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Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Las «grandes pequeñas historias» de David E. Kelley

Hace tan solo unos días que se estrenaba en Estados Unidos y en España (HBO) la segunda temporada de Big Little Lies, creada por uno de los grandes nombres de la ficción televisiva contemporánea. Mejor dicho, creada por uno de los innovadores de la narración televisiva: David Edward Kelley. A este representante de lo que Robert J. Thompson denominó «la segunda edad de oro» de la televisión le queremos —y debíamos hace tiempo— dedicar más que un merecido post.

Nacido el 4 de abril de 1956 en Maine, la principal ocupación de David E. Kelley fue la abogacía. Primero en la Universidad de Princeton donde cambió su dedicación al hockey por un incipiente interés por la escritura creativa que aplicó a los contenidos de sus asignaturas más «soporíferas»; de este modo, tal como nos cuenta Josh Levine en su libro David E. Kelley, The Man behind Ally McBeal (Canada, ECW Press, 1999), Kelley escribió una obra para su trabajo sobre la Constitución Americana en la que cada una de las enmiendas era un personaje a cual más excéntrico que aglutinaba los conceptos de cada una de ellas. Al finalizar sus estudios en Princeton, Kelley se trasladó a la Escuela de Leyes de Boston en la que, además del estudio, se dedicaba a escribir textos satíricos relacionados con la abogacía que eran representados por sus compañeros de estudios. En Boston, Kelley compartirá su trabajo en el bufete de abogados Fine&Ambrogne con su cada vez más grande pasión-necesidad de escribir guiones que enviaba a los productores de Hollywood sin excesivo éxito. Fue entonces cuando decidió buscarse un agente, encontrando a Marty Aldenstein a quien entregó el manuscrito de un guion acabado en 1986 que cambiaría definitivamente su suerte: el dramedy legal From the Hip que, posteriormente, en 1987, se convertiría en una película dirigida por Bob Clark en la que se plantea el conflicto moral del joven abogado Robin «Stormy» Weathers (Judd Nelson) quien, tras conchabarse con un abogado amigo, sale victorioso —una victoria amañada— de un juicio complicado y que es contratado por el profesor Douglas Benoit (John Hurt) para que le defienda de la acusación de un sórdido asesinato. Un argumento inspirado por el caso von Bulow.

Robin «Stormy» Weathers (Judd Nelson) y Douglas Benoit (John Hurt) en From the Hip

Y decimos que este guion supuso el nacimiento de Kelley como creador televisivo porque, en ese año, Steven Bochco, el gran innovador de la ficción televisiva contemporánea, preparaba una nueva serie, LA.Law (1986-1994) y buscaba a un guionista especializado en temáticas legales. Aldenstein se encargó de hacerle llegar From the Hip e inmediatamente David E. Kelley pasó a formar parte del Writers’ Room del creador de Hill Street Blues. Los motivos eran más que evidentes dado el planteamiento de Bochco y del guion de Kelley: el desarrollo de arcos de personajes éticamente discutibles, la mezcla genérica en la fórmula del dramedy con múltiples storylines interrelacionadas, la utilización del humor sarcástico en el planteamiento de cada una de las situaciones y, especialmente, la capacidad de generar diálogos que atrapen al espectador ya que los abogados no «hacen» sino que «hablan». Unas constantes que estarán presentes en todos los trabajos  televisivos de David E. Kelley. A pesar de que el equipo de guionistas tenía sus más y sus menos con Bochco, Kelley se fue adaptando a los nuevos modos de escritura incorporando nuevos personajes a la serie de manera creativa sin contravenir el concepto básico de esta hasta que, finalmente, se hizo cargo de LA Law tras la salida de Bochco. Nacía un nuevo showrunner como más tarde nacería la Kelley Productions.

A LA Law le siguieron otras series como Picket Fences (1992-1996) o el drama médico Chicago Hope (1994-2000). En ambas Kelley desplegará una de las constantes de su producción: la incorporación de temáticas controvertidas para la época de emisión entre las que se incluían la identidad sexual, la crítica a los estamentos legales y políticos en general, el cuestionamiento de los valores éticos en la sociedad, la crítica religiosa o la violencia de género.

El icónico baile con música de Barry White en Ally McBeal

Sin embargo, tal como sucede con Dick Wolfe a quien identificamos siempre con dramas policiales, la trayectoria de David E. Kelley irá ligada a los dramas legales. Un drama legal que podríamos calificar como de «postmoderno» y por los que circularán personajes no solo estrambóticos sino de manera especial emocionalmente conflictivos. En las producciones de Kelley los integrantes de la ley no serán monolíticos, bien al contrario, desarrollarán una amplia gama de matices que los convertirán en icónicos para las audiencias y con casos inspirados en la vida real. De esta manera, Kelley creará casi de manera simultánea —algo que lo acerca extraordinariamente al más que prolífico Ryan Murphy— una cantidad ingente de ensemble dramas que combinarán líneas argumentales múltiples al tiempo que, en algunas de estas series, se desarrollarán crossovers importantes.

Ya LA Law planteaba personajes absolutamente alejados del prototipo legal: el mujeriego abogado especializado en divorcios Armie Becker (Corbin Bernsten), el ardiente abogado latino Victor Sifuentes (Jimmy Smits), el guapo pero arisco Michael Kuzak (Harry Hamlin), el matrimonio formado por Stuart Markowitz y Ann Kelley (Michael Tucker y Jill Elkenberry), la fiscal emocionalmente vulnerable Grace van Owen (Susan Dey) o la sin par secretaria Roxanne (Susan Rutten). Esta tipología se extremará todavía más en las producciones ya con el exclusivo sello de «created by David Kelley». Las dos primeras, bajo la producción de ABC y FOX, se desarrollarán simultáneamente: Ally McBeal (1997-2002) y The Practice (1997-2004) siendo, en su planteamiento, dos versiones muy alejadas acerca de los trabajos realizados en los bufetes de abogados.

Uno de los múltiples crossovers entre The Practice y Ally McBeal

Mientras The Practice nos presentará —como puede leerse en uno de los posts relacionados en esta misma página— la sórdida evolución de los integrantes del bufete encabezado por Bobby Donnell (Dylan McDermott) desde un exacerbado idealismo hasta la defensa acérrima de casos moralmente injustificables, Ally McBeal mostrará la fauna variopinta que habita el bufete Cage&Fish en un desarrollo argumental en el que lo de menos son los casos que se defienden —que se ganen o no es otra cosa— sino las relaciones entre los distintos personajes. Si bien algunos de ellos aparecen esbozados en trabajos anteriores, Kelley desplegará en la serie el diseño de unos caracteres dispares entre sí pero cuyas neuras en el sentido literal de la palabra provocarán siempre una tremenda empatía entre las audiencias. Y todavía más si tenemos en cuenta que Ally McBeal es una serie de personajes femeninos, algo totalmente inusual en el momento de su emisión.

De este modo, Kelley nos presenta la vida diaria del bufete de abogados creado por Richard Fish (Greg German) y John Cage «Bizcochito» (Peter MacNicols). El primero, mujeriego y fetichista empedernido tendrá una visión claramente económica de su trabajo; el segundo será el cerebro del tándem pero también tendrá fuertes conflictos de inseguridad que solo supera cuando oye en su cabeza la música de Barry White. Al bufete se añadirá la sentimentalmente inestable Ally McBeal (Calista Flockhart) quien no ha conseguido olvidar a su gran amor Billy (Gil Bellows) y quien a lo largo de la serie sufrirá alucinaciones en las que aparece un bebé — el «Oogachaka baby»— bailando la canción de B.J Thomas «Hooked on a feeling»como metáfora de su reloj biológico. En el bufete coincidirá con Billy y su mujer Georgia (Courtney Thorne-Smith), la abogada fashion y ciertamente agresiva Ling Woo (Lucy Lee) y la superatractiva y eficaz letrada Nelle Porter (Portia de Rossi). Todos ellos tendrán como secretaria a Elaine (Jane Krakowski), una mujer que a pesar de las apariencias es una persona solitaria y con una autoestima no demasiado alta que la lleva a inventar los más extraños gadgets con objetos cotidianos. Todos ellos se reunirán al acabar su jornada en un bar donde actúa Vonda Shepard quien interpretará canciones relacionadas con las situaciones de cada uno de los episodios.

La música de Vonda Shepard será una de las características de la serie

De este modo, las interrelaciones de los personajes y su amplio arco evolutivo, el contraste entre todos ellos, los casos que desarrollan como abogados enmarcados en temáticas de actualidad, los enormes toques de humor y el sarcasmo que atraviesan todos y cada uno de los episodios, el surrealismo de las escenas y la reunión de todos los personajes en torno a una soberbia banda sonora han hecho de Ally McBeal una serie de culto en la que David E. Kelley despliega las características de su dramaturgia. Muchas de ellas se verán reflejadas en series contemporáneas quizá definidas como innovadoras por las generaciones más jóvenes de espectadores pero que tendrán su origen en los productos generados por los creadores de la década de los 80.

Y una trayectoria de temáticas legales que tendrá su continuación en Boston Legal (ABC, 2004-2008) como spin off derivado de The Practice donde el sarcástico personaje de Alan Shore (James Spader) trabajará con Denny Crane (William Shatner) en un bufete casi exclusivamente para ricos y en el que el dinero será lo más importante. También seguirá con Harry’s Law (CBS,2011-2012) contándonos las andanzas de Harriet Korn (Kathy Bates), una bogada especialista en patentes que se aburría en su trabajo y que, despedida por su empresa monta su propio bufete ayudada por un joven abogado que la atropelló y un antiguo cliente acusado de tráfico de drogas. Y, finalmente, Goliath (Amazon Video, 2016) en la que el caído en desgracia y actualmente alcohólico Billy McBride (Billy Bob Thorton) va a enfrentarse al todopoderoso bufete que él creó, el Cooperman&McBride. Una trayectoria de temáticas legales que fue motivo de broma cariñosa en la mesa redonda de guionistas organizada por The Hollywood Reporter en la que también participaba Lisa Joy (Westworld), también abogada y donde «decidieron» que quizá deberían trabajar juntos en una serie «de abogados». Pues, la verdad, podría ser interesante la idea.

Las protagonistas de Big Little Lies

Y volvemos al comienzo de nuestro post, el estreno de la segunda temporada de Big Little Lies, la última producción de Kelley. Pero no queremos insistir en las razones para verla ni en el tratamiento de los personajes y en el más que magnífico elenco de esta historia de mujeres, para eso tenéis algunos de los posts que hemos dedicado a la serie y que os anotamos a continuación. Solo queremos decir que es una de las series mejor contadas que hemos visto no solo por la estructura dramatúrgica que tan magníficamente ha creado Kelley sino por la perfecta conjunción con la puesta en escena de Jean-Marc Vallée. No es de extrañar que sus actrices y actores consiguieran Emmys y Globos de Oro, entre muchos premios; la serie fuera premiada en su conjunto como también fueran galardonados su director y su creador, David E. Kelley, consiguió el Premio del Sindicato de Guionistas por su adaptación de la novela de Liane Moriarty. Por todo ello, creemos más que merecido el agradecimiento a Kelley por todos los regalos que ha hecho a las audiencias con sus ficciones. Auténticas maravillas de un creador en constante evolución.

En 1997, la cadena estadounidense ABC programaba la emisión de una nueva serie, The Practice (en
Big Little Lies ha sido, sin duda, una de las (mini)series de lo que llevamos
Como ya se ha comentado en este blog, la serie de HBO Big Little Lies
 

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