«Assassin’s Creed: la película», un salto de fe en la dirección equivocada

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Toda persona que sea adepta a cualquier juego de la franquicia Assassin’s Creed sabe que si se equivoca de comandos al realizar un salto de fe, aún por muy complicado que sea, la consecuencia más inmediata es la desincronización total. O, en otras palabras más sencillas para aquellos que no estén familiarizados con la jerga usada en los juegos, básicamente, mueres. Por supuesto, este elección de palabras no es fortuita. Y es que, como se puede deducir entre líneas, la adaptación cinematográfica de los videojuegos desarrollados por Ubisoft se ha caído de la atalaya más alta y en la dirección equivocada por muchos motivos. Aunque, sinceramente, he de admitir que a mi no me ha extrañado en absoluto.

Siendo este el proyecto de imagen real más ambicioso de las adaptaciones de esta famosa saga de videojuegos – recordad los episodios titulados Linage lanzados en 2009 en Youtube para la promoción de la segunda entrega – la cinta volvería a reunir al equipo de la exitosa nueva versión de la obra shakespiriana del 2015, Macbeth, con el director Justin Kurzel y con Michael Fassbender y Marion Cotillard como protagonistas. Sin embargo, y a pesar de los grande nombres que se asociaban al proyecto, desde que se anunció la producción a mediados de 2014 aprovechando el paso de la franquicia a la siguiente generación de consolas con el lanzamiento simultáneo de Unity y Rogue, muchos han sido los detractores de que el proyecto se realizase y, sobretodo, con la duda – y casi afirmación – de que éste no llegaría a buen puerto.

Aguilar, líder de la hermandad de Asesinos en Sevilla, se prepara para un salto de fe desde la Giralda

Aguilar, líder de la hermandad de Asesinos en Sevilla, se prepara para un salto de fe

La trama de la película, con una base centrada entorno a la mitología desarrollada en los cuatro primeros juegos, nos narra la historia de Callum Lynch un peligroso delincuente que es “reclutado” por la compañía Abstergo Industries con intenciones poco claras. Pronto, nos descubrirán que esta corporación liderada por una versión moderna de los Templarios anda tras la búsqueda de una reliquia milenaria que contiene un poder ilimitado pero cuya ubicación les resulta aparentemente desconocida. Esto se solucionará gracias a una máquina denominada el Animus en la que cualquier persona puede acceder a su memoria genérica recordando y reviviendo de manera virtual la vida de uno de sus ancestros. Así, la cinta nos trasladará a la España de La Inquisición en el que el antepasado de nuestro protagonista, Aguilar, miembro de una hermandad de asesinos – los autodenominados “Assassins” – tendrá que recuperar este artefacto misterioso de las manos del mismísimo Tomás de Torquemada.

La premisa que guiará la estructura de la película y que se corresponde al planteamiento de gran parte del primer Assassin’s Creed con Desmond Miles como conejillo de indias, a Altaïr como su antepasado asesino y la reconquista de la Tierra Santa como escenario. Hasta aquí todo correcto. Sin embargo, la cinta y su desarrollo son un verdadero despropósito uno tras otro y que deja mucho que desear, teniendo en cuenta el exhaustivo control de Ubisoft ejerció en el guión desde el comienzo. Porque las carencias de esta producción van mucho más allá de si el espectador conoce o no la saga de videojuegos. Realmente, eso es lo de menos. Porque, intentando ponerme en la piel del público que no conoce la mitología original, sencillamente, la película es incoherente.

Cal no tendrá una estancia placentera en las instalaciones de Abstergo

Sophia (Cotillard) es la jefe del proyecto Animus 4.3 de Abstergo

El principal error que comete el argumento es creerse ser más inteligente que el espectador. El intento por condensar la mitología básica del universo Assassin’s Creed deprisa y corriendo hace que la cinta termine siendo una suma de verborreas explicativas poco creíbles que colapsan a cualquiera y que sustituyen a las escenas de acción que tanto prometían en los trailers. Está claro que en un argumento que tratará elementos de ciencia ficción tienen que quedar suficientemente claros para que el espectador se involucre en la historia desde el comienzo. Eso es indiscutible. Sin embargo, también es importante saber cómo se dosifica esa información para que se tenga una apreciación lógica y una sensación de que este universo pueda llegar a existir. Exactamente ese es otro de los mayores fallos de la cinta, su falta de verosimilitud – dentro de lo que cabe – frente al material al que se enfrenta.

En este sentido, el guión está lleno de conceptos muy bien desarrollados en los videojuegos que parece que no se han llegado a entender del todo y eso se trasmite al público. Insisto, a cualquier tipo de público. ¿Quiénes son el resto de compañeros de Cal en las instalaciones de Abtergo? ¿Porqué Cal puede, de repente, combatir y subir las paredes con una enorme facilidad? ¿De dónde procede el Fruto del Edén y cuáles son esos poderes tan devastadores que amenazan al mundo? Y, las preguentas más importantes: ¿Cuáles son las intenciones de los Templarios? y ¿Cuál es la rivalidad entre Templarios y Asesinos? En definitiva, un sinfín de lagunas argumentales – y básicas en cualquier manual de guión – mal explicadas e incomprensibles camufladas entre mucha parrafada científico-técnica y filosófica baratera, mucha espectacularidad y actores de renombre que ni se ellos salvan. O siendo todavía más salvaje, como la definiría Wendy Ide en su reseña para The Guardian: «Una película de Dan Brown con esteroides»

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Ezio Auditore con el Fruto del Edén en Assassin’s Creed: Brotherhood

Más allá de sus carencias a nivel de originalidad en las mecánicas de juego y una tendencia a la reiteración argumental de la saga creada por Patrice Désilets y Jade Raymond, el contexto histórico en donde se enmarcan los videojuegos es su punto neurálgico y tiene un vital relevancia narrativa; además del fuerte componente atractivo que ofrecen sus escenarios a nivel estético y conceptual. La saga Assassin’s Creed habla del uso de la religión – cristiana – como fuerte tapadera del poder político durante diferentes época históricas a través del enfrentamiento ficticio de dos facciones: aquellos que utilizan su poder para controlar el pueblo (los Templarios) y aquellos que los combaten (los Asesinos) Así, no es extraño encontrarse en ciertas épocas que no son aleatoriamente escogidas. Por un lado, las primeras cuatro entregas se situarán en periodos de fuertes enfrentamientos religiosos: Las Cruzadas (AC I), el ascenso al poder de los Borgia en el Vaticano (AC II y Brotherhood) y la caída del Imperio Otomano (Revelations); y por otro, la segunda ola serán periodos en los que se producen movimientos social-políticos significativos como la Guerra de la Independencia Americana (AC III y Rogue), la Edad de Oro de la piratería durante el colonialismo del Mar Caribe (Black Flag), la Revolución Francesa (Unity) o la Revolución Industrial (Syndicate)

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Imagen de Assassin’s Creed: Unity ambuentado en la Revolución Francesa

En estos términos, este es otro de los principales errores de esta producción dirigida por Kurzel. Mientras la gran expectación previa al estreno situaba a Fassbender como posible un Ezio Auditore de carne y hueso, la realidad no ha podido empezar peor. Y eso que la elección de La Santa Inquisición es un escenario que encaja perfectamente con las premisas de la historia.  La gran mayoría de la acción se situará en las oficinas de Abstergo asistiendo un total de tres veces al pasado. Una decisión que podría haber sido completamente legítima e interesante si se hubiera desarrollado como debería. El planteamiento de los “Templarios contemporáneos” como unos tech-nerds corporativos que se encuentran en una especie de batalla interna entre la ciencia vs. la religión, queda relevado a un segundo plano. Una verdadera lástima porque podría haber aportado frescura a esta adaptación y una perspectiva diferente a la trama original – ya que en los juegos las cuestiones de Abstergo quedan (casi) en el olvido.

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Altaïr se enfrenta a los Templarios en la primera entrega de la saga

El poco éxito entre público y crítica de la película, no solo ha matado la posibilidad de realizar una supuesta trilogía, sino que ha evidenciado que las relaciones entre videojuegos y sus adaptaciones cinematográficas están condenadas a no entenderse nunca. Tal vez porqué los gamers son (y somos) demasiado exigentes, porqué sus formatos narrativos cada vez son más parecidos o, quizás ambas cosas. Lo único que se puede afirmar es que Assassin’s Creed: la película es un verdadero despropósito. O, si me permitís el guiño a los fans de los videojuegos, una desincronización total fracasada en toda regla.

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