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Representación Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Wonder Woman, siempre nos quedará el amor.

Así se explicó en este blog clara y bastamente: con el estreno de Wonder Woman parece que el cine empieza a hacer justicia en relación a la participación de las mujeres en la industria: las mujeres pueden llevar a la pantalla una propuesta heroica “en femenino” al más puro “estilo masculino”. Al menos en cuanto a forma y participación se refiere. Y con ‘masculino’, muy a mi pesar, me refiero a la normalidad, es decir, al género neutro que no necesita autoreferenciarse en la industria por que ya es.

Con esta superproducción, casi por primera vez -no me atrevo a ser muy categórica al respecto, por que por un lado siempre van las cosas que suceden y por el otro las cosas que tienen relevancia mediática-, la industria permite y celebra la existencia de una heroína en celulosa y que sea una mujer, Patty Jenkins, quien la ponga en escena. Con el añadido de que, además, que este film no va dirigido exclusivamente a un público o target femenino. Toda una cuestión feminista, parece. Lo que ya me parece más complicado es calificar como propuesta feminista la historia que desde la industria se ha desarrollado para la heroína.

Estos últimos días se ha publicado mucho acerca de la faceta visionaria de William Moulton Marston, autor de cómic, al crear una heroína feminista. No va a ser aquí dónde discutamos si sí o si no. Y tampoco vamos a analizar el cómic y calibrar la calidad de sus hazañas heroicas en el contexto de la segunda guerra mundial en términos ‘feminísticos’. Cuando se decide versionar a modo de superproducción la obra del autor, teniendo en cuenta el impacto masivo que ésta puede tener, voluntaria o involuntariamente es probable que se deje al margen la primera intencionalidad de un producto de consumo que, por más popular que sea, responde a unos circuitos de distribución y consumo subculturales. El reto, más bien, es valorar qué propuesta se escribe hoy para una mujer heroína de hoy. Es decir, puesto que la industria ha tardado tanto en dar una oportunidad a Wonder Woman y a Patty Jenkins para copar las pantallas de medio mundo, ¿cómo entiende ésta lo que es una mujer luchadora, que persigue la justicia social y que va a defender la paz mundial?

En este sentido, es paradigmática la manera en como narrativamente se pone en escena la misión de Diana, la heroína. La verdad es que la acción auténtica del film tarda, un buen rato en empezar. Antes, el film nos introduce a la educación sentimental y militar de Diana en Themiscyra, pueblo de mujeres que se protege de la amenaza del dios Ares, el mal latente. Su comunidad vive en paz, de un modo tan tan idílico, que de modo ‘natural’ el contraste, la estupefacción y la indignación que para Diana supone adentrarse en el mundo de los humanos, dónde el mal es y existe, se conviertan en gags humorísticos que inundaran la sala cinematográfica. En ello, se sucede un momento cinematográfico que resulta la síntesis del tratamiento y valoración que Diana merece como heroína. En esta primera parte del film, antes de que suceda la acción que nos permita gozar de las habilidades de Diana como superheroina, ella intenta explicarle varias veces su misión y cometido a Steve Trevor, el hombre al que rescata de los nazis y que la   introducirá al mundo de los humanos -el mundo del mal, el mundo de los mayores-. Y ella, que viene de Themyscira, explica que su misión no es otra que “traer la paz y el amor de vuelta al corazón de la humanidad, después de que Ares corrompió a la humanidad para su propio beneficio”. Ante tal enunciación, el estupefacto ahora es Trevor que, con los ojos entornados, la mira incrédulo al tiempo que suspira “Ya…”. Y el público estalla en carcajadas. Y este es, verdaderamente, el efecto que acompañará a Diana a lo largo del film. No hay manera de creerse a Diana. En esta primera parte Diana es presentada como una ingenua; sus saberes no le confieren poder sino fragilidad emocional; sus indignaciones son vividas como desproporcionadas, como fruto de alguien que no se sabe controlar en un mundo en el que la guerra y la ira la construyen los hombres; alguien a quien sus sentimientos impiden que sea resolutiva. Y, sobretodo, alguien que tiene una idea de la bondad infantil y aniñada. Lo que el cómic pudiera relatar de un modo complejo y mitológico, el cine lo reduce a simple cliché. Lo reduce a una WonderBroma, más bien.

Peter Benjamin Parker es un adolescente bueno e inocente hasta que sus propios poderes como SpiderMan lo espabilan emocional y bélicamente hablando. Clark Ken, que era bueno, se disfrazaba de ingenuo, pero no lo era. Wonder Woman ES una ingenua que necesita aprender de la mano del auténtico héroe del film, Steve Trevor, el que se sacrifica para la paz mundial, para aprender a dejar el “buenismo femenino” a un lado y saber de verdad lo que es el mal. Seguro que jugar la baza de la ingenuidad es entendido solamente como un recurso humorístico para agilizar la primera parte del film. Pero no nos engañemos, desde el principio del film, el modo en cómo en las termas de Temyscira Diana intenta explicar su vocación ante la incredulidad del humano que morirá por ella, la propia narración pacta una relación con la heroína en términos de broma, de burla.

wonder sirenita

Sí, en la segunda parte del film, cuando se despliega la acción heroica –Gracias!- se suceden momentos gloriosos: la carrera contra el mar de balas que separan las trincheras del pueblo asediado; su momentazo en el campanario; el baile con el capitán Ludendorff, el hipermomento mesiánico de Diana suspendida en el aire friendo a su hermano… Parece que en esta parte del film Diana ya se va acomodando más al género de acción heroico ‘normalizado’. Parece que su ingenuidad queda desplazada pera dar lucimiento a sus habilidades físicas e intelectuales. Pero claro está, Wonder Woman, como todos los héroes, se enamora. Enamoramiento que supondrá un antes y un después en su rito de iniciación al mal, un antes y un después en su proceso de madurez, un antes y un después en cómo entenderá y asumirá la justicia social. Se insiste, todos los héroes se enamoran. Pero no todos los héroes son mujer. Y por ello, toda la gloria de su heroicidad queda encharcada por la sombra tan y tan alargada de Carrie Bradshow, indiscutible icono del amor en tiempos de heroínas postfeministas y postmodernas: Wonder Woman cree en el amor, este es su grito de guerra. Y otra carcajada general inunda la sala de cine. Otra vez Diana se convierte en paródia de si misma.

Todo un triunfo: que una mujer pueda estar al frente de una superproducción, que pueda hacer cine de acción, y se pueda dedicar un film al lucimiento de una sola heroína, a una mujer. Pero aun no sabemos construir heroínas. No sabemos escribir para heroínas. No, al menos, en las narraciones ‘normalizadas’ que hasta hoy han definido el cine de héroes y acción. Las grandes narraciones aun no pueden desprenderse de la segregación de género a la hora construir conceptos tan universales como la heroicidad.

* Aunque las disciplinas bélicas y el combate de las amazonas en la playa resultan espectaculares –mujeres en combate-, mención aparte merecen las sensaciones que a una le quedan ante la puesta en escena de Temyscira, poblado por mujeres fuertes y disciplinadas que, inevitablemente, nos remiten al imaginario postfeminista de tantos spots publicitarios. Ataviadas incluso con armaduras, desprenden ese tufillo pseudopornográfico que hoy todo lo inunda. Quizá para otro post.
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