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Representación Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

And hell itself my only foe. La antesala del infierno

En la recta final de la temporada y también de nuestro repaso a la segunda temporada de Penny Dreadful, Jesús Diamantino nos ofrece un recap del sorprendente -¡cómo no!- capítulo de la serie. Gracias por tu colaboración.

El descenso a los infiernos es el motivo que mejor define al penúltimo capítulo de Penny Dreadful. Nuestros personajes se adentran en los más profundos abismos de la maldad y la perversión. Siguiendo el mismo afán heroico de la primera temporada, el grupo se desplaza a un nuevo locus terrorífico en donde se dará lugar el clímax de esta segunda y brillante entrega.

En este sentido, la poética de Logan no solo se proyecta a través de la reactualización de los tópicos victorianos, sino también a través de su osado tratamiento del espacio. El laberinto infernal que nos propone esta vez escenifica intertextualmente el castillo gótico y sus demoníacos inquilinos: monstruos indecibles que dieron origen al imaginario fantástico de la literatura anglosajona como reflejo de la desproporción dionisíaca; un discurso caótico en cuanto a su vínculo primario con la otredad y con aquella dimensión irracional que el ser humano aun no logra extirpar de su interior. «Nadie está libre de pecado», dijo Vanessa Ives al comienzo del episodio; un aforismo que justifica el laberinto emocional de los personajes que se replica en las paredes de la mansión de Madame Kali.

Sir Malcolm sucumbe ante los fantasmas del remordimiento y el doctor Frankenstein se enfrenta a sus vástagos artificiales mientras que Ethan Chandler libera a su mortífera bestia, la que termina arrebatándonos a uno de los miembros más emblemáticos de la congregación de superhéroes. Un sacrificio necesario para la causa bíblica de los protagonistas.

Resulta interesante la forma en que se perfilan (aunque tardíamente) los arcos argumentales que supuestamente definirán la tercera temporada. Cuando aún no terminábamos de asimilar la impresionante revelación de Lily y su empoderamiento femenino, vemos a Dorian Gray arrodillarse ante ella, como un voluptuoso homenaje a su renacimiento. El sexo, la mutilación y el frenesí de la desmoralización, pareciera vaticinar las consecuencias apocalípticas de la existencia de Brona. Un complemento apoteósico de lujuria y descontrol primitivo; todo lo anterior matizado por una extraordinaria sofisticación en la puesta en escena.

Reeve Carney Dorian Gray Opera Penny Dreadful 14
Dorian en su mansión

Por último, y bastante lejos de la elegancia vampírica de Dorian Gray, Caliban sufre el encarcelamiento y la marginalidad que definen su existencia, esta vez como una de las principales atracciones de un nuevo museo de horrores; un pavoroso espectáculo metaficcional que hace eco de la maravillosa American Horror Story, Freal Show de Ryan Murphy. La celda no es más que otro espacio infernal… un descenso que recién comienza, no solo para John Clare sino también para todas las figuras que sostienen esta serie magistral; en especial para Vanessa Ives, quien está a punto de coger la mano de Lucifer.

Lo mejor:  La ilimitada desmoralización de Dorian Gray y la liberación de Lily. El castillo de Madame Kali.

Lo peor:  La muerte de uno de los personajes más atractivos de la serie, del cual, hasta el momento, no sabemos prácticamente nada.

Lo que podría venir: el fin del mundo, sin duda.

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