Saga Norén, Policía de Malmö

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Hace un tiempo un compañero de este blog recomendaba acercarse a la serie escandinava Bron/Broen (SVT 1, 2011-   ). En una publicación introductoria, nos presentaba a los protagonistas de su primera temporada, Saga Norén (Sofia Helin) y Martin Rodhe (Kim Bodnia), y destacaba su encaje en un ambiente “gélido y distante”. En la estela de su sugerencia, yo dedico mis líneas de hoy a la coprotagonista femenina, Saga; un personaje muy particular en el panorama de las series contemporáneas.

La trama del drama procedimental Bron/Broen (adaptado en EEUU como The Bridge para FX, y en Gran Bretaña y Francia como The Tunnel para Sky Atlantic y Canal +) tiene lugar entre Suecia y Dinamarca, y Saga Norén es una detective del cuerpo de Policía de Malmö que se ve forzada a colaborar con diferentes colegas de Dinamarca, entre ellos el campechano-con-dobleces Martin Rodhe en las temporadas 1 y 2, o el más joven-atractivo-peligroso Henrik Sabroe (Thure Lindhard) en la temporada 3 (la cuarta está en preparación). Con ellos establecerá relaciones muy diferentes y bastante inesperadas en las dinámicas narrativas a las que estamos acostumbradas; siempre condicionadas por su fuerte personalidad.

A primera vista, Saga es una mujer hermosa que podría encajar en el canon occidental más típico: rubia, de ojos claros, alta, con larga melena… Sin embargo, su forma de gestionar su política corporal evidencia desde un principio que no es una Barbie cualquiera. Para ella el cuerpo es un instrumento de trabajo y de placer (sobre todo lo primero), y el coqueteo, la vanidad o la incomodidad en nombre de una estética determinada no caben en su planteamiento vital. Su rostro aparece siempre sin maquillaje, mostrando una cicatriz que, si bien es real (resultado de un accidente de bicicleta de Sofia Helin), se convierte en un símbolo de la muy humana imperfección de la bella, fuerte y desconcertante Saga. Come, bebe, practica sexo y duerme solo cuando lo necesita; lleva siempre los mismos conjuntos de ropa, que cambia cuando ya es casi urgente y delante de cualquiera que pueda estar mirando; apenas se contempla en los espejos, y basa sus relaciones erótico-románticas en peticiones explícitas y diálogos directos, no en seducciones organizadas al estilo Hollywoodiense o pornográfico al uso.

Una mayoría de espectadores/as de Bron/Broen  parece estar de acuerdo en que Saga Norén padece el Síndrome de Asperger, y que esa es la causa de su manera poco habitual de establecer vínculos con otras personas. Efectivamente, la detective se nos presenta como escasamente empática, con dificultades para entender el humor o el sarcasmo, con una personalidad que se proyecta mucho más hacia dentro que hacia fuera, y con ninguna sutileza para las relaciones. Es inteligente y muy buena en lo que hace para ganarse la vida, pero es torpe en la interacción social y tiene pocos amigos, algunos amantes ocasionales y apenas parejas que puedan convivir largo tiempo con su “trastorno” (si bien los creadores de la serie nunca han confirmado que lo sufra).

En un momento en el que el público ya ha conocido y aprendido a amar en cierta manera al robótico pero tierno Sheldon Cooper (The Big Bang Theory; CBS, 2007-   ) y al infalible te-lo-perdonamos-por-ser-quien-eres Sherlock Holmes de la BBC (2010-   ), la inclusión de un personaje con rasgos autistas en una ficción televisiva no parece ser una gran novedad. Y sin embargo lo es. Porque Saga Norén, por mucho que ella se empeñe en no subrayarlo como importante, es una mujer.

Cuando el pediatra Hans Asperger (1906-1980) definió el problema conductual que lleva su nombre, afirmó de entrada que las niñas no podían padecerlo. La evidencia y el desarrollo de estudios posteriores le han llevado la contraria. La razón fundamental para la conceptualización del trastorno como exclusivamente masculino era su énfasis en la inteligencia racional frente a la emocional: como vemos en los casos de Sheldon y Sherlock, los hombres con Asperger pueden ser extremadamente efectivos en su ejercicio del pensamiento matemático, lógico o deductivo, y al mismo tiempo tremendamente ineptos en su manejo de los afectos, los sentimientos y la pragmática del lenguaje cotidiano.

Saga Norén, el único personaje femenino protagonista con Asperger en la televisión occidental de momento, es todo lo que son Cooper y Holmes, pero con cuerpo de mujer. Este hecho condiciona cómo las personas que la rodean interpretan sus actos. A las féminas se nos presupone más carga emocional que a los varones en los procesos de toma de decisión; se asume que buscamos el romance y el cariño antes que la satisfacción meramente física a través del sexo; se espera que pongamos la familia por delante del trabajo; se entiende que usaremos nuestra belleza como arma de seducción y que la mimaremos para los ojos ajenos. Pero la heroína de Bron/Broen no hace nada de esto, y tanto sus colegas como el público mayoritario caen en el desconcierto cuando se dan cuenta.

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Para Norén lo más importante de su vida es su labor como detective de la Policía de Malmö (es lo que la identifica por encima de todo, como comprobamos cada vez que contesta su teléfono). Sus decisiones se basan siempre en la lógica deductiva que aplica como investigadora, y si afectan a sus escasas amistades u otro tipo de relaciones, ella lo lamenta pero no se echa atrás (como vemos al final de la temporada 2, que termina muy mal para su compañero Martin). A pesar de su limitada gestualidad y su aparente frialdad, Saga tiene sentimientos, pero jamás antepone el romance a su profesión o a sus necesidades más urgentes. Cuando quiere sexo lo busca o lo pide (y suele conseguirlo), pero no lo rodea de convenciones sentimentales ni lo utiliza como base para formar una familia o mantener un vínculo heterosexual. Por último, como ya he comentado, es consciente de su cuerpo en tanto que herramienta útil, y es capaz de correr, fornicar, pelear, o lo que haga falta, sin autoconcebirse como una muñeca frágil o como un objeto para ser observado.

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La recepción del personaje de Norén ha sido positiva en general, y se han llegado a escribir artículos sobre su carácter transgresor y de modelo positivo para las mujeres autistas, como el elaborado por Lucy Towsend para la BBC en 2015. Su complejidad se ha ido revelando a lo largo de tres temporadas, y la última emitida ha dado algunas claves para entender que detrás del rostro poco expresivo de Saga hay un ser humano con un pasado doloroso y un presente difícil. En estos años hemos visto a la Norén amiga, compañera, novia, hermana e hija, además de a la detective; y hemos podido constatar que algunos de sus colegas varones tienen lados oscuros mucho más perturbadores que el de ella (la violenta decisión final de Martin, la existencia en permanente pausa de Henrik). Si bien los episodios más recientes han caído en ocasiones en la hipérbole para subrayar el sufrimiento de la heroína, en general su desarrollo ha sido sostenido y lógico, y su presencia una ruptura que ha hecho una grieta más en el techo de cristal de la televisión actual. Saga Norén, de la Policía de Malmö, ha demostrado que se puede ser imperfecta sin por ello dejar de estar en el centro de una buena historia para la pequeña pantalla. Larga vida.

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