará el avance de Kratos y Atreus. ¿A que se deberá su simpatía?

Pero, ¿Qué hay del componente jugable de God of War? Pues bien, este está a la altura de su cuidada narrativa y de su apabullante apartado técnico. Los combates los protagoniza Leviatán, el hacha que blande Kratos, y que utiliza en el combate cuerpo a cuerpo junto a su escudo, pero también como arma arrojadiza. En esta segunda función esta arma sirve también para resolver numerosos puzles. A Leviatán se le añaden las Espadas del Caos, recuperadas de ediciones anteriores. Y, por último, pero no por ello menos importante, el arco y las flechas de Atreus; las hay de distintos tipos, y con diferentes efectos en los enemigos, aunque también sirven para resolver puzles. Todo este armamento puede ir mejorándose a lo largo de la aventura, subiéndolo de nivel, adquiriendo nuevos combos de combate (hay árboles de habilidades para Leviatán, las Espadas del Caos, el arco de Atreus, y también el modo Ira de Esparta) y encontrando o adquiriendo runas mágicas que engarzar en cada pieza.

El resto del equipamiento lo conforman la armadura, brazales, cinturón, amuleto y pomo del hacha de Kratos, y la armadura de Atreus. Estos objetos potencian distintos atributos como la fuerza, la vitalidad o la suerte del personaje, además de poder proporcionar otro tipo de mejoras que contribuirán a que el dúo salga airoso de sus numerosas contiendas. A grandes rasgos hay tres tipos de objetos mágicos: los básicos, los épicos y los de set. Uno de los grandes retos que presenta este God of War es precisamente el de conseguir aquellos objetos que potencien al máximo las habilidades de Kratos, lo que alarga considerablemente la duración del juego. Si a esto le añadimos el gran número de misiones secundarias, entre las que se encuentran liberar a tres dragones, derrotar a nueve todopoderosas valkirias o completar los reinos opcionales de Niflheim y Muspellheim, nos encontramos ante una aventura ampliamente más larga que sus predecesoras.

En definitiva, se puede decir más alto, pero no más claro: este God of War es una obra maestra. A la acción vertiginosa de las anteriores entregas se le añade ahora una historia con mejor poso, donde la violencia por la violencia no abunda tanto como antaño. Al elemento excesivamente gore de otras entregas le gana aquí terreno una narrativa cuidada que respeta los mitos en los que se inspira sin por ello renunciar a hacérselos suyos. Da la impresión de que la saga ha dado un salto evolutivo en una dirección hacia la madurez, lo que agradará a muchos. Y la mejor noticia es que parece claro que habrá más historias de Kratos y Atreus ambientadas en el universo nórdico, ya que podría decirse que son más los enigmas que el videojuego plantea que las respuestas que proporciona. De hecho, algunos de los pesos pesados del panteón nórdico no hacen acto de aparición, y ya son muchas las teorías de los fans acerca de lo que nos espera en la próxima entrega. ¿Será en playstation 4, o en la futura máquina de Sony? Nos mantendremos a la espera.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *