Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Esa larga, silenciosa y terrorífica sombra: «Never Rarely Sometimes Always» y «The Assistant»

El 2020 ha sido un año extraño para la industria del cine. Pocos han sido los estrenos que han llegado al público mayoritario – solamente a través de plataformas VOD o en formato físico – por lo que la escasez de producciones está siendo alarmante. En este contexto se enmarcan las dos películas de este post. Dos de las pocas que, gracias a su lanzamiento a principios de año, se han convertido en los títulos más interesantes; y de forma personal, mis favoritas de este 2020. Aunque, lo que hace relevantes The Assistant y Never Rarely Sometimes Always no es su “suerte” en términos de distribución, sino la significación de sus temáticas y su diálogo directo con la sociedad. Dos películas bajo la mirada femenina de experimentadas cineastas que reflexionan acerca de la violencia estructural sobre la mujer de una manera punzante y escalofriante. Dos películas con muchos paralelismos y que, bajo una apariencia de extrema cotidianidad (de ahí lo espeluznante), son los largometrajes más estremecedores y desgarradores de 2020.

Siendo la tercera cinta de Eliza Hittman y ganadora del Oso de Plata del Festival de Berlin en 2019, Never Rarely Sometimes Always narra la historia de Autumn (Sidney Flanigan) una adolescente con pocos recursos que decide interrumpir un embarazo no deseado. Para ello, emprende un viaje a Nueva York junto con su prima Skylar (Talia Ryder) donde viven un arduo proceso para poder realizar el aborto de manera segura. Así, Hittman vuelve a retratar una temática de identidad sexual tras sus largometrajes It Felt Like Love (2013) y Beach Rats (2017), aunque esta vez, de manera diferente.

La película hace incidencia en la falta de recursos destinados a la realización de abortos seguros en EE.UU. y en la violencia de género instalada en la sociedad. Así, la narración está construida en una sucesión de trámites y de acciones que deben realizar ambas chicas hasta el procedimiento clínico, pasando por su supervivencia en las calles de Nueva York sin ningún tipo de recurso económico. En su viaje, Hittman recoge muy inteligentemente una serie de acontecimientos que ponen en evidencia la violencia emocional y física contra la mujer donde las jóvenes, desamparadas frente a un mundo ajeno a sus problemas, deambulan y vagabundean por la ciudad en busca de un lugar seguro. Unas escenas cargadas de un fuerte simbolismo y que relatan el día a día del acoso sexual y su normalización. En especial, Skylar padecerá las consecuencias de la mirada masculina en su encuentro con Jasper (Theodore Pellerin). Escenas muy difíciles de contemplar y digerir, pero necesarias para la intencionalidad de la película.

Skylar acompaña a su prima Autumn en su viaje, tanto de manera literal como emocional

Así, la identidad sexual y la objetivización de la mujer va a pasar a formar parte de la narración donde la violencia silenciosa ejerce una enorme presión hacia las dos jóvenes: Autumn lucha por su derecho de decidir sobre su cuerpo mientras lidia con las circunstancias que la llevaron a esta situación; y Skylar se aferra a la sororidad incondicional que le une a su prima para soportar ciertas humillaciones. De hecho, uno de los elementos más hermosos de la película es la relación entre ambas donde la complicidad de los personajes se establece a partir de miradas y silencios. Un estilo íntimo y realista sustentado en las brillantes interpretaciones de las debutantes Sidney Flanigan – en la que es mi interpretación favorita del año – y Talia Ryder.

Sin embargo, no todo son sombras en esta cinta. La sensibilidad y calidez con la que están filmadas las escenas de los servicios de atención de los centros clínicos aporta un rayo esperanzador a una narrativa no muy alejada de la propia realidad. Hittman nos recuerda que siempre habrá alguien dispuesto a simpatizar y a ayudar sin realizar juicios de valor. Never Rarely Sometimes Always es una película emotiva, empática y descarnada que apela a la implicación personal y, sobre todo, a la institucional.

Por su parte, The Assistant es el primer largometraje de ficción de la montadora y documentalista australiana Kitty Green. La película se centra en Jane (Julia Garner) una joven becaria de una prestigiosa productora de Nueva York quien decide denunciar los abusos sexuales que su jefe ejerce sobre las mujeres de su entorno laboral. Algo que, sin ella ser plenamente consciente, le acarrea un severo conflicto de intereses en su futuro en la empresa y un dilema moral consigo misma. Así, la narración de la película se estructura a través de un día en la vida laboral de Jane y en la rutina de su trabajo, donde cada acción realizada va a ser un pequeño detonante en su toma de consciencia frente a lo que está pasando; desde imprimir los headshoots de aspirantes a actrices, organizar las citas de su jefe, lidiar con su esposa, limpiar la sala de descanso o vigilar a los hijos de los empleados. Acciones cotidianas y aparentemente inocentes que esconden algo más profundo y espeluznante. En esa oficina sucede algo y cada simple tarea rutinaria de Jane o cada conversación activará sus alarmas (y también las del espectador).

Los rostros y miradas de Julia Garner y Sidney Flanigan se convierten en los elementos más importante de la narración. En especial, en estas dos escenas tan desgarradoras donde se enfrentan directamente a sus conflictos internos

La narración está, así, supeditada a la mirada de Jane. Una mirada que tiene en su máxima expresión el rostro de Julia Garner (espectacular en una de las mejores y más sutiles interpretaciones de 2020), temerosa, prudente y transparente frente a cada pequeño detalle que sucede a su alrededor. Una manera de utilizar el punto de vista de forma cruda y escalofriante donde todo se sucede en un fuera de campo incidiendo en lo no-representado como símbolo de lo siniestro; aquella silenciosa y terrorífica sombra sistémica que todo lo cubre. Con una composición de la imagen claustrofóbica, unos escenarios monótonos y asépticos, un ritmo pausado, un montaje que dirige a la especulación y los estrictos silencios, Green nos recuerda que lo importante en The Assistant está en los márgenes y en la ausencia. Lo preocupante es aquello que no se dice, que “no se ve”, que no se denuncia. Aquello que parece “no existir”. 

The Assistant es, así, una cinta cargada de un contundente y complejo subtexto. De hecho, lo verdaderamente aterrador no solamente reside en la sutileza de la presentación del proceso de normalización de los abusos (tanto sexuales como laborales, que también se reflejan), sino en aquello que ha precedido a la película y, sobre todo, aquello que sucederá cuando Jane vuelva a la oficina al día siguiente. Un proceso de normalización y perpetuación abusivo en la industria audiovisual – no solo recordar el caso Weinstein, sino también el de Fox News representado en la cinta Bombshell (2019) – que hace de la indefensa, impotente y resignada Jane una nueva cómplice.

La puesta en escena claustrofóbica engulle al personaje de Jane que se siente atrapada por el círculo de abusos sistémicos de su entorno laboral

Con este trabajo se consolida la carrera de Green como una cineasta comprometida con los problemas sociales; en especial aquellos relacionados con la denuncia de la cultura de la violación en todas sus variantes. Así, en sus anteriores trabajos como documentalista, Ukraine is Not a Brothel (2013) y Casting JonBenet (2017), establecería una mirada crítica acerca del movimiento feminista FEMEN en el país de Europa del este y la macabra muerte de la childstar JonBenet en 1996 a modo de docudrama denunciando la explotación y sexualización infantil, respectivamente.

Tanto The Assistant como Never Rarely Sometimes Always son largometrajes que nos hacen reflexionar acerca de la violencia estructural de género en todas sus formas sin caer en discursos panfletarios ni estridencias melodramáticas. Precisamente, es la extrema cotidianidad y crudeza de lo que se retrata lo que estremece convirtiendo a Jane, Autumn y Skylar en víctimas invisibles de una sociedad que tolera el acoso, trivializa las agresiones y perpetúa los abusos de poder. Dos relatos de ficción que podrían ser extracciones de la realidad. Dos películas que son verdaderas “patadas en el estómago” que pretenden crear consciencia, apelar a la acción de los espectadores y donde se demuestra lo terrorífico de lo cotidiano. Lo terrorífico de lo sistémico.

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