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Penny Dreadful: brujas, hechizos y otros deleites

Jesús Diamantino Valdés es ya un viejo conocido en rirca.es: Profesor instructor del Departamento de Expresión de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, es miembro del Grupo de Estudios sobre lo Fantástico (GEF) de la Universidad Autónoma de Barcelona. Trabaja sobre literatura de terror en Hispanoamérica y narrativas transmediales. Con nosotros ya había colaborado recomendándonos la serie Bates Motel, pero como aquel artículo nos dejó a todos con ganas de más, Jesús ha decidido participar en nuestro seguimiento semanal sobre la serie de terror victoriano Penny Dreadful. Aquí les dejamos con su visión sobre el tercer episodio: The Nightcomers.

Una de las principales características de las series de terror de la última década es el afán enciclopédico, es decir, la intención de rendir homenaje o reactualizar ciertos tópicos ya legitimizados en ficción moderna. Penny Dreadful es quizás el mejor ejemplo de esta propensión, pero a diferencia de Supernatural o American Horror Story (aunque su influencia aquí es innegable), la propuesta de John Logan busca revindicar el terror tremendum de antaño, recurriendo a la atmósfera ominosa y la delicadeza artística de lo grotesco. Sin duda, el tercer capítulo de la segunda temporada, titulado The Nightcomers, fundamenta aquel anhelo. En esta ocasión, Vanessa Ives nos presenta uno de los eventos más siniestros de su pasado, y al igual que en el quinto capítulo de la primera temporada, Closer than sister, el horror y el drama se conjugan de forma magistral, estrechando aun más el lazo entre los espectadores y la diabólica protagonista.

El apartado escenifica un oscuro cuento de hadas: una casa en páramo habitada por una conocida bruja de la región, un bosque con un encantamiento onírico (¿trillada proyección del subconsciente?) y unos decorados que nos recuerdan a los buenos tiempos de Tim Burton (cuando el uso del gótico significaba vitalidad y no un cliché comercial). Asimismo, la extraordinaria aparición de las tres brujas encabezadas por la pérfida Madame Kali (Helen McCrory) homenajean a Macbeth de Shakespeare, en medio de un ponzoñoso telón de fondo. Todo lo anterior orquestado por una música que hace eco de las partituras de Wojciech Kilar para Drácula de Bram Stoker. Y aparte de los innumerables guiños al cine sectario (Häxan, Ojos bien cerrados, incluso Harry Potter), The Nightcomers nos devela el origen del enigmático escorpión y la profunda humanidad de nuestra atormentada femme fatale, una deliciosa pieza que, me atrevo a decir, servirá de piedra angular para esta nueva temporada.

Es también interesante el proceso de aprendizaje (o canalización) que experimenta Vanessa Ives junto a la hechicera Joan Clayton; no hay respuestas concretas en este contexto, pero sí advertimos ciertos elementos que de seguro serán fundamentales para el desarrollo de la trama, como las palabras finales de la maestra-bruja y la aparición de aquel libro blasfemo que emula otros textos malditos de la literatura fantástica como el Libro del Rey Amarillo de Robert Chambers o el terrible Necronomicon de H. P. Lovecraft. He ahí, precisamente, uno de los aspectos más interesantes de la obra de Logan: la convergencia del saber científico (anatomía, egiptología, arqueología) y la especulación ocultista (espiritismo, brujería, satanismo) como vías de acceso a la verdad; un tópico que parecía haberse extinto con la trillada parasicología de cine hollywoodense. ¡Pero ha regresado en gloria y majestad! En este sentido, y más allá de cualquier pretensión filosófica, Penny Dreadful sugiere una interesante reflexión sobre el arte y las posibilidades de la representación televisiva.

Vanessa y Joan Clayton. Fotograma del episodio The Nightcomers

Mientras tanto, lo único que sabemos es que la Maldad se manifestará con toda su fuerza… ¿Qué les deparará a nuestros personajes? Lo peor, obviamente. Y eso, aunque duela, es lo más estimulante para el receptor.

Lo más destacado del tercer capítulo: el barroquismo terrorífico que impresiona hasta la médula, junto con la conmovedora historia de Vanessa y la bruja de Ballentree Moor… Y por supuesto, la aterradora escena en donde Madame Kali envenena el ganado ¡Brutal! El clímax de seguro no dejará indiferente a ningún adepto.
Por otra parte, resulta seductora la raigambre folclórica de la hechicería nórdica y el incipiente satanismo que cobra fuerza en cada episodio.

Lo que menos me llamó la atención: lo siento, el capítulo fue un completo deleite.

Pistas a seguir: todos los consejos, sentencias, aforismos… en realidad, creo que todas las líneas de Joan Clayton, pues de seguro sirven de oráculo para los próximos episodios.

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