Otra manera de ver el romance: Root y Shaw en #PersonOfInterest

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Quienes nos dedicamos a estudiar los productos de cultura popular con perspectiva de género nos encontramos casi en todas las ocasiones con que el amor romántico heteronormativo es una poderosa herramienta de control. La reproducción de los patrones tradicionales en las historias “chico-conoce-chica” que nos suelen contar las películas o series al uso termina prácticamente siempre atrapando a las mujeres en un rol pasivo, basado en la entrega y la renuncia. Sin embargo, algunas propuestas audiovisuales recientes intentan contarnos que otra forma de ver las relaciones es posible.

En Person of Interest (CBS, 2011-2016), Jonathan Nolan y su equipo de guionistas imaginó a dos mujeres nada tradicionales que se conocían en circunstancias muy peculiares y que encontraban formas atípicas de expresar lo que sentían la una por la otra. Samantha Groves, conocida como Root (Amy Acker) y Sameen Shaw (Sarah Shahi) fueron en esta serie enemigas, asociadas a la fuerza, aliadas, amigas y amantes; todo ello sin caer en el “si tú me dices ven lo dejo todo” o en la exhibición de códigos sexuales desplegados entre mujeres pero pensados para hombres.

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Presente desde la primera temporada y con una importancia creciente en las sucesivas entregas de Person of Interest, Root es una hacker de inteligencia brillante, capacidad camaleónica y habilidades muy llamativas para las artes marciales y el manejo de las armas. Incorporada al equipo de la Máquina después de ser rescatada en la temporada segunda, Shaw es una antigua asesina a sueldo que encuentra en la causa de Harold Finch (Michael Emerson) una motivación vital. Ambas son independientes, físicamente poderosas, atractivas y muy capaces de ganar sus propias batallas. Sin embargo, se eligen mutuamente tras superar su inicial antagonismo y terminan protegiéndose a sí mismas y la una a la otra hasta el último aliento.

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Entre Root y Shaw hay varias escenas de tensión sexual, pero solo una de sexo explícito… en la mente de Shaw. Atrapada por Samaritano, la máquina clónica de la de Finch y el gran enemigo a batir, es obligada a experimentar miles de simulaciones. En una de ellas, sus sentimientos por Root acaban de revelarse, y la atracción que se intuía entre ellas encuentra una salida intensa. En todas las demás, Shaw es capaz de controlar su propia imaginación y halla formas de evitar destapar dónde está el escondite de Root y su equipo, así como de no matarla, a pesar de que Samaritano siempre termina por colocarla en la tesitura de “ella o yo”. La confesión a Root tras su reencuentro, “Eras mi lugar seguro”; “He matado a mucha gente, pero  nunca a ti”, es lo más cercano a una declaración de amor que Nolan nos regala. Y precisamente porque sabemos como audiencia lo difícil que es para Shaw sentir y expresar emociones, lo vivimos como el clímax del mejor de los romances hollywoodienses.

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Por su parte, la hiperactiva Root es la primera en dar un paso hacia su compañera y dejarle claro que quiere estar con ella. Cuando Shaw desaparece durante largo tiempo, Root convierte en la misión de su vida encontrarla y rescatarla sana y salva. Nada es más importante. Nadie está por delante. Y cuando lo logra, se mantiene leal a Shaw incluso más allá de la muerte. Tras ser fatalmente tiroteada, es recuperada como voz por la Máquina, que la había usado antes como interfaz para comunicarse gracias a un implante coclear que Root había llevado durante varias temporadas. Así, la mujer-cyborg sigue viva en las conversaciones de la Máquina con su creador, Finch, y rompe las reglas para susurrarle al oído también a Shaw. El luto de ésta tampoco cumple con la tradición, pero su pérdida tras ser asesinada Root y su alegría al volver a oír su voz se nos hacen tan evidentes como lo había sido antes su atracción.

La relación entre Root y Shaw ha sido celebrada en foros lésbicos online, donde se ha llegado a afirmar que, tras consolidarse su historia, se habían convertido en “canon”, rompiendo así una barrera narrativa muy resistente. Sin embargo, también se ha criticado el desenlace elegido por Nolan para esta pareja de mujeres, que han terminado por caer, con los disparos sobre Root, en el recurrente Síndrome de la Lesbiana Muerta que aqueja a las ficciones fílmicas y televisivas actuales. Otros ejemplos de este giro conservador en series contemporáneas son Tara en Buffy (WB, 1997-2001 y UPN, 2001-2002), Maia en Pretty Little Liars (Freeform, 2010- ), Helen en Masters of Sex (Showtime, 2013- ) o Lexa en The 100 (The CW, 2014- ); todas ellas víctimas de una recuperación heteronormativa que está acabando con la paciencia de una parte del público.

En conjunto, Root y Shaw son heroínas transicionales de inicios del siglo XXI. Se mueven entre las figuras de mujer fálica y mujer postfálica descritas por Asunción Bernárdez (véase Anàlisi 47), si bien terminan por inclinarse más bien del lado de lo fálico. Su creador, a pesar de las intenciones de neutralidad en cuanto al género de las que presume en sus entrevistas, acaba por permitir que el canon estético y la tradición narrativa patriarcales se ceben sobre personajes que durante varios años habían roto con casi todo. Por mi parte, las he disfrutado como espectadora, celebrando su apropiación de códigos tradicionalmente masculinos y, sobre todo, su empeño en ser autónomas a la vez que fieles a su gente. Como analista, me he debatido entre leerlas en positivo y caer en el pesimismo hermenéutico. Finalmente, he tomado mi decisión. Y la reflexión ha merecido la pena.

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