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El despertar de La Rebelión: «Rogue One: Una Historia de Star Wars»

Hace casi una semana que se estrenó una de las películas más esperadas de la temporada, tema de conversación en los últimos días de todos los freaks (con todo mi cariño al término, por supuesto) y con post obligado para todo blog cinéfilo que se precie. Como no íbamos a ser menos, en RIRCA también vamos a dedicar un pequeño artículo a ello. Si, hablamos de la nueva entrega de la franquicia creada por George Lucas y que se ha convertido en una de las aventuras galácticas más exitosas de todos los tiempos, «Rogue One: Una Historia de Star Wars». Sin (casi) secretismo alguno en comparación con «El Despertar de la Fuerza» – de lo que se “quejó” Daisy Ridley en su momento (siempre de broma, claro está) – para la que todo el equipo del Episodio VII tuvo que guardar silencio alrededor de dos años sobre la trama y otros aspectos importantes del film; este spin-off de la mítica saga está generando una opinión dividida en sus primeros días en la cartelera mundial. Pero, vayamos por partes.

Poco se puede contar sobre la trama que no se halla anunciado a los cuatro vientos durante sus varios meses de promoción incesante; pero haremos un repaso para los más despistados. «Rogue One» está configurada como una precuela que nos sitúa entre las dos trilogías completas realizadas hasta el momento – es decir, entre los Episodios III («La Venganza de los Sith») y IV («Una Nueva Esperanza») – en donde seguiremos al grupo de rebeldes que arrebatarán de las manos del Imperio los planos de la Estrella de la Muerte para su (aún-por-llegar) destrucción. Así pues, la única clave para llegar hasta dichos planos será, Jyn Erso (la omnipresente este año en las carteleras, Felicity Jones), una delincuente que, como ha comentado la propia actriz, comparte más con el «tipo duro» de Han Solo que con el místico jedi Luke Skywalker, y de cuyas intenciones depende la galaxia entera.

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Felicity Jones es Jyn Erso, criminal y heroína de «Rogue One»

Si bien la premisa fue – y sigue siendo – la principal razón de la reticencia de muchos de los fans hacia este nuevo desembarco galáctico que se consideraba como un nuevo intento de Disney para sacar el mayor provecho comercial tanto en taquilla como con su implícito merchandising – que, en parte, así es. Pero eso es otra cuestión… – de la franquicia; «Rogue One» ha resultado ser una sorpresa para una servidora por diversos motivos que van más allá de mi condición como fanática de la saga.

Vista, en mi más modesta opinión, como “la auténtica” precuela de Star Wars – no como el despropósito de la segunda trilogía, con demasiado CGI (mal ejecutado, además) y mucha verborrea que no lleva a ningún lado – su director y guionista, Gareth Edwards, se arriesga a ganarse el odio de los fans más puristas y se salta toda las reglas de la franquicia que él tanto ama. Como ya ha expresado «Al principio todo director quiere añadir elementos de Star Wars en cada film. Luego se da cuenta de que no funciona». En este caso, la elección de desmarcarse del estilo visual y narrativo prototípico del resto de Episodios, incluido «El Despertar de la Fuerza», es un auténtico acierto. Una propuesta diferente que apuesta por una acercamiento más persoanl y realista en la manera de filmar y con mucha acción que se aproximará más a una película bélica filmada por Kathryn Bigelow (salvando las distancias) que a un space opera de JJ Abrahams.

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La batalla de Scarif: una secuencia 100% bélica

Una propuesta distinta que también salpicará al terreno de lo narrativo. La ampliación del universo de Star Wars y el empeño de sus creadores en mostrar todos y cada uno de los rincones que ocupan la galaxia nos brindarán nuevos planetas novedosos para la franquicia – Jedha, la Meca de los jedis; el lluvioso y rocoso planeta Eadu; o Scarif, el planeta de estilo tropical –  y que darán una atmosfera completamente diferente al del resto de películas. Una mirada más madura – para tratarse de una producción de Disney (al fin y al cabo, lo es) – que mostrará la desolación y las consecuencias de las zonas de guerra en donde los enfrentamientos armados entre los rebeldes y las tropas militares del Imperio son frecuentes alterando la cotidianidad de las ciudades ¿Una alegoría a los conflictos bélicos actuales en Oriente Medio? Puede. Sin embargo, aunque mis interpretaciones puedan sonar a disparate absoluto, una cosa está clara: «Rogue One» está enfocada al desarrollo del espíritu de La Rebelión liderada por Leia tiempo después y a la ruptura con el orden establecido dentro de un estado autoritario y global. En ese sentido, el tratamiento de los personajes de manera coral ayuda al discurso interno del film y a que se vea como una proposición estéticamente interesante y con varios niveles de lectura en cada visionado.

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Fan art inspirado en el poster de La Chaqueta Metálica

Pero, no hay que olvidar que el subtítulo de la película es «Una Historia de Star Wars». Por lo tanto, la cinta tiene una trama cuyo cuerpo central gira alrededor de los fans. Autoreferencias, parecidos razonables (la batalla de Scarif es un buen ejemplo de contrapunto con la de Hoth), cameos fugaces (tanto los esperados con los no-tan-esperados), caras y naves conocidas (los más sonados incluidos en CGI) y un sin fin de easter eggs que siembran para que los espectadores sonrían y se lancen miradas de complicidad en la oscuridad de las salas o por la satisfacción de explicar las referencias a los más novatos en el tema. Además de contar con nuevos personajes con cierto atractivo (sobretodo el encarnado por Donnie Yen), una Felicity Jones que tras su apariencia de chica dulce a las que nos tiene acostumbrados se maneja muy bien con el combate cuerpo a cuerpo apuntado maneras como heroína de acción – aunque, puestos a comparar, no se acerca al carisma que desprende Daisy Ridley – y una muy buena banda sonora de Michael Giacchino, quien sustituye al legendario John Williams al frente de la música de la saga.

Está claro, pues, que «Rogue One» juega en otra liga que el resto de las películas de la saga. Incluso, muchos se han atrevido a comentar de que pertenecen a géneros distintos; distinción que a mi, personalmente, me encanta. En una “odiosa-pero-comprensible” comparación con el Episodio VII – que también tuvo sus detractores – no gana ni una ni la otra. Simplemente, tienen objetivos diferentes. Definitivamente, una cinta autoconclusiva que plantea más respuestas que preguntas. Así que, especuladores, ¡dejad de hacer vuestros cábalas! Sea como sea, es otro guiño a la nostalgia que, como su antecesora en la cartelera, en mi opinión, funciona.

Sunstein, Cass R. La última mitología. El mundo según Star Wars. Barcelona: Ediciones Alpha Decay,
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