“Legion”, o el mundo de los superhéroes visto desde “Fargo”

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Hoy estrenamos un nuevo colaborador en RIRCA, Martí Martorell, quien nos ofrece su visión acerca de la nueva serie del universo Marvel de la mano de la cadena FX, Legion. Aquí sus impresiones:

El mes de febrero se estrenó Legion, una serie de ocho episodios que desarrolla la historia de un superhéroe surgido de la factoría Marvel, pero esta afirmación deja a medias las lecturas posibles que plantea al espectador durante toda la temporada.

El protagonista es David Haller (Dan Stevens), un chico que lleva ingresado más de cinco años en un centro psiquiátrico por una esquizofrenia empeorada con un abuso de drogas. Se enamora de otra paciente, Syd Barret (Rachel Keller), que tiene la obsesión que no puede ser tocada por nadie. Cuando es dada de alta, David, desesperado, la besa y se desencadena todo un proceso muy violento, acompañado de un hecho inaudito: la mente de cada uno se intercambia de cuerpo.

De este modo, durante cuatro episodios más, se desarrollará toda una historia en el mundo exterior que se «cerrará» en el sexto, cuando todos los protagonistas están ingresados en el psiquiátrico, también los que en un principio eran gente ajena al centro, e, incluso, algunos personajes se han intercambiado los papeles, como, por ejemplo, una paciente desquiciante de los primeros episodios que ahora es la psiquiatra principal. Así, el espectador no tiene más remedio que replantearse si todo lo que he visto anteriormente no han sido más que las disquisiciones alucinadas de David, atrapado por una enfermedad de la que no puede escapar. Pero los dos últimos episodios dan otra vuelta de tuerca, muy bien resuelta, y definitivamente el protagonista enajenado se convierte en uno de los mutantes más poderosos que han existido. El final del último capítulo se cierra con un cliffhanger que anuncia una segunda temporada con muchos dilemas para desarrollar.

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El creador de la serie es Noah Hawley, quien en el 2014 ya llamó la atención con Fargo, también para FX Productions, filial de Fox especializada en series indies. Fargo no es simplemente la traslación de la película homónima estrenada en el 1996 por los hermanos Coen, sino que tiene la virtud de sumergir al espectador en la atmósfera enrarecida de un pueblo muy provinciano sempiternamente cubierto por la nieve. En su segunda temporada, con otros protagonistas, Hawley se atrevió a ir más allá y empezó a jugar con varios artificios narrativos de los años setenta, periodo en el que se sitúa la acción: pantallas divididas, paleta de colores que reproduce el acabado cinematográfico de aquella época. Además, subiendo las tintas, hay muy mala baba con el tratamiento de casi todos los personajes, con sus vilezas y puntos débiles. Es en este sentido que Fargo y Legion comparten estos dos nexos en común: el primero es no buscar empatía entre espectador y personajes, sino más bien una distancia que, al final, no es un obstáculo para verlos con simpatía, porque a lo largo de la temporada van tomando más cuerpo, no se llega a entender sin forzar la credibilidad por qué reaccionan de un modo u otro; el segundo es que la forma es tan importante como el fondo y, en el caso de la serie del superhéroe, tiene más peso que el tema, pero no como un ejercicio vacuo. Veámoslo:

1. Aunque la serie está grabada en digital (y resolución 4K) casi en su totalidad, ciertas escenas, especialmente las del capítulo primero, también se rodaron con cámaras cinematográficas y lentes anamórficas ─según la entrevista a Dana Gonzales, director de fotografía, publicada en la revista Filmmaker, edición de primavera del 2017─, por lo que se pasa de una razón de aspecto 1:1,78 a 1:2,35, y deben aparecer barras negras arriba y abajo de la pantalla para mantener la relación sin deformar la imagen. En este último caso, la calidad fotográfica es simplemente fantástica.

2. El mejor capítulo de los ocho para quien suscribe estas líneas es el séptimo, donde se juega con los cambios de aspecto otra vez, se homenajea al cine en blanco y negro e, incluso, al cine mudo y animado.

3. Se juega mucho con el metalenguaje, por ejemplo, cuando el protagonista, que es un actor inglés, se desdobla y una personalidad habla en inglés británico y la otra con acento americano. En un momento la personalidad ‘británica’ se ríe de su otro yo ‘estadounidense’ cuando intenta hablar como un perfecto londinense.

4. La música, como también se veía en Fargo, es un elemento muy cuidado, con selección de temas muy populares del jazz, por una parte, y canciones de pop y rock de los años setenta y ochenta.

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¿Qué supone todo este maremágnum? Legion huye de la visión típica del superhéroe que sufre por su condición de serlo, al estilo Batman, aunque sea de la editorial DC, o de los Vengadores en su última aventura cinematográfica, ya que continuamente se cuestionan qué son y si el daño que han evitado provocará en el futuro males mayores. No, David Haller es presentado como un ser esquizofrénico, consciente de que lo es y duda de si todo lo que la pasa no es más que una alucinación propia de alguien trastornado después de un viaje lisérgico. Es el espectador quien debe decidir qué lectura le convence más porque, afortunadamente, creador y guionistas simplemente insinúan elementos en una dirección u otra.

Finalmente, otro apunte: uno de los productores ejecutivos de Legion es Bryan Singer, director de cuatro películas de la serie X-Men, además de una infravalorada Superman Returns, por lo que la aparente desvinculación con el mundo de Marvel no es tal. De hecho, en el episodio siete y muy de pasada, se ve una parte de una silla de ruedas con una X, así que en la segunda temporada no sería de extrañar que nos encontráramos con un mutante calvo con poderosos poderes psíquicos…

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