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Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

«La otra mirada» (3): La segunda temporada, un salto ¿mortal?

Desde su estreno el año pasado en la primera cadena de la televisión pública, en este blog ya han aparecido dos publicaciones sobre la serie La otra mirada, creada por Boomerang TV. Si ahora consideramos oportuno incluir una tercera es porque se ha completado una segunda temporada y, a la espera de noticias sobre su renovación, no es mal momento para hacer repaso de las novedades y balance general.

Como ya se ha explicado aquí, cuando la serie apareció en nuestras pantallas llamó la atención que se planteara una historia casi absolutamente femenina, con el foco en la vida, la experiencia y el cuerpo de las mujeres, y aparentemente dedicada a promover ideas de igualdad. La elección del momento cronológico, y la estética, sin embargo, debían también tenerse en cuenta para no caer en la trampa de la nostalgia televisada. Si la primera temporada reflejó casi en tiempo real el drama del caso de ‘La Manada’, por ejemplo, lo hizo dejando una imagen idealizada de los años veinte en España que no se correspondía del todo con la realidad.

También se ha comentado en este foro el claro didacticismo de la serie, que en su primera temporada jugó con clichés, simplificaciones y hasta estereotipos para lanzar su mensaje sobre temas como la educación de las jóvenes, la libertad sexual o la brecha salarial. Su valor como producto pionero y educativo quedó claro, pero también las sombras que se proyectaban sobre sus elecciones narrativas. Quizá la idea de que el fin justifica los medios hizo que el equipo de guionistas –mixto en la entrega de 2018– sacrificara ciertos matices en aras de la concienciación y la sensibilización de las audiencias.

Este año, TVE decidió darle continuidad a La otra mirada y ofreció una segunda temporada de ocho episodios. En esta ocasión los guiones estuvieron cien por cien a cargo de mujeres (Alba Lucio, Irene Rodríguez, Tatiana Rodríguez y Ana Muniz), y el planteamiento consolidó los pilares del proyecto. Por un lado, el didacticismo se mantuvo como la fuerza fundamental tras las historias. TVE creó etiquetas explícitamente temáticas sobre el ‘asunto’ de cada episodio para las redes sociales (#LOMRacismo, #LOMAborto, etc.), y después de cada entrega se emitió una pieza sobre la misma cuestión, conducida por Isabel Gemio y que incluía información y entrevistas sobre los problemas tratados esa semana. Por otro lado, los personajes extremaron sus rasgos claves para enfatizar su representatividad. Así, Teresa radicalizó aún más su discurso, endurecida por la experiencia de la cárcel; Manuela fue más directora que nunca y se sacrificó por el bien de la escuela; Luisa lloró lágrimas de madre dispuesta a hacer lo necesario para llevar a su hijo por el buen camino; Flavia no se bajó de su corcel de heroína romántica y galopó hacia el amor de su vida; Roberta puso el palabras el peso de ser el centro de todas las miradas, etc. Si alguna cambió, fue Margarita, cuya evolución condiciona una de las tramas más relevantes de 2019, articulada alrededor del tema de la salud mental.

Desde el punto de vista del mensaje feminista, el gran salto de La otra mirada en su segunda temporada ha sido hacer malabares con el momento narrativo (los años veinte del siglo pasado) y el actual, intentando conseguir en el proceso un enfoque interseccional. Los últimos ocho episodios han tratado de poner las cuestiones relacionadas con el sexo y el género –puntales de la primera entrega– en diálogo con otras variables como la raza, la edad o la clase social. Para ello, las guionistas  han introducido en la escuela (si bien “a calzador”, como se diría popularmente) a una alumna de color, Inés. Interpretada por Dariam Coco, ha activado en la serie la conversación sobre el racismo, la discriminación por razón de origen y los discursos de odio basados en el prejuicio y la información manipulada sobre “los otros”. Además, han sumado al grupo de trabajadores manuales de la escuela (todos ellos varones) a Elías (César Vicente), un jardinero de origen humilde con problemas psiquiátricos que, con Margarita, se saltará las barreras de clase y obligará al resto de personajes a repensar sus creencias sobre la enfermedad. Incidiendo en el eje género-edad, han creado una trama de romance e intriga alrededor de Luisa, que se ha enfrentado a la reacción de la Sevilla conservadora como mujer viuda y de una cierta edad. Ella misma, en virtud de su relación con un sindicalista, casi ha hecho magia para conseguir con un par de frases bien dichas una alianza trans-clase a favor de la escuela con mujeres trabajadoras explotadas por un ‘señorito’. Y así sucesivamente.

El resultado de las decisiones creativas del equipo de la serie ha ido desigual, como ya ocurrió con su reescritura del caso de ‘La Manada’ que ya se ha mencionado. En ocasiones las historias han fluido sin grandes tropiezos, pero otras veces los avances se han hecho a trompicones y abusando del pacto ficcional con el público fiel. El planteamiento teórico-político de la interseccionalidad debiera haber hecho la serie más compleja y rica, pero no siempre ha sido así. Algunos episodios se han percibido como textos ‘de tesis’ con las chicas como heroínas salvadoras porque sí (ej. Margarita ante el intento de suicidio de Elías), y otros han simplificado asuntos que se ramifican mucho más allá de lo mostrado (ej. Flavia y su decisión sobre su embarazo).

El deseo de forzar un mensaje encapsulado en el hashtag de turno quizá haya llevado a la serie a su final. Su web oficial refleja ese didacticismo extremo con secciones como “Por qué La otra mirada debería estar en las escuelas”, y la mayor parte de las reseñas que circulan por la Red se centran en sus tesis feministas explícitas, identificándolas como su punto más destacado, para bien y para mal. Televisión Española aún no ha decidido oficialmente sobre el destino de la escuela de señoritas de Sevilla, y el final de la segunda temporada puede tanto ser un cierre como una puerta abierta al futuro. Que este exista o no dependerá seguramente de lo que pase en los despachos de RTVE, de Moncloa y del Congreso en los próximos meses. La audiencia ha sido discreta; el impacto en medios y redes, relativamente importante. El tiempo dirá si el tan deseado mensaje ha llegado a donde debía, o si La otra mirada muere atragantada con sus propias enseñanzas.

Los miércoles por la noche, a eso de casi las once, algunas –no tanto algunos-
A pocas semanas del estreno de La otra mirada, nuestra compañera Meritxell Esquirol dedicaba un post
A estas alturas, no conocer El Ministerio del Tiempo en territorio nacional es, prácticamente, impensable.
 

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