¿Toda mujer adora a un fascista?: Los chicos de Girls

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Tomado literalmente, puede resultar un poco paradójico el título de mi entrada. Y más aún si tenemos en cuenta el gran énfasis que la promoción de la serie ha hecho sobre su protagonismo femenino, tanto por medio de imágenes (en las que siempre aparecen las cuatro chicas -Hannah, Jessa, Marnie y Shoshanna- exclusivamente y ningún chico), como por medio del uso de la palabra. Así, lo más frecuente es que se describa esta dramedia de la HBO como una historia sobre cuatro jóvenes amigas millennials que viven en Nueva York tras terminar sus estudios. La propia Lena Dunham trata de justificar dicha promoción con afirmaciones como que los hechos que plasma en su trabajo están basados en sus propias mejores amistades femeninas (recordemos cuánto le gusta a esta chica difuminar la frontera entre su persona y su personaje), y se autoproclama como una ferviente feminista que sitúa a las mujeres en el candelero de sus creaciones.

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Visto así a grandes rasgos, todo ello parece situar a los hombres de la serie en un plano bastante secundario, pero si profundizamos un poco más en el análisis de Girls, nos surgen dudas al respecto. Por ejemplo, son precisamente ellos quienes dan lugar en muchos de los episodios, a los conflictos que se dan entre las protagonistas. Al comienzo de la serie, cuando Hannah y Marnie parecían tan unidas, el hecho de que ésta tuviera relaciones con el ex de Hannah –Elijah– hace que empiecen a saltar chispas entre ellas. Y, por citar un caso más reciente (de la quinta temporada), lo que separa a Hannah de otra de sus mejores amigas, Jessa, es que ésta esté manteniendo una relación sentimental con otro ex de Hannah, Adam. Además, cuando las chicas tienen problemas o se encuentran confundidas, recurren con frecuencia a los personajes masculinos (a pesar de que algunos, como Adam, lleguen a tener un comportamiento repulsivo) en busca de apoyo o consejo. Pensemos especialmente en el personaje de Ray, que casi parece un “Pepito Grillo”, aunque esta versión más millennial, a cambio de su orientación, suele recibir beneficios carnales que las chicas le ofrecen voluntariamente y que él recibe con gusto. Los tres chicos mencionados hasta ahora no salen -como vemos- muy bien parados en la serie (¿quién lo hace, por cierto, en ella?). Lo que más me llama la atención -por paradójico- es que a pesar de ello, tanto Elijah, como Adam y Ray parecen ejercer una fuerte atracción sobre estas cuatro chicas.

Y, como contraposición, Charlie, el único chico que muestra características positivas, el típico chico bueno, educado y sincera y profundamente enamorado, es dejado en la cuneta, primero por su novia, Marnie, que reconoce rechazarlo precisamente por ser así; y, luego, por la propia creadora de la serie, que lo recupera tan sólo en un episodio posterior y convertido en un auténtico macarra drogadicto y esta nueva versión de chico malo sí que atrae a Marnie, que no duda entonces en irse a la cama con él. Lo mismo había hecho antes con un artista conceptual, Booth Jonathan, que se burla de su trabajo y de su vida en general y que llega a decirle que a lo mejor la asusta un poco porque “es un hombre y sabe cómo hacer las cosas”. Marnie acaba cansándose de Desi, otro hombre que demuestra haberse enamorado sinceramente de ella -como Charlie anteriormente. A ella le encantaba mientras lo veía un amor imposible, pues tenía una novia oficial mientras la tenía a ella como amante, pero cuando deja a la novia por ella, se casan, y empieza a mostrar su lado más fiel, considerado y sensible… lo deja, como a Charlie. Marnie no es la única que deja a hombres que muestran ciertos rasgos de sensatez (aunque solo sea algunos y algunas veces): Jessa se divorcia de su marido, Thomas-John; y Hannah, que parece no poder quitarse de la cabeza a Adam (que ha llegado a ser considerado incluso como un violador por muchos críticos de la serie), corta con otro chico más convencional y centrado, Fran, un profesor que le reprocha, por ejemplo, el que intente solucionar sus problemas con la dirección del instituto en que ambos trabajan enseñando sus partes íntimas al director “a lo Instinto Básico“.

Que me perdone Lena Dunham -de nuevo-, pero, ¿qué nos está queriendo decir con su serie -a lo Cincuenta sombras de Grey-, que si un chico quiere tener éxito con las chicas tiene que ser un “chico malo”? ¿Es que ha creído al pie de la letra las estrofas del poema “Daddy”, que Sylvia Plath dedicó a su padre un año antes de suicidarse: “Toda mujer adora a un fascista, la bota en la cara, el corazón bruto, bruto de un bruto como tú”? Pues esperemos que nadie acabe con un final tan triste.

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