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Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

¡Oh Capitana, mi capitana!

Escribo esta reseña al día siguiente de ver en el cine Los vengadores: Endgame (Anthony Russo y Joe Russo, 2019), de la que hablaremos otro día, pero que puedo decir desde ya que me dejó con ganas de más Capitana Marvel. Aunque, por otro lado, como me dijo la observadora niña de trece años que compartió conmigo las tres horas de superhéroes y palomitas ayer, “si llega a aparecer ella antes, se termina la peli, porque es tan fuerte que puede con todos”.

El objeto de mi comentario es hoy Capitana Marvel, la película co-dirigida por Anna Boden y Ryan Fleck y estrenada en España el pasado 8 de marzo. Una cinta mucho menos larga que Endgame y con menos de la mitad de presupuesto (“solo” 152 millones de dólares), pero que no lo hizo nada mal en taquilla. Si nos fijamos en el 50% femenino del tándem director, podemos afirmar que la historia protagonizada por Brie Larson batió claramente el récord de recaudación de una película dirigida por mujeres desde que existe el cine.

Invito a prestar atención al “detalle” de la mujer que llevó a medias la batuta en esta adaptación de los cómics de Marvel (parte de una larga saga en la gran pantalla de la que ya se ha hablado en este blog con entradas sobre otros superhéroes) no solo porque no es habitual que una película de acción o de corte superheroico lleve firma femenina, sino porque todo el entramado comercial que acompañó a Capitana Marvel desde su lanzamiento aprovechó el tirón de la protagonista, las cada vez más numerosas fans y las miles de consumidoras para vender el producto. No fue casual que se estrenara coincidiendo con el Día Internacional de las Mujeres, y la realidad le hizo un gran favor a la ficción cuando se publicó en la prensa una fotografía de la multitudinaria manifestación feminista de Madrid en la que se veía claramente la publicidad del filme.

Algunas personas han reaccionado de forma furibunda a la idea de que Hollywood por primera vez invierta en una película que se centre en una sola heroína del mundo Marvel. Ciertos foros se han lanzado a la crítica ácida e incluso al boicot, como ya ocurrió con Mad Max: Furia en la carretera en 2015, donde Furiosa estaba en el centro, o con el remake de Cazafantasmas protagonizado por mujeres en 2016, entre otras producciones recientes. Otras voces se han enfadado por lo contrario: Capitana Marvel no es suficientemente feminista, no nos han dado lo prometido, afirman. En una dirección o en otra, en cualquier caso, el debate significa visibilidad para la historia de Carol Danvers.

Lo que nos ofrecen Boden y Fleck es un viaje al pasado por partida doble: por un lado, la recuperación de la memoria perdida de Danvers, cuya conversión en Capitana Marvel llegamos a conocer; por otro lado, una regresión al contexto histórico y estético de los años noventa, donde se desarrolla la mayor parte de la trama. Con escenas en un videoclub Blockbuster, vestuario que hoy algunas personas llamarían vintage y cortes musicales de aquel momento, quienes dirigen la cinta juegan con la nostalgia de un pasado todavía no muy lejano, activando incluso códigos cinematográficos de aquel periodo. En este sentido, el filme se adscribe a una tendencia de las grandes y las pequeñas pantallas en los últimos años y de la que hemos hablado en este mismo foro comentando, entre otros productos, Trainspotting 2 o Stranger Things.

El personaje que nos presentan como Capitana Marvel en la producción que aquí se trata es la versión fílmica de una figura de cómic creada por Roy Thomas (escritor) y Gene Colan (artista). Apareció por primera vez en el año 1968, lo cual se me antoja tan poco casual como el estreno de la película un 8 de marzo, ya que en aquel año nació en Estados Unidos lo que allí se conoce como Segunda Ola del movimiento feminista: pareciera que ya comenzaba a haber una demanda de mujeres en el mundo de las historietas. Por entonces la que en 2019 es protagonista de aventuras propias era únicamente Carol Danvers, colega de un superhéroe de la raza Kree llamado Mar-vell. Nueve años más tarde Thomas y Colan darían una primera versión sobre el origen de los superpoderes de la que pasaría a ser Ms. Marvel: en una entrega de 1977 su ADN se fusiona con el de Mar-vell tras una explosión, y a partir de ese momento ella cuenta con una fuerza sobrehumana y la capacidad de lanzar rayos de energía.

La Capitana de 2019 en el cine también es un personaje híbrido. La película nos permite acompañarla en el descubrimiento de sus raíces a medida que va recuperando recuerdos y reconstruyendo su pasado con retazos de memoria propia y ajena. En ese viaje iniciático descubrirá su yo primigenio, se dará cuenta de que su mentor Yon-Rogg (Jude Law) no es lo que ella cree, y encontrará un aliado en Nick Fury (Samuel L. Jackson), que en ese momento es aún joven, inexperto y con dos ojos. Además, Carol-cum-Capitana revisitará el tiempo en el que, aun sin tener poderes extraordinarios, ya era una mujer independiente y llena de energía.

Quizá lo más interesante, así como lo más feminista, de Capitana Marvel sea la caracterización compleja de la protagonista. La que luego parecerá invencible es sin embargo una mujer que ha aprendido a enfrentarse al miedo, a llevar adelante sus misiones con un estricto sentido del deber y a defender a su gente y a sí misma. Completando ese cuadro novedoso por lo igualitario, el grupo de “los suyos” incluye desde compañeros en la lucha interplanetaria a hermanas en armas durante su entrenamiento militar, pasando por una niña que tiene en ella un modelo de mujer alternativo al tradicional y que le permite imaginar cosas muy grandes.

En casi todas las reseñas disponibles online se hacen, de una u otra forma, comparaciones entre la última versión fílmica de la heroína de DC Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017) y Capitana Marvel. ¿Por qué no cerrar esta publicación, pues, con una pequeña contribución a esa conversación pública? Para ello diré que si la Mujer Maravilla de Jenkins era ingenua al principio y ñoña al final, la Carol Danvers convertida en Vengadora de Boden y Fleck es –aun siendo un personaje-tipo como lo son casi todos los superheroicos– mucho más redonda. Es joven y atractiva, desde luego (¿acaso Hollywood permitiría otra cosa en una protagonista absoluta de este tipo de narrativas?), pero es mucho más: es inteligente, piensa rápido, tiene sentido del humor, es leal, es independiente, es autónoma pero pide ayuda cuando la necesita, es fuerte y aprende bien pronto a manejar sus rayos de energía con habilidad. En su siguiente –si bien breve– aparición en el cine (Vengadores: Endgame) la veremos mucho más endurecida y algo soberbia, pero esa ya es otra historia. Vamos paso a paso.

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