Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

El baile de paranoias, realidad y fantasías de «Tommaso» (Abel Ferrara, 2019)

Estrenada en el Festival de Cine de Cannes en 2019, Tommaso, la última cinta del controversial director italoamericano Abel Ferrara, ha llegado a los cines de España este mes de septiembre de 2020. El realizador, quién se hizo célebre por películas como China Girl (1987) y Bad Lieutenant (1992), nos trae un filme con pinceladas autobiográficas interpretado por su fiel compañero Willem Dafoe, con quien ya trabajo en Pasolini (2014), el biopic del aclamado director italiano.

Esta vez, Ferrara abandona el género documental con el que llevaba tanto tiempo trabajando e investigando y vuelve a la ficción para plasmar la vida de Tommaso, un director de cine americano que hace tiempo se mudó a Roma para vivir con su pareja y su hija de tres años. El personaje protagonista comparte muchas similitudes con el propio director de la cinta, pues ambos viven en la capital italiana, ambos son directores de cine atascados en sus nuevos proyectos ambientados en la tundra rusa -justo la nueva película de Ferrara, también interpretada por Dafoe y presentada en la Berlinale de este mismo año, tiene lugar en el paisaje helado europeo y tiene como título Siberia– y hasta la novia e hija del personaje son interpretadas por la mujer e hija de Ferrara, Cristina Chiriac y Anna Ferrara.

El protagonista da clases de interpretación utilizando métodos de meditación con los que cree poder controlar sus impulsos violentos.

Tommaso acude a clases de italiano y es muy gentil y educado con su profesora, después de la lección acude a una cafetería para tomar un café rápido servido por una camarera que siempre sonríe al buen trato que el director le da a ella y a todos los clientes y trabajadores del establecimiento. Por último, se pasa por la frutería para comprar los alimentos que le faltan en casa. Tommaso es un ciudadano afable y tranquilo, pero todas estas cualidades que desprende hacia el exterior, las pierde al llegar a su casa. Su mujer de origen moldavo enseña algunas palabras de su idioma a su hija y Tommaso, pese a que ellas también hablen italiano e inglés, se siente apartado de ellas. Pregunta y se preocupa por su pareja y su querida hija, pero apenas parece tener tiempo para ellas. Debe pensar en sus proyectos, en sus clases de italiano, en las lecciones de interpretación que imparte en una escuela de la ciudad… y a la vez intenta estar al tanto y controlar a todo momento a su familia. Nikki, su pareja muchos años menor que Tommaso, se muestra descontenta con el comportamiento de su novio, pues ella busca ser libre, hacer las cosas sin que nadie le pregunte el porqué, no desea que nadie la atosigue y la esté calculando y cronometrando a todas horas. Deedee, como cualquier otro niño, disfruta de ir al parque con su padre, yendo a casa de su abuela con su madre, paseando por las calles, bailando, jugando…, pero el comportamiento y la forma de ser tan dispar de sus padres la llega a confundir en ocasiones.

Tommaso se divierte con su hija en el parque. Mientras ella juega con sus amigas, él se imagina que a pocos metros de ellos, su novia le está siendo infiel.

El protagonista es un personaje totalmente dual. Por un lado, se cree una especie de salvador y mesías. Sueña con que cura los males de los demás, con él entregándole de forma literal su corazón a unos hambrientos jóvenes. «Esto es todo lo que tengo», clama antes de extraer su órgano como si de un nuevo Jesucristo se tratase, de hecho sueña que le crucifican frente al aeropuerto de la capital, donde todos los turistas pueden fotografiarle. Tommaso se preocupa por los demás, no duda a la hora de acompañar a sus compañeros de Alcoholicos Anónimos -pues en un pasado, el protagonista tuvo una vida llena de vicios y errores que le atormentan- a sus casas, y se preocupa por los sentimientos y frustraciones de sus alumnos. Todo ello le sirve para sentirse bien consigo mismo, como forma de compensar el control y cuidado que no puede ejercer sobre su familia, y para equilibrar sus comportamientos violentos y sus pensamientos y fantasías sexuales con diferentes mujeres que conoce en el día a día con sus actos bondadosos.

Willem Dafoe y Cristina Chiriac dan vida a la problemática pareja

En Tommaso destaca lo narrativo por encima de lo visual. Las escenas más oníricas destacan más por su discurso y el guión que por su estética, pero es importante señalar el frecuente uso de un gran angular -que deforma los espacios- unido al propio móvil del director, con el que grabaron algunas escenas de la película; y cómo la cámara está en constante movimiento añadiendo más tensión y enfatizando el nerviosismo del protagonista.

Abel Ferrara vuelve a la ficción con una propuesta interesante. Nos trae a un personaje dual y humano que cree ser una especie de mesías, una especie de Travis Bickle en menor escala atormentado por el miedo a que los errores del pasado no sucedan de nuevo. Quizás estemos ante una película que le sirve al director como terapia curativa, como forma de abrirse a su público y mostrar sus miedos e inseguridades.

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