Caracterización postfeminista en “Cougar Town”

cougar town
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Hace unos días escribí en este mismo foro sobre la serie Cougar Town (ABC, 2009-2015), ya concluida pero actualmente en las pantallas españolas (La 2). En mi publicación mencionaba como uno de sus componentes fundamentales a Courtney Cox, que volvía a una telecomedia con un personaje quizá demasiado parecido a la Monica Geller de Friends (NBC, 1994-2004). De hecho, daba algunos ejemplos de cómo Cougar Town juega con la nostalgia de la exitosa sitcom de los noventa a través de cameos de sus intérpretes principales.

Sin perder de vista la referencia fundamental de Monica, hoy me gustaría extenderme un poco más sobre Jules Cobb, comentándola en el marco de los debates actuales sobre feminismo y postfeminismo y su presencia en los medios. Si bien Cougar Town es olvidable, sus personajes femeninos y la interacción entre ellos tienen gran interés en ese contexto.

Cuando arranca Cougar Town, Jules Kiki Cobb es una mujer recién divorciada, entrando en los cuarenta y con un hijo adolescente, Travis (Dan Byrd). Su ex-marido Bobby (Brian Van Holt) sigue muy presente en su vida, si bien se ha ido de la casa que ella ocupa con Travis en un cul de sac de una zona residencial de la ficticia Gulfhaven, en Florida. El punto de partida, subrayado por el título de la serie, parece ser el retorno de Jules al mundo de las citas románticas, algunas de las cuales son con hombres mucho más jóvenes que ella –de ahí la imagen de la cougar, término que en inglés informal se usa para referirse a las maduras que seducen a chicos.

Como comentaba en mi anterior post, afortunadamente los creadores de la comedia de ABC se olvidan muy rápido de su génesis, porque en unas pocas semanas Jules desplaza su interés hacia un hombre de su misma edad, Grayson Ellis (Josh Hopkins), también divorciado y viviendo en una casa de su misma calle. La evolución del romance entre ellos es uno de los pilares narrativos de Cougar Town, e incluye burlas mutuas, rechazos, dudas, atracción, resistencia y, cómo no, boda.

El proceso de desdibujar a Jules como cougar es positivo si analizamos su caracterización desde la perspectiva de género, pero desde luego no es el único problema de la serie desde este prisma. Por un lado, es cierto que se trata de una mujer con independencia económica (tiene su propio negocio inmobiliario), capaz de criar a su hijo con éxito, y con relaciones afectivas más allá de la pareja. En este sentido, Jules es producto del movimiento feminista que en el último cuarto del siglo XX peleó por la igualdad de oportunidades para todas, dejando claro que no había que renunciar a nada en virtud de un rol femenino tradicional que se había quedado más que obsoleto.

La otra cara de la moneda, sin embargo, empuja a Jules hacia un universo postfeminista típico de este inicio del siglo XXI, en el cual la igualdad ya no es una causa porque está conseguida (según algunos), y el proyecto individual de felicidad consumista es lo único que importa. En esta línea, el personaje interpretado por Courtney Cox combina prácticas sociales del pasado –como utilizar el apellido de su primer marido– con rasgos de la feminidad más rancia: en muchas ocasiones aparece como una histérica (entendido el término en el sentido más sexista posible) incapaz de controlar sus emociones, y cuya base para las relaciones con familia y amistades es el chantaje emocional. Jules necesita una “tribu”, pero no para repartir responsabilidades y vivir más ligera de equipaje, sino para convertirse en la madre de todos y arrastrar las culpas, penas, preocupaciones y problemas de cada miembro de su grupo. Además, parece tener un serio problema con el alcohol (empieza a beber a la hora del desayuno), y ningún límite para invertir en copas del tamaño de un acuario y en botellas de vino, que adquiere por cajas.

bebiendo

En esta tensión entre ideas feministas y postfeministas que subyacen a Cougar Town hay un fenómeno que me parece particularmente perverso: la representación de la amistad entre mujeres. De nuevo el discurso postfeminista juega a la ambigüedad y nos pone trampas, igual que ocurre con otras series recientes como Girls (HBO, 2012- ). Jules parece ser muy amiga de sus amigas (y de ellos también, no se puede negar), estar dispuesta a hacer lo que sea por ayudarlas, y tener siempre tiempo para dedicarles. Por cierto, que “ellas” son sobre todo dos personas: la primera, con quien Jules construye una amistad a contracorriente a pesar de sus diferencias de clase, es Ellie Torres (Christa Miller), una abogada que deja su empleo para quedarse en casa como madre, pero que apenas ejerce (tiene niñera a tiempo completo). La segunda, que llega más tarde a la vida de la protagonista, es Laurie Keller (Busy Philipps), su extrovertida ayudante en la inmobiliaria, convertida luego en artista de los cupcakes y en la madre del primer nieto de Jules.

El vínculo que se establece entre Jules, Ellie y Laurie está muy lejos de ser un ejemplo de sororidad. Es innegable que Ellie y Laurie quieren a Jules, y que ella les corresponde, pero las tres juntas establecen un triángulo de críticas brutales; chistes sobre su aspecto, su trabajo, su maternidad o su vida sexual; y vigilancia continuada sobre los cuerpos de las otras (lo que Alison Winch llama “ginopticon” en Girlfriends and Postfeminist Sisterhood). Despilfarran dinero juntas, se emborrachan juntas, ríen juntas… pero al mismo tiempo se controlan unas a otras para no permitirse comer (lo que en la serie equivale a engordar), atacan sin piedad los defectos ajenos y se burlan de las capacidades, carácter o intelecto de la que tienen enfrente. Ellie defiende a Jules de cualquier comentario negativo que venga de fuera, pero no deja de mofarse de su relación semi-incestuosa con Travis. Laurie adora a Jules y todo lo que sale de ella, incluido su hijo nerd, del que termina enamorándose, pero Ellie y ella se sacarían los ojos si su amiga común no las detuviera.

las tres

En un momento en el que nos queda lejos la sororidad incondicional (aunque no perfecta) de Sex and the City (HBO, 1998-2004), y cuando la tendencia parece ser el individualismo postfeminista de las malcriadas jóvenes de Girls, Cougar Town no contribuye a frenar el retroceso en la representación de las mujeres y sus relaciones. Ironiza con el amor romántico heteronormativo para acabar volviendo siempre a él como ideal; muestra diferentes modelos de madres pero concluye que la mejor es la que se obsesiona con cuidar a su hijo y a todos los demás; y nos enseña a protagonistas femeninas divirtiéndose juntas, pero a base de caer en el control y el insulto episodio tras episodio.

Hace unos días El diario proclamaba que “Hay vida después de Girls”, y que en los próximos meses se estrenarán varias series centradas en “personajes femeninos fuertes”. Me alegró leer la noticia, y espero con ansia ver si esas ficciones, entre las que la periodista firmante incluía Working Moms o The Handmaid’s Tale, se deslizan hacia una caracterización más feminista que postfeminista. Porque, por mucho que se empeñen l@s guionistas de televisión, la igualdad sigue siendo un objetivo y no una realidad, y nos hacen falta imágenes que nos ayuden a llegar a él. Y yo no sé ustedes, pero yo seré postfeminista en el postpatriarcado.

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