Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

5 razones para ver «Damages» (FX, 2007-2012)

Las vacaciones suelen ser un buen momento para ponerse al día en esas series de televisión que tienes pendientes por distintos motivos, o porque se te pasó en el momento de su emisión o porque vas atrasando su visionado por la más que interesante oferta que se está produciendo en los distintos canales on demand que no solo te ofrecen sus más recientes producciones sino que tienen la más que magnífica idea de proporcionar todas las temporadas de series no tan recientes. Este es el caso de Damages (FX, 2007-2012), un drama legal mucho más que cercano al thriller que pasó desapercibido para el gran público que, en los momentos de la llamada «Tercera Edad de Oro» de la televisión y recién acabada la icónica The Sopranos (HBO, 1999-2007) estaba mucho más pendiente de títulos como House M.D (FOX, 2004-2012), Lost (ABC, 2004-2010), Mad Men (HBO, 2007-2015), Dexter (Showtime, 2006-2013) o Breaking Bad (Sony Pictures TV, 2008-2013). Un interés comprensible pero que fue en detrimento de Damages, una serie que, aún recogiendo las características esenciales de la edad de oro a la que pertenece, resulta mucho más experimental y arriesgada que todas ellas. Por eso, y a pesar de que alguna  temporada es un tanto irregular, ahí van nuestras cinco razones para verla o revisitarla según sea el caso.

Patty Hewes (Glenn Close) y Tom Shayes (Tate Donovan)

1.La «aparente» premisa inicial y su relación con la factualidad. Creada por Devid Zelman y por Glenn y Todd Kessler, Damages es aparentemente un drama legal acerca de los más que complejos casos llevados a cabo por Patty Hewes (Glenn Close) y algunos de los miembros de su bufete entre los que se encuentra Tom Shayes (Tate Donovan). Hewes asume en cada una de las temporadas no la defensa de una persona en concreto sino de colectivos perjudicados por ilegalidades cometidas por corporaciones influyentes con extensiones en las capas del poder. Esta premisa inicial ficcional va a basarse en hechos reales conocidos por las audiencias, especialmente las estadounidenses aunque ello no impide que las temáticas sean de alcance global, tal como muestran los argumentos de cada una de las temporadas: los despidos masivos por una supuesta quiebra de la empresa de Arthur Frobisher (Ted Danson) se basa en el escándalo de las mismas características protagonizado por Arthur Enron;  la  utilización de sustancias contaminantes denunciadas por Daniel Purcell (William Hurt) se equiparan a la crisis de la California Energy; el blanqueo de capitales en paraísos fiscales de la familia Tobin  y su heredero Joe (Campbell Scott) se relaciona con las acciones de Bernie Madoff; la denuncia a la empresa militar dirigida por Howard Erickson (John Goodman) se relaciona con Blackwater; y, finalmente, la transparencia gubernamental y la filtración de informaciones en la red protagonizada por Channing McClaren (Ryan Phillipe)  son un remedo de Wikileaks. Pero esta premisa inicial se ve trastocada por la aparición en la serie de la joven Ellen Parsons (Rose Byrne) por una parte, y por la narrativa no lineal y en algunas ocasiones caótica de Damages, por otra parte.

Ellen Parsons (Rose Byrne) es un personaje esencial en la serie

2.Una narrativa no lineal. Uno de los elementos definidores de Damages es su complejidad narrativa que aleja la serie de los esquemas aparentes del drama legal. Y es que el punto de partida de todas las temporadas es un acontecimiento situado en el presente en el que se ve implicado alguno de los personajes principales de la serie. Este presente plasmado en imágenes puntuales que van apareciendo paulatinamente a lo largo de cada uno de los episodios con la lógica ampliación informativa conduce al despliegue del pasado argumental no necesariamente ordenado cronológicamente. Por ello, contrariamente a la afirmación de que la estructura de la serie es un flashforward, los creadores proponen ya desde las primeras escenas de cada temporada dos cuestiones esenciales a las que intentarán responder las audiencias: ¿cómo se ha llegado a este punto extraordinariamente dramático? y, consecuentemente, ¿qué debe haber pasado para que se produzca esta situación tan extrema? Todos y cada uno de los episodios arrojarán parte de luz a estas cuestiones sugiriendo posibilidades de desarrollo (foreshadowing) que no necesariamente se cumplen de manera que otra de las esencias de Damages es la creación de confusión en el espectador quien llega a lo que serán falsas conclusiones (red herring). De este modo, cada una de las temporadas son inmensos flashbacks del argumento con una perfecta dosificación informativa, no exento, en algunos casos, del uso del «efecto mariposa». Un magnífico y milimétrico juego de escritura que, sin duda, pone a prueba al espectador. Y un juego temporal que se traduce en la puesta en escena donde el presente/pasado tendrá su reflejo en la desaturación de los colores en las distintas situaciones ofrecidas al que no es ajeno el juego entre la realidad y el sueño.

Patty Hewes (Glenn Close) con Arthur Frobisher (Ted Danson)

3. Patty y Ellen: el doppelgänger perfecto. La entrada de Ellen en el bufete de Patty Hewes en la primera temporada parece conducir a un esquema de rivalidad entre ambas; de hecho, la mayoría de comentarios sobre la serie remarcan la rivalidad en términos de «Patty vs Ellen». Lo cierto es que la propuesta de Damages va más allá de este esquema: ya desde la primera temporada asistimos a la complicidad (también a sus piques personales) entre dos mujeres que son idénticas. Patty es una mujer que se ha construido a sí misma, independiente y manipuladora a partes iguales, y extremadamente maquiavélica en su trabajo. Un personaje con el que podemos empatizar porque es defensora de causas inicialmente perdidas frente a las grandes corporaciones y al que también podemos reconocer su falta de escrúpulos (quizá más bien engaños sistemáticos) a la hora de ganar un caso. Un diseño que comparte Ellen quien gradualmente se ira convirtiendo en el doppelgänger de Patty, un doble o una proyección, eso sí más amable o menos sarcástico, según se mire. Y un trasvase de roles que conducen al liderazgo de la acción de Ellen y a una más que interesante introspección del personaje de Patty. Una transformación que va más allá de la construcción dialógica o de acciones para centrarse en la absoluta complementariedad entre Glenn Close y la injustamente-poco-reconocida Rose Byrne. Y es que no hace falta que verbalicen las cosas, sus interpretaciones son la perfecta muestra de «me estás diciendo una cosa pero sé que estás pensando otra muy distinta»; o, si se prefiere, Glenn Close y Rose Byrne muestran un magistral ejercicio intepretativo de asimilación mental y emocional de la otra que, como no puede ser de otro modo, deja boquiabierto al espectador.

Ray Fiske (Zeljko Ivanek) es uno de los personajes más interesantes de la serie

4. Una serie sórdida y más que oscura. Quizá de las más sórdidas y oscuras que se han visto en la ficción televisiva de los últimos veinte años con permiso de Euphoria, por poner un ejemplo reciente. Una oscuridad marcada no tanto por las argucias de Patty Hewes que también, sino por el retorcimiento de los personajes protagonistas, con pasados personales turbulentos que se manifiestan en comportamientos y situaciones presentes en las que todo puede llegar a ser mentira. O puede no ser del todo cierto. Un planteamiento cercano, pues, a una visión trágica del personaje. Así, y dejando de lado a los «villanos» oficiales de cada uno de las temporadas y a las dos abogadas protagonistas de la serie, los personajes secundarios de las distintas tramas ofrecen un panorama de actantes y/o víctimas colaterales del submundo del poder habitualmente en la sombra: el más que interesante  y torturado personaje de Ray Fiske (con un espectacular Zeljko Ivanek), el casi psicopático/antiempático Daniel Purcell (William Hurt), el tándem formado por el retorcido Joe Tobin (Campbell Scott) y el decepcionado abogado Leonard Winstone (Martin Short) o el desagrable y falto de escrúpulos fixer Jerry Boorman (Dylan Baker). Mención aparte merece la construcción de Tom Shayes, una pequeña joya interpretada por Tate Donovan.

Martin Short encarna a Leonard Winstone en la tercera entrega

5. Un reparto de lujo. Sin ninguna duda, uno de los valores de Damages es el reparto que acompaña a los personajes centrales. Un elenco de nombres que, además de los ya mencionados, incluyen a Michael Nouri, Lily Tomlin (magnífica ella y magnífico personaje de la matriarca de los Tobin), Timothy Oliphant, Chris Messina, Keith Carradine o Judd Hirsh. Todos ellos van a tener una funcionalidad específica perfectamente integrada en las tramas de la serie. Un reparto conjunto que mereció en 2009 el premio de la Casting Society of America, además de otros galardones individuales para Glenn Close ( dos Emmys y un Golden Globe en 2008 y 2009 además del Satellite Award en 2009) y Zelkjo Ivanek (el Emmy en 2008). Un reconocimiento que alcanza a muchos de los integrantes del reparto y del equipo técnico hasta un total de 78 nominaciones en distintas convocatorias internacionales. A pesar de las nominaciones recurrentes de Rose Byrne, la actriz (australiana ella)  solo consiguió en 2007 el premio concedido por el Australian Film Institute; una auténtica lástima porque Byrne no solo está impresionante en Damages sino que es una de esas actrices (como también le sucede a Rachel McAdams o Amy Adams, por poner solo dos casos) cuya trayectoria parece pasar desapercibida para los integrantes de los jurados cinematográficos. Una reivindicación de una actriz que, a veces, parece que, para las audiencias, es engullida por el nombre sus compañeros de reparto en Damages.

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