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«9-1-1» y «The Assassination of Gianni Versace», las dos nuevas producciones de la factoría Murphy

2018 no ha podido empezar mejor para Ryan Murphy. En menos de quince días se estrenaban sus dos últimas producciones: el 17 de enero se asomaba a las pantallas la nueva entrega de American Crime Story centrada en el asesinato de Gianni Versace y el 31, se estrenaba la primera temporada de 9-1-1 que narra distintas situaciones que recibe diariamente el número nacional de emergencias. Dos productos absolutamente diferenciados a los que vale la pena dedicarles un post conjunto e introductorio con la seguridad de que, más adelante, merecerán análisis más específicos en este blog.

Como acabamos de comentar, los productos surgidos de la factoría Murphy no pueden estar más en las antípodas genéricas y estéticas. El primero de ellos, 9-1-1, va a seguir el más puro esquema procedimental en el que los episodios semanales tendrán una independencia temática y van a estar unidos por las historias y relaciones de cada uno de los personajes. En el más puro esquema procedimental también cada episodio va a resolver positiva o negativamente varias situaciones cotidianas que van de lo más estrambótico a lo más escalofriante pasando por la normalidad más absoluta; y son varias y no una exclusivamente como muestra del dinamismo de las acciones del equipo que se encarga de cubrir las emergencias surgidas en la ciudad de Los Ángeles y que no es otro que el triángulo formado por la operadora del servicio, el cuerpo de bomberos y la policía de la ciudad.

Uno de los casos de 9-1-1 que contemplamos en el episodio piloto

Más allá de los esquemas canónicos del género al que se adscribe la serie —un dramedy en toda regla por otra parte creado por las mentes de Murphy, Brad Falchuk y Tim Minear, como no podía ser de otro modo— la serie resulta interesante no tanto en el desarrollo de las distintas tramas como en el planteamiento de la dualidad esencial de la serie: las personas deben enfrentarse a emergencias públicas pero especialmente a las emergencias privadas que, en muchas ocasiones, no tienen una resolución fácil. Así, los personajes principales de la serie son personajes que tienen que lidiar con sus circusntancias personales: la representante policial, Athena (Angela Bassett), se ve inmersa en una nueva situación familiar al hacerse público que su marido es gay; la operadora del 9-1-1 Abby (Connie Britton) cuida de su madre con Alzheimer al tiempo que se lamenta de no saber cómo acaban los casos que atiende y de la que es una parte importante; y, finalmente,  el cuerpo de bomberos estará  formado por Bobby (Peter Krause), un adicto al sexo que intenta cubrir su adicción con actos arriesgados que no hacen más que resaltar su tremenda fragilidad,  el jefe de la unidad  Buck (Oliver Stark) cayó en el alcoholismo tras ver que no todos los casos tienen finales felices como nos hacen creer las películas o los documentales heróicos; por último, «Chimney» (Kenneth Choi) y Henrietta (Aisha Hind) van a tener una funcionalidad escapatoria y relajante para la unidad al poner en práctica la filosofía místico-culinaria en el primer caso y como «mother hen» en el segundo caso.

En definitiva, 9-1-1 insistirá en modelos canónicos a los que añadirá una estética nítida tanto en su planificación como en los lugares en los que se desarrolla la acción o se reúnen los protagonistas: una estación de bomberos que se asemeja más a un «dinner» impoluto de los años cincuenta e incluso al comedor de una familia americana modélica como los «Brady Bunch» que a un lugar donde hay trabajadores sudorosos y sufriendo condiciones laborales y emocionales más que lamentables. Una visión un tanto idílica que se ve acompañada por una banda sonora contemporaneizada y que complementa los casos semanales. De visionado amable, lo más destacable es que 9-1-1 cumple con todos los objetivos de la Half Foundation de Ryan Murphy dando visibilidad y oportunidades a mujeres en la dirección de ficciones televisivas. Un mérito que debemos señalar y una premisa que Murphy cumple a rajatabla.

Edgar Ramírez como Gianni Versace

Muy diferente es el caso de The Assassination of Gianni Versace, la segunda entrega de la antología American Crime Story cuyo guión firmado por Tom Rob Smith y como en la temporada anterior dedicada al juicio a  O.J.Simpson, va a tener un origen literario: la obra Vulgar Favors de Maureen Orth (Dell Books, 2000) en la que se intentan encajar las piezas de la persecución y personalidad de Andrew Cunanan, asesino del diseñador italiano. Y eso es lo que va a mostrarnos Ryan Murphy desde el episodio piloto que va a firmar como director, tal como acostumbra a hacer en la mayoría de sus series.

Los quince primeros minutos del episodio piloto son no ya reveladores sino una auténtica declaración de intenciones. El neobarroquismo del diseñador y de la estética cinematográfica desplegada están presentes desde la primera imagen y la idea de pasión del personaje desde el sentido más religioso del término y desde un planteamiento emocional para el espectador también desde el primer acorde musical. Así, y a pesar de las quejas de la familia Versace a la traslación ficcional de Murphy (algo que parece perseguirle como también sucedió en Feud con la querella presentada por la centenaria Olivia de Havilland al retrato negativo que se ofrece de ella en Bette & Joan), el episodio piloto desprende un enorme respeto y admiración por la figura y el significado de Versace en el mundo cultural y también en el mundo homosexual en una década, la de los noventa, no excesivamente positiva para este colectivo. Una temática, por otro lado, reiterada por Murphy en otras producciones como Running with Scissors (2006) y, especialmente, The Normal Heart (2014)  con la que el argumento de la entrega tendrá una cierta relación temática insinuando que Versace era portador del VIH, un elemento que servirá a Murphy para insistir en la no superación de la marginación social del colectivo LGTBI por este hecho, aún en la actualidad.

Darren Criss interpreta a un hipnótico y paranoico Andrew Cunanan

De esta manera, la propuesta de Murphy va más allá del puro biopic de Versace para adentrarse en los condicionantes sociales de los protagonistas de la tragedia: las polémicas de Gianni (Edgar Ramírez) con su hermana Donatella (interpretada magistralmente por Penélope Cruz) no solo referidas al mundo de la moda y de sus divergencias estéticas, sino a la idea de familia italiana —nos atreveríamos a decir que una familia patricia de la antigua Roma— que se romperá tras la muerte del primero; la marginación e incomprensión hacia Antonio D’Amico (Ricky Martin) pareja del diseñador durante quince años y considerado como un depravado advenedizo, repudiado por los Versace tras el asesinato; y, por último, el retrato psicológico, enfermizo al tiempo que hipnótico, de Andrew Cunanan (con un espectacular Darren Criss) quien llevará el peso de la acción.

Como en el caso de O.J. Simpson, el thriller centrado de nuevo en los fallos del sistema (encabezado por la actriz Dasha Polanco) se combinará con el biopic ficcional, en este caso un minority biopic en toda regla como también suecede en Bette & Joan, Feud y la primera temporada de American Crime Story centradas en colectivos minoritarios: los conflictos raciales y la reivindicación feminista en el caso de la primera entrega de la antología, y la situación de la mujer en la industria cinematográfica y el ageism en Feud. Un minority biopic centrado en el colectivo homosexual y en el desarrollo de las masculinidades e identidades de género que parece que tendrán una importancia extrema en la nueva propuesta de Murphy, Pose, aprobada por FOX en 2017 según leíamos en su momento y que desarrollará sus argumentos en los inicios del imperio de Donald Trump coincidente con el auge  de los drag queen en la ball culture de los suburbios neoyorquinos a finales de la década de los ochenta.

Edgar Ramírez, Penélope Cruz, Rick Martin y Darren Criss

Dos series de muy distinta factura que hemos descrito simplemente pero que tienen todas las características de la poética murphyana —en este punto, tendremos la osadía de hacer propaganda de nuestro grupo y de su última publicación dedicada íntegramente a nuestro showrunner favorito. Y dos series que, como el resto de la producción de Murphy pasará a depender de Netflix tras la sonada compra de FOX por parte de Disney; algo que provocó el espanto del transgresor Murphy quien se apresuró a condicionar su permanencia en FOX a la libertad de creación. Afortunadamente todos hemos salido ganando con este cambio de cadena no solo porque podremos ver de un tirón las nuevas producciones de Murphy sino, y de manera especial, porque el fichaje de Netflix es una garantía de riesgo  tanto narrativo como estético en la ficción televisiva contemporánea. Murphy y los espectadores estamos, pues, de enhorabuena.

El día 12 de septiembre se estrenaba la muy esperada octava temporada de American Horror Story.
Anunciada en 2017, sin un formato definido todavía en esos momentos pero con la premisa
De la Torre, Toni (coord.). La medicina en las series de televisión. Barcelona: Cuadernos de
 

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