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Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Un cuento de Navidad: «Ana y el Apocalipsis» (John McPhail, 2018)

La Navidad es una época en la que se estrenan una enorme cantidad de producciones cinematográficas. Ya sean en grandes blockbusters pensados para una público infantil y/o familiar – estas últimas semanas encontramos Aquaman, Mary Poppins Returns, Bumblebee o El Grinch copando las salas españolas – o pequeños telefilms navideños buenrollistas en plataformas streaming como Netflix. Éstos últimos se han convertido en una práctica habitual de las productoras desde el éxito masivo de la maravillosa Love Actually en 2003, pasando a ser una cita imprescindible para cualquier cinéfilo en estas fechas. Sin embargo, los fórmulas melodramáticas y un tanto empalagosas de este tipo de películas propician una reiteración de contenidos y de personajes de las que es muy complicado huir y ser original. Pues bien, este diciembre se estrenó de manera muy discreta el largometraje Ana y el Apocalipsis, una cinta cuya propuesta apostará por aportar un aire fresco a las historias navideñas.

Distribuida por Segarra Films y lanzada en el Festival de Sitges en 2017, la película comenzará con una historia sacada de cualquier cinta de cine para adolescentes. En las víspera de las vacaciones de invierno, Ana Shepherd (Ella Hunt) sufrirá una especie de crisis existencial donde se debatirá entre continuar sus estudios o dedicarse a viajar al rededor del mundo en una búsqueda personal. Así, a los conflictos individuales de nuestra protagonista, se le unirán varios de sus compañeros de instituto: John (Malcolm Cumming), mejor amigo de Ana y completamente enamorado de ella; y Steph (Sarah Swise), responsable del periódico del colegio y cuyos padres han decidido dejarla sola en Navidad para irse a México. En definitiva, tres personajes con problemas prototípicos de la adolescencia y que… ¡Sorpresa! Se materializarán en forma de musical donde los chavales manifestarán sus conflictos internos a través de canciones y realizando coreografías masivas (e improvisadas) en plena cafetería del instituto.

Ana cantando a pleno pulmón ajena al ataque zombi que vive su ciudad

Entonces… ¿Qué tiene de original esta película? ¡Ah! ¿No os lo había dicho? Resulta que en medio de todo esto, el día de Navidad un virus peligrosísimo se extiende alrededor del globo y todos se convierten en zombis. Aquí es cuando empieza lo bueno.

Con guión de Alan McDonald y Ryan McHenry y dirigida por John McPhail, Ana y el Apocalipsis se podría definir como un musical zombi. Si, si. Habéis leído bien. La trama principal se desarrollará en torno a Ana y sus compañeros quienes tendrán que sobrevivir al ataque de estas criaturas en las que se han convertido los habitantes de Little Heaven para poder huir de la ciudad y ponerse a salvo. Y todo ello se mezclará con canciones que pasarán a formar parte del universo diegético de la película y que reflejarán las angustias de los personajes, así como algunas escenas bastante surrealistas y divertidas (si ir más lejos, la imagen de arriba muestra cómo Ana, literalmente, ni se entera del caos que está a su alrededor mientras canta su canción felizmente).

La tropa de supervivientes se armará con lo que pille (aunque sea con decoración navideña…)

De esta manera, el libreto compuesto por Rodd Hart y Tommy Reilly (que, como nota personal, es sorprendentemente extraordinario), será lo que conduzca el desarrollo de la acción mientras Ana y el resto se abren paso ante las hordas de zombis que les irán asaltando. Una combinación explosiva que entremezclará la parodia más absurda con la emotividad de forma equilibrada. Así, más allá de las reminiscencias gore que – obviamente – aparecerán durante toda la película, también podemos encontrar temáticas relacionadas con la superación frente a la pérdida, la desesperación frente a la supervivencia o el amor fraternal frente a la adversidad. Todas ellas premisas que podemos encontrar en cualquier ficción post-apocalíptica y que mostrará el lado más humano y realista de la cinta.

En definitiva, si tuviéramos que describir la película con un adjetivo, personalmente la definiría como un musical post-moderno. De esas narrativas que, últimamente, están a la orden del día. Con unos personajes extremos y unos referentes conceptuales clarísimos que no se molestan en ocultar28 Días Después, Shaun of the Dead, Glee o Beetlejuice – Ana y el Apocalipsis es una experiencia alocada que hay que disfrutar por uno mismo. Y si es en pantalla grande, muchísimo mejor.

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