Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Un viaje hacia la libertad. «Elisa y Marcela» (Isabel Coixet, 2019)

«Te aseguro que alguien se acordará de nosotras.» Proclamaba Safo allá por el siglo VI a.C. Y no se equivocaba. Isabel Coixet, la excepcional directora de películas como La librería (2017) y Mi vida sin mí (2003) que hace apenas unos días ha sido galardonada con el Premio Nacional de Cinematografía, en su último film Elisa y Marcela (2019) vino a recordarnos a esas mujeres que se atrevieron a amarse contra viento y marea.

Elisa y Marcela

La película nos presenta la historia de Maria Elisa Carmen Sánchez Loriga y Marcela Gracias Ibeas, interpretadas por  Natalia de Molina y Greta Fernández respectivamente, dos jóvenes estudiantes que entablaron una intensa amistad que desde el primer momento escaló rápidamente en un romance apasionado y secreto. Su historia es relatada en forma de confesión por una Marcela ya añeja a modo de  flashback. 

Por más de 10 años su relación tuvo que sobrevivir a la oposición de sus familias (sobretodo la de Marcela), la distancia y el desgaste del tiempo. Pero nada pudo frenar su deseo por compartir sus vidas. En el film su separación se narra a través de la lectura de unas bellas cartas que redactaron las mismas actrices para sus personajes. Es en este momento en el que imágenes de paisajes y los rostros y cartas de las amantes se superponen y se funden en un montaje poético que rompe con la linealidad del resto del film con el fin de enfatizar los sentimientos de las protagonistas. 

Pasados los años, logran establecerse en un pueblo juntas y es aquí donde empieza el verdadero periplo de las amantes al llevar a cabo un acto histórico y revolucionario. El 8 de junio de 1901 en la iglesia de San Jorge (A Coruña), siete y media de la mañana, el párroco Víctor Cortiella oficiaba, inconscientemente, la primera boda homosexual en España. Que a día de hoy sigue siendo un matrimonio válido. La Voz de Galicia del 22 de junio de 1901 exclamaba la impactante noticia: ‘¡Un matrimonio sin hombre!’. Este suceso se produjo cuando Elisa se convirtió en el primo Mario de esta misma y se casaba con Marcela. 

Portada de La Voz de Galicia del 22 de junio de 1901

Su credibilidad en la aldea pendía de un hilo y, a pesar de sus grandes intentos por hacer verosímil su historia, más pronto que tarde fueron descubiertas y linchadas por lo que inician su huida a Portugal. Su llegada también tardó poco en dejar de ser pacífica cuando al estar en busca y captura fueron encarceladas. Entre rejas, y siempre de la mano, Marcela da a luz a una hija. Finalmente, y con muchas dificultades logran con ayuda poder tener una salida y escapar a Argentina, primero Elisa a quien seguiría más tarde Marcela dejando atrás a su hija para encontrarse con su amada. Su verdadero final se desconoce donde se acaba su pista, pero ojalá la enternecedora conclusión de Coixet ande en lo cierto y finalmente Elisa y Marcela lograran encontrar ese rincón en el que vivir juntas que por tanto tiempo buscaron.

La labor de guión fue compartida. Narciso de Gabriel, catedrático de la Universidad da Coruña, se encontró por casualidad con esta historia en los noventa. Decidió plasmarla en el libro Elisa y Marcela: amigas y amantes. Reconstruyó un hecho histórico que con Isabel Coixet tomó la forma de largometraje para Netflix. 

Jennifer Cox, directora de fotografía, juega con la profundidad en muchos de sus planos

Más allá del trabajo de guión,  tienen una importante labor la dirección artística y la fotografía. En primer lugar, la dirección artística de Silvia Steinbrecht quien fue premiada con el Premio Gaudí 2020 a la mejor dirección artística por su trabajo genera una ambientación sublime de la Galicia de principios del siglo XX. Y por otro lado, el increible trabajo de fotografía, a cargo de Jennifer Cox, con la elección de un blanco y negro contrastado y saturado. La luz es utilizada para reflejar la relación de las amantes y su sensación de libertad. La omisión de luz, refleja momentos en los que no pueden expresar sus sentimientos y vivir su romance libremente como al principio del filme donde conviven en espacios cerrados: el colegio, la casa de Marcela donde se respira un aire hostil, y más adelante en el valle donde residen juntas y deben permanecer encerradas en casa y en la cárcel de Lisboa. Pero en los momentos en los que pueden expresarse libremente se usa una luz intensa y aparecen paisajes naturales amplios en los que comparten escena de forma libre. La luz brillante y los espacios abiertos crean escenas casi oníricas, llenas de pasión y libertad.

Coixet explora esta historia de amor con una enorme sensibilidad alejándose de tabúes sin miedo a mostrar la pasión de las protagonistas y embarcándonos en su viaje hacia la libertad.

 

 

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