Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

«Oz» (1997-2003), la serie olvidada de HBO

El 12 de julio de 1997 se estrenaba Oz. La serie cuya emisión se prolongó durante seis temporadas, situaba sus argumentos en la Oswald State Correctional Facility. En la prisión de máxima seguridad se encontraba el nivel 4, un módulo experimental de rehabilitación en el que los prisioneros parecen gozar de mayor autonomía y al que se asigna un número determinado de reclusos pertenecientes a las distintas bandas carcelarias. Por su arquitectura amable, transparente y aparentemente idílica, el módulo es conocido como «Emerald City», en una clara transposición de la ciudad en la que habita el Mago de Oz de las novelas de Frank Baum.

Creada por Tom Fontana (Buffalo, 1951), más conocido como autor teatral pero con un bagaje televisivo iniciado en los años 80 con la serie St. Elsewhere (NBC, 1982-88) a la que siguieron, entre otras ficciones Homicide: life on the street entre 1993 y 1999 (creada por Paul Attanasio, otro de los grandes nombres de la televisión y conocido por la serie House) y el film Strip Search  para HBO (Sidney Lumet, 2004). Y en este punto deseamos remarcar dos aspectos que resultan importantes en la trayectoria de Fontana y que repercutirán en Oz: el primero es la coincidencia de su trayectoria televisiva con la consolidación de las formas narrativas televisivas de la llamada «Segunda Edad de Oro» de la televisión que tendrá en Hill Street Blues su máximo exponente y que ya están presentes en St. Elsewhere; el segundo es su producción por  la cadena HBO, un hecho que facilitó enormemente la libertad en el tratamiento de los temas que va a desarrollar la serie.

Vernon Schillinger, líder de la Hermandad Aria

Introducida en casi todos sus episodios por el ex drogadicto Augustus Hill (Harold Perrinau Jr.) quien actuará como narrador de los acontecimientos que están contemplando o han contemplado las audiencias, la serie tendrá su principal premisa en la crítica de un corrupto sistema penitenciario en el que cualquier experimento de rehabilitación se ve condenado al fracaso. Emerald City consituirá en sí misma un microcosmos que es el  reflejo no solo de un mundo carcelario integrado por los más crueles criminales con montones de muertos a sus espaldas,  sino también de la organización jerárquica marginal dominada por bandas ideológica e identitariamente dispares. En Emerald City intentarán sobrevivir los Latinos liderados por Miguel Álvarez (Kirk Acevedo) o Enrique Morales (David Zayas) , los Irlandeses liderados por Ryan O’Reily (Dean Winters), la Hermandad Aria liderada por Vernon Schillinger (JK Simmons), los Musulmanes liderados espiritualmente por Kareem Saïd (Eammon Walker), los Moteros liderados por Jaz Hoyt (Evan Seinfeld), los Negros liderados por Simon Adebisi (Adewale Akinnuoye-agbaje) y los Italianos liderados por Antonio Schibetta (Tony Musante). Una lista de líderes que es absolutamente cambiante a lo largo de las temporadas ya que o bien son asesinados por otras bandas o por competidores dentro de sus propias estructuras organizativas. A estas bandas les acompañarán bandas marginales de lectores de la Biblia que no suelen ser problemáticos y por las agrupaciones de homosexuales, blanco evidente de la mayoría de las bandas del nivel 4.

Kareem Said, líder espiritual de los musulmanes

Ni que decir tiene que cada una de las agrupaciones va a tener su cota de poder en el crimen organizado dentro de la penitenciaria de la que participarán los guardianes corruptos del nivel 4,  un elemento que no lo aleja de otras narrativas carcelarias canónicas o contemporáneas de la que Oz es un modelo ineludible. No en vano algunos críticos, al referise a Orange is the New Black, la etiquetarán como «Orange is the New Oz». Y es que la propuesta de Tom Fontana irá más allá de la exposición de la inoperatividad del sistema penitenciario estadounidense para plantear la naturaleza de la supervivencia en un mundo absolutamente hostil en el que no es posible ningún tipo de rehabilitación y mucho menos de redención. Un mundo  aislado cuya gestión política lo transforma en un contenedor del mal. En este preciso sentido se construyen tanto los personajes que hemos mencionado anteriormente como personajes no pertenecientes a ninguna de las bandas organizadas pero que se convertirán en ejemplos de la psicopatía genética pero también como constructos sociales. Tal es el caso del perverso y encantador psicópata-asesino en serie homosexual Christopher Keller (Christopher Meloni) quien, tras ser rechazado por su gran amor Tobías Beecher (Lee Tergensen), se suicidará no sin antes haber dejado un paquete con ántrax en la hermandad Aria con la intención de propagarlo por toda la penitenciaria.

Christoper Keller y Tobías Beecher

Pero independientemente de los temas que pueden derivarse de los elementos que hemos expuesto hasta el momento, Oz convertirá sus argumentos en constantes reflexiones casi filosóficas acerca del bien y del mal, de la predestinación a determinados comportamientos, de la identidad sexual diferenciada de cualquier agresión carcelaria, de los derechos de los prisioneros, del sistema sanitario carcelario, de la pena de muerte, de la temporalidad de las condenas y también de la religión. La religión será, en muchos momentos, considerada como refugio y única posibilidad de trascendencia espiritual en un mundo inhumano, el de la prisión, sin ningún tipo de escapatoria individual o personal. En este preciso sentido actuarán no solo los líderes religiosos musulmanes sino, y de manera especial, los representantes del catolicismo personificados en el padre Ray Mukada (B.D.Wong) y la combativa anti-pena de muerte hermana Peter Marie (Rita Moreno). Un tema, el de la religión como servicio a los más desfavorecidos de la sociedad que, juntamente con la tarea solidaria de los médicos, atravesará parte de la producción de Fontana y que tendrá en St. Elsewhere su principal exponente.

De una dureza temática extraordinaria, con imágenes sexuales y violenta explícitas, Oz es, sin duda, una de las series olvidadas de la factoría HBO cuya trayectoria en la producción de series novedosas y con personajes principales marginales parece que empieza con  Sex and the City o The Sopranos. Justamente por este motivo hemos querido reivindicarla. Oz es una serie tremendamente arriesgada que, de acuerdo con el crítico Michele Malach, rompe los moldes de la aceptabilidad. Una serie coral que cuenta con un reparto de lujo tal como hemos podido comprobar, un reparto de actores —y pocas actrices, dicho sea de paso, aunque es lógico dada la premisa inicial— que desarrollan papeles situados en las antípodas de los personajes por los que son conocidos por los seriéfilos más empedernidos: el caso más emblemático es, sin duda, el de nuestro adorado Christopher Meloni- Eliot Stabler de Law & Order, SVU.

Una serie digna de ser recuperada. Por si os animáis a hacerlo, os dejo el trailer de la serie.

 

 

 

 

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *