Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

«Dune» (2021): la doctora Kynes, la teología de James Cone y otros apuntes sobre un espectáculo cinematográfico de final (demasiado) abierto

Hoy se estrena como colaborador el Doctor Javier Morales Nuñez, periodista en activo y profesor de Periodismo en CESAG-Comillas. Licenciado en Ciencias de la Información y especialista en Cognición y Evolución Humana, hace poco leyó su tesis doctoral bajo el título El Cuerpo Revestido en «Dune» (1965-2003). Así que, hoy nos ofrece una lectura analítica y muy específica sobre la nueva adaptación de Dune (Villeneuve, 2021).

El personaje de Liet-Kynes es, seguramente, uno de los más interesantes de Dune (2021), la versión cinematográfica dirigida por Denis Villeneuve de Dune (1965), el memorable clásico de ciencia ficción escrito por Frank Herbert, obra enmarcada en la Nueva Ola y considerada por algunos académicos la apoteosis de la Era de Acuario. El texto narra la contienda entre familias aristocráticas galácticas en un futuro lejano, con la disputa por hacerse con el control de la especia melange como fondo. Se trata de la sustancia más preciada del universo, imprescindible para los viajes interestelares. La historia fue adaptada al cine por David Lynch en 1984 y a la televisión en 2000 por John Harrison, una miniserie de tres capítulos que en 2003 continuó Greg Yaitanes, que dirigió tres capítulos más, que traducen al audiovisual dos libros que continuaron la saga literaria: Dune Messiah (1969) y Children of Dune (1976). Con guion del propio Villeneuve, escrito mano a mano con Jon Spaihts y Eric Roth, la película de 2021 transforma al planetólogo del libro, al servicio del emperador Shaddam IV de la Casa de Corrino, en la doctora Kynes, una científica a la que da vida la actriz inglesa Sharon Duncan-Brewster.

El planetólogo imperial se transforma en doctora Kynes en Dune (2021)

El emperador ha encargado a la doctora traicionar al duque Leto Atreides una vez este ha recibido la encomienda de hacerse con el control de la extracción de especia del planeta Arrakis, también conocido como Dune. Pero ella cambiará de bando al detectar en Paul, el heredero del duque, los signos de las leyendas que identifican al chico con el mesías esperado por el pueblo de guerreros fremen, los primeros humanos que llegaron al mundo Arrakis huyendo de la persecución religiosa. Sharon Duncan-Brewster comparte planos con Timothée Chalamet (Paul Atreides), Oscar Isaac (Leto Atreides), Rebecca Ferguson (dama Jessica) o Jason Momoa (Duncan Idaho), entre otros actores de primer nivel, mientras suena la potente, hipnotizante y por momentos tribal banda sonora firmada por Hans Zimmer. Dune (2021) recoge la primera mitad del libro de 1965. Spoiler 1: La película acaba con un sugerente “esto solo es el principio”, con el desierto arrakiano como horizonte por explorar. Así las cosas, la versión de Villeneuve del libro de Herbert deja abiertas demasiadas cuestiones, ofrece más preguntas que respuestas.

Elenco de actores principales de la nueva versión del libro de Frank Herbert

La interpretación que realiza la actriz inglesa del personaje de Liet-Kynes motiva que en la mente del espectador reverbere un sugestivo artículo publicado en 2018 por Peter Herman en Religions. El académico parte de las aportaciones teológicas de James Cone, que en la década de los sesenta del siglo pasado defendió la transvaluación de la interpretación habitual de “blanquedad” y “negritud”, asociadas en los Estados Unidos de aquella época con la bondad y la maldad respectivamente. Herman aplica las ideas de Cone como lentes a través de las que leer dos personajes fundamentales en la novela: Paul Atreides, el héroe y supuesto mesías, y el doctor Kynes, planetólogo imperial conocido como Liet entre los fremen, cuyas tribus lidera en secreto. En el texto literario, Liet-Kynes es un alto funcionario al servicio del emperador. Pero también es hijo, marido y padre de mujeres fremen. Se trata de un ser entre dos mundos, el de las grandes casas aristocráticas que gobiernan sistemas planetarios y el representado por las supersticiones de los esquivos e históricamente perseguidos fremen. Herman concluye que el verdadero mesías de la trama imaginada por Herbert no es el joven Atreides sino el planetólogo que, siguiendo a Cone, ha muerto en su blanquedad para renacer en la negritud representada por las tribus arrakianas.

Javier Barden como Stilgar, líder fremen de la tribu de Tabr

El color de piel de Sharon Duncan-Brewster ayuda a percibir su personaje como una encarnación posible, en el siglo XXI, de las ideas de Cone tamizadas por Herman. Pero en la película de Villeneuve no todos los fremen son negros. De hecho, Stilgar, el líder de la tribu de Tabr, es ni más ni menos que el actor español Javier Barden. Tampoco todos los personajes de color que aparecen representan como metonimia el sujeto oprimido. No en vano, el actor británico Benjamin Clémentine, poseedor de una belleza racial masculina fuera de dudas, es el encargado de interpretar al heraldo de Shaddam IV en la pomposa ceremonia diplomática que tiene lugar en el planeta Caladan, por la que el duque Atreides acepta trasladarse a Arrakis para minar la especia en nombre del emperador.

El actor británico Benjamin Clémentine como heraldo de Shaddam IV

La posición política de Dune (2021) se hace explícita desde el inicio de la película, pero va más allá de un posible conflicto racial, al que parece dar por superado con un casting diverso y efectivo. Tiene que ver con el poscolonialismo, con las potencias extranjeras haciéndose con los recursos y las riquezas de los pueblos subyugados. En este caso los fremen, que ven como las grandes casas del Imperio del Universo Conocido cosechan la melange del planeta que ellos habitan en armonía sin recibir nada a cambio, aparte de sufrimiento y violencia. El mensaje llega por boca de Chani (Zendaya), que actúa de narradora inicial y que apunta al barón Vladimir Harkonnen como responsable último de las penurias de su pueblo. El actor sueco Stellan Skarsgard es el encargado de dar vida al orondo aristócrata, que en el libro de Herbert necesita utilizar suspensores para poder mover su cuerpo sobredimensionado por años de excesos y vicios. En la película el brete se soluciona con una serie de ciborgianos dispositivos incrustados en la espalda del barón, que el enemigo del duque activa a voluntad con un mando que lleva en un dedo de la mano. Se trata de un Harkonnen, además, con una personalidad propia claramente definida, muy alejada del histrionismo de Kenneth McMillan dando vida al personaje en 1984 o de la interpretación ampulosa del Harkonnen que hizo Ian McNeice en 2000 y 2003.

El barón Harkonnen flota gracias a suspensores ciborgianos

Tratándose de una obra de ciencia ficción, el sistema hombre-máquina que utiliza el barón no es la única implementación tecnológica sobre los cuerpos que convierten en cíborgs a los personajes. Baste apuntar aquí los receptores implantados detrás de las orejas, que Herbert introdujo en las primeras páginas de Children of Dune (1976) entre los soldados Sardaukar de la Casa de Corrino, y que lucen a modo de botón metálico en la película de Villeneuve el duque Leto o el computador humano Thufir Hawat (Stephen McKinley Henderson). En esta versión del personaje, Hawat se asemeja más al abuelito bonachón que reparte golosinas entre las criaturas del barrio en Navidad que al misterioso ser de Dune (1965), que hacía temblar al mismísimo emperador. Más pavor genera su némesis, el computador humano de la facción Harkonnen, Piter de Vries (David Dastmalchian), cuya sola presencia es capaz, en algún momento, de provocar escalofríos que recorren la columna vertebral del espectador.

Piter de Vries en una imagen promocional de la película

Dune (2021) es a todas luces un espectáculo cinematográfico. Como el texto literario que traduce al audiovisual, la película posee múltiples capas de significación, ideas incrustadas en los lugares más insospechados. Uno de ellos es el vestuario, cuya responsabilidad ha recaído en Jacqueline West y Bob Morgan, que firman las enigmáticas túnicas aba negras con las que las Bene Gesserit pasean sus intenciones ocultas, tal y como las imaginó Herbert en sus libros. “Nuestros planes se miden en siglos”, afirma con circunspección la reverenda madre Gaius Helen Mohiam (Charlotte Rampling). También sobresalen las impolutas camisas blancas que visten el duque Atreides, su hijo Paul y sus más directos colaboradores, que recuerdan a las que llevan esos mismos personajes en las miniseries de 2000 y 2003. Cabe destacar al director de la primera miniserie, John Harrison, que coprodujo la segunda miniserie junto con Richard P. Rubistein, que en su momento compró los derechos de Dune (1965) para televisión, y que es el productor de peliculas como Day of the Death (George A. Romero, 1985), Creepshow (George A. Romero, 1982) o Dawn of the Death (George A. Romero, 1978), entre otras. Harrison y Rubistein forman parte ahora del equipo de productores ejecutivos de la película dirigida por Villeneuve. Podrían esperarse, por lo tanto, ciertos puntos en común entre la nueva versión de Dune y las miniseries de televisión de hace dos décadas. Tal vez la moda masculina de la Casa de Atreides sea uno de los más evidentes, a tenor de cómo han sido diseñadas las camisas blancas. Más allá del texto-tejido, se recomienda desde estas líneas dejarse llevar por el ritmo pausado de Villeneuve, que permite al espectador deleitarse con cada centímetro de imagen magistralmente diseñada para dejar con la boca abierta al más experimentado de los fanes de la ciencia ficción. El ojo se ve obligado a pasearse veloz por la pantalla, para no perderse nada.

La impoluta camisa blanca forma parte de la moda masculina Atreides

Destaca la manera, entre sublime y escabrosa, de situar a los soldados Sardaukar del emperador en la categoría de «fanáticos de la guerra». Spoiler 2: Ocurre cuando Piter de Vries acude a Salusa Secundus, planeta prisión que la Casa de Corrino utiliza para entrenar a sus tropas, a recoger varias legiones Sardaukar para aniquilar a los Atreides en Arrakis. De rodillas, los devotos soldados reciben la marca roja de la sangre de los sacrificios humanos realizados en su honor. Se trata de una invención del equipo creativo de Dune (2021) que no aparece en el libro de Herbert, pero que resume a la perfección la pasta de la que están hechos estos reclutas. Por cierto, en el libro Salusa Secundus es un planeta desértico equiparable a Arrakis, así que sorprende que la escena señalada transcurra bajo una pertinaz lluvia. También aquí una información para los no iniciados en el universo dunediano: la historia se sitúa en el año 10.191, pero no respecto de nuestra época. La civilización futura representada se rige por un calendario imperial cuyo año cero es el establecimiento por parte del Gremio Espacial del monopolio de los viajes interestelares con la especia melange como combustible. Ese hecho ocurre miles de años después de que el hombre abandone el planeta Tierra, un mundo del que nadie tiene ya el más mínimo recuerdo…

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