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The Big Bang Theory: resumen de la temporada nº11 (I)

Recientemente ha concluido la undécima temporada de The Big Bang Theory y parece ser que ha sido la penúltima, ya que con la duodécima se pretende parar la expansión del boom que supuso el nacimiento de la misma. No puedo ocultar mi pesar por ello, pues me ilusiona esperar la emisión de cada episodio, a ver qué se les ha podido ocurrir esta vez a sus ingeniosos creadores y qué puedo aprender realmente de distintos campos del saber científico (tras aclarar mis dudas en Internet, lo confieso). Quizá temiendo a esa despedida, más o menos inconscientemente, me he enganchado a su precuela, El joven Sheldon, tanto como fan, como para convertirla en objeto de análisis para este blog, con la intención de mantener así algún contacto con uno de mis personajes cómicos favoritos de todos los tiempos: Sheldon Cooper.

No obstante, aunque se sospecha por distintos motivos de peso (como declaraciones de uno de los productores, Steve Holland, y otras de los actores principales;  o por el hecho de que sus contratos finalizan para esas fechas), hay que reconocer que nadie ha confirmado oficialmente aún que la temporada número 12 vaya a ser la última definitivamente. Además, ya ocurrió algo similar cuando se acercaba la temporada 12, cuando sus productores usaron incluso expresiones similares para sugerir que la 12 sería la última. Y a ello hay que añadir que, por ejemplo, Kelly Kahl, en representación de la CBS, confesó el pasado mayo su interés por no poner fin a la serie con declaraciones como esta: “Tenemos la esperanza de que haya más. Verdaderamente desearíamos que siguiera unos cuantos años más” (mi traducción). Y no es de extrañar, dada la elevadísima audiencia de la serie, que ha llegado a alcanzar más de 20 millones de espectadores en Estados Unidos, cifra que casi roza también su “hermana menor”, El joven Sheldon, que disfruta de más de 16 millones.

Pero, ante la incertidumbre sobre si la CBS va a renovar para una decimotercera temporada o no, los creadores de la serie han declarado que piensan cerrar lo más posible el contenido de la serie en la duodécima. Así, pues, por si el final fuera inminente, y con la idea de que no nos preocupemos por el futuro en exceso y disfrutemos de lo que aún nos queda, es mi intención llevar a cabo una serie de entradas que resuman los aspectos más destacados de la temporada que acaba de concluir. De este modo, para quienes se la hayan perdido totalmente o en parte, podrán ponerse al día durante las vacaciones para disfrutar a tope de la siguiente (si no última) temporada, que regresará el mismo día que su precuela: el lunes 24 de septiembre (en Estados Unidos).

En este contexto, si se me preguntara si creo que la serie va a terminar con la duodécima temporada, mi respuesta sería que sí. Esta respuesta afirmativa toma aún más fuerza si tenemos en cuenta los hechos tan concluyentes que ocurren en la undécima, y que voy a resumir en esta entrada y las de agosto. Así que, si queréis descubrirlo por vosotros/as mismos/as, no sigáis leyendo.

Así, pues, la undécima temporada comienza nada menos que con Sheldon que, tras tomar repentinamente un avión, se traslada de Pasadena a New Jersey para, de rodillas ante su amada Amy y anillo en mano, preguntarle si se quiere casar con él. Pero una escena tan clásica no podía tardar en transformarse en algo más transgresor o sorprendente, tratándose de The Big Bang Theory. Así que, justo cuando Amy está a punto de dar la respuesta que llevaba años esperando dar, suena el móvil de Sheldon, a quien le parece más rudo no contestar la llamada que interrumpir a su prometida en potencia (viniendo de Sheldon no os sorprenderéis, ¿no?). Tampoco tenemos que ofendernos los espectadores, ya que es gracias a esa llamada como nos enteramos, a la vez que Leonard y Penny (los interlocutores), de que Sheldon, tras ser besado por su compañera Ramona, había experimentado la reveladora epifanía de que es a Amy a la única que quería besar el resto de su vida. (De hecho, el final nos sorprende -especialmente a Ramona- cuando, en vez del enfrentamiento de Amy con Ramona que era lógico esperar al encontrarse con ella a su regreso de New Jersey, se abraza a ella y le da las gracias).

Pero no es Sheldon persona de meros impulsos: si algo le caracteriza de verdad es el estudio de todo cuanto le rodea. De este modo, antes de dar este paso importante, consulta nada menos que a su amigo Stephen Hawking (cuyos brillantes cameos dejaremos de ver, por desgracia, por su fallecimiento el pasado 14 de marzo). Aun siendo hombre de ciencias, le responde con una bonita metáfora: que haga que el dedo de Amy se parezca a Saturno colocándole un anillo. El segundo consultado es el propio padre de Amy (aquí Sheldon sigue mostrando su lado más tradicional). Satisfechos con la información recibida, Penny y Leonard quieren saber la respuesta de la paciente Amy, que no puede dar crédito a lo que está viviendo. Gracias a esta curiosidad, Sheldon cuelga y recibe el esperado (por Amy, Leonard, Penny, el propio Sheldon y los espectadores) “¡Sí!”.

Acto seguido, Sheldon pasa a dar la buena noticia a su madre, que se muestra convencida de que ello es fruto de sus oraciones (incluso cree que ha debido de pasarse rezando al enterarse de que dos mujeres se habían enamorado de su hijo). Resulta curioso que, a pesar de que Sheldon pone en duda frecuentemente la existencia de Dios, sin embargo, tras rechazar la sugerencia de su madre de que se case por la iglesia, accede al menos a que Jesús sea su único acompañante (dando a entender, pues, que cree en su existencia). Los siguientes en ser informados del esperado acontecimiento son sus amigos: Raj y Howard. Este último se entera poco después de otro notición: va a dar un hermanito a Halley. Tengo que confesar que no me ha gustado el poco aprecio que hacen al hecho de concebir una nueva vida, pues su rechazo no se limita a la sorpresa inicial por algo que no esperaban, sino que se prolonga a lo largo de todo el episodio e incluso se comparte con el resto de los personajes. Nadie en ningún momento se alegra del futuro nacimiento de este ser. No me gustaría ser ese bebé.

Antes de volver a Pasadena, Sheldon, buscando protagonismo, deja en mal lugar a Amy, avergonzándola ante sus colegas de Princeton. Pero el genio, reaccionando de un modo ejemplar que sorprende incluso, acaba aprendiendo una lección que pretende seguir practicando el resto de su vida. No obstante, parece que a Sheldon (como él mismo ya vaticinó) no le está yendo muy bien con su propósito de valorar más el trabajo de Amy, como ésta confiesa en el segundo episodio a Bernadette, a la que parece estar ocurriendo algo parecido. Pero el compartir esta experiencia, en lugar de servirles a las chicas para sacar energía para hacer que las valoren y respeten lo debido laboralmente, termina en una batalla de competitividad entre ellas mismas. Quizá su mal ejemplo pueda servir a las espectadoras para ver los efectos negativos de esa actitud para, así, evitarla.

Sirva esta entrada como introducción a las que le seguirán este verano y que incluirán más episodios de la undécima temporada. Que disfrutéis de las vacaciones si ya las tenéis y, si no, paciencia para esperarlas.

A medida que la serie avanza hacia el final de su undécima temporada, los preparativos
En mi anterior entrada introduje lo que iba a ser una especie de “trilogía” de
Después de haber seguido al completo la primera temporada de El joven Sheldon que acaba
 

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