Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Relatos metafísicos: el cine del tándem Cahill-Marling-Batmanglij

El arte no solo es una expresión de las emociones, sino también del pensamiento. Los artistas dedican toda su creatividad en plasmar sus inquietudes y acercar sus miradas al público dejándolo entrar en sus universos particulares llenos de luces y sombras. El cine, como arte que goza en la actualidad de un éxito más amplio de seguidores, es una ventana abierta a reflexiones que se encuentran en contacto con la realidad más próxima planteando cuestiones acerca de nuestra propia naturaleza, tanto social como individual. O, si se prefiere, una forma de pensar en clave metafísica a través del cine como lo harán directores como Andrei Tarkovski, Terrence Malick, Ingmar Bergman o Woody Allen. En este contexto se ubican los cineastas Mike Cahill, Zal Batmanglij y Brit Marling cuya filmografía se estructura alrededor de una compleja base existencialista que incita a la reflexión.

Los tres coincidirían en la universidad de Georgetown graduándose en la promoción de 2005. Mientras Cahill y Batmanglij eran compañeros en el grado de filosofía, Marling realizaría la carrera de económicas; trayectorias profesionales muy diferentes a las que terminarían ejerciendo – aunque no tan alejadas como puede parecer. La monotonía y explotación en sus respectivos trabajos – ellos investigadores y ella contable – les estaba “emocionalmente matando poco a poco donde su entorno anulaba la imaginación de los jóvenes” (como describe la propia Marling) y, decidieron dejarlo todo para dedicarse a contar historias que exploraran sus ansiedades personales e intentar crear consciencia crítica sobre preguntas esenciales de la naturaleza humana que, precisamente, eran las responsables de ese vacío existencial que sentían.

Asimismo, la trayectoria como “autores” de este tándem es, cuanto menos, curiosa. Las colaboraciones nunca se suceden entre los tres, sino más bien entre Brit Marling y Cahill o Batmanglij; donde normalmente uno de los dos dirige y co-escribe junto a Marling quien, también interpreta en todas las cintas. Sin embargo, a pesar de que el nexo entre proyectos es la mirada especial de Brit Marling (lo que hace pensar que la principal cabeza pensante es la suya), las cinco producciones con las que cuentan tienen una clara continuidad temática que, aunque estén dirigidos por cineastas diferentes, es indiscutible la influencia narrativa entre ellos. Así lo vamos a comprobar en las próximas líneas en las que podemos hablar del tándem Cahill-Marling-Batmanglij como un corpus fílmico unitario.

Brit Marling da vida a Maggie en Sound of my Voice, la hipnótica líder de un culto

El debut de Batmanglij y Marling en la ficción será con el largometraje Sound of my Voiceuna película sin apenas presupuesto estrenada en 2011. El argumento narra la historia de Peter (Christopher Denham) y Lorna (Nicole Vicius) una pareja que decide hacer un documental para desenmascara la estafa de un culto liderado por Maggie (Brit Marling), una misteriosa chica que afirma provenir del futuro. Ambos se hacen pasar por sus seguidores mientras el escepticismo acerca de los relatos y acciones de Maggie crean tensiones entre los protagonistas donde la línea entre la credulidad y la desconfianza se hace cada vez más estrecha. Diseminada en capítulos, la película actúa como preludio para la que es la obra cumbre del dúo, The OA, donde la incertidumbre acerca del origen y el propósito de Maggie plantea cuestiones sobre el porvenir del destino (¿cuál es el camino que quiero elegir?), la fe (creer en lo inexplicable, «to see her is to believe her») y la búsqueda de un significado más allá de nuestra propia existencia (¿es posible los viajes intertemporales?)

Asimismo, la atmósfera hipnótica y enigmática de la cinta plantea una doble incógnita. Por un lado,lel desarrollo de los hechos donde la implicación emocional de Peter/Lorna va en paralelo con la del espectador quien leerá los códigos de Maggie como parte del misterio sobre la veracidad de sus prácticas; y, por otro lado, la reflexión acerca de hacia dónde nos dirigimos como especie y si éste es lo que queremos para el planeta ¿Si alguien viniera desde el futuro para advertirte de su devastación cambiarías tu forma de hacer y pensar? Así, Sound of my Voice desarrolla un discurso abierto a varias lecturas donde la decisión final queda en manos del espectador.

Rhoda se siente atraída hacia esta «nueva tierra» en Another Earth

El rumbo existencialista del tándem se materializa en Another Earth, también de 2011, bajo la dirección de Mike Cahill y co-escrita con Brit Marling. La trama se centra en Rhoda Williams (Marling), una joven que tras acabar con la vida de una familia en un trágico accidente de coche, intenta retomar su camino. La aparición de un nuevo planeta idéntico a La Tierra mientras ésta cumple condena altera la cotidianidad de la población que se pregunta cuál es el origen de este asteroide que corona el cielo. De esta manera, las líneas argumentales del conflicto interno de Rhoda – quien establece contacto con John (William Mapother), patriarca de la familia que murió en el accidente – y la trama de “ciencia ficción” se van estrechando a medida que se desarrolla la historia. Rhoda se sentirá desconectada de su propia realidad motivada por la culpa, un entorno hostil y por un profundo vacío existencial. Así, ese nuevo planeta que reina desde la lejanía se convierte en una posible vía de escape para ella. Un sueño no-tan-lejano donde puede comenzar una nueva vida que trascienda su realidad.

De esta manera, cuando se descubre que este segunda Tierra es “una copia” de nuestro planeta, el sustrato metafísico comienza a hacerse más presente. La redención de Rhoda comienza a hacerse real cuando piensa en la posibilidad de una versión alternativa de sí misma con otro devenir para ella. Un existencialismo teórico sobre la naturaleza del individuo y de la relación espacio-tiempo que es una de las preguntas esenciales de la humanidad: a dónde vamos y de dónde venimos. Con un final ambiguo, la cinta plantea más preguntas que respuestas ¿Cómo actuaríamos si supiéramos de la existencia de un “otro yo”? ¿Cuál de estos universos es la realidad? ¿Quizá ambos o quizá ninguno? Una continuación de las cuestiones desarrolladas en Sound of my Voice.

Con una estilo visual cercano al cine poético y con formato digital en cámara en mano estructurado entre silencios y voz en off, Another Earth es una cinta compleja que reflexiona acerca del destino, del miedo a lo desconocido y de nuestra relación con el universo. En definitiva, planteamientos metafísicos que exploran la ontología del ser, la teleología filosófica del cosmos y los principios que constituyen nuestra realidad ser bajo la batuta de pensadores como Aristóteles o Kant. Planteamientos que se explorarán de manera más profunda en proyectos posteriores como I Origins y, especialmente, The OA.

El existencialismo de las primeras frases de I Origins

En 2013 se estrenaba The East, una cinta que propone un thriller conspirativo alejado de las fórmulas de sus primeros proyectos. Dirigida por Batmanglij y co-escrita con Marling, la trama se centra en Sarah Moss (Marling) una ex agente del FBI que debe infiltrarse en una célula eco-terrorista llamada «El Este». Sarah se hace pasar por Jane, una nueva integrante del grupo con órdenes de interrumpir sus acciones y desmantelarlo. La estructura de la película sigue los clichés del género de “policía infiltrado” donde el peligro de ser descubierto es uno de los ejes centrales, así como lo es la crítica a las conductas perjudiciales para la población por parte del sistema. En este caso, las corporaciones multinacionales de medicamentos y los vertidos contaminantes en la naturaleza. Una reflexión acerca de cómo (mal)tratamos el medio ambiente y cómo se forjan las estructuras de poder social, alejándose de las temáticas existencialistas de su filmografía para fomentar la consciencia crítica del espectador.

Asimismo, el germen del proyecto surge de las propias experiencias de Brit Marling y Zal Batmanglij quienes en su juventud convivirían por un tiempo con un grupo de anarquistas anticapitalistas para comprender diferentes formas de pensamiento a las suyas. Entonces, The East proviene de un interés personal en mostrar otro tipo de filosofía de vida y de prácticas transgresoras, sin que ello implique un adoctrinamiento ideológico. De hecho, la cinta confecciona un thriller con implicaciones morales acerca del control – como sucede con la líder del culto de Sound of my Voicey la ética frente a la violencia y al “ojo por ojo” como juicio a los conjuntos antisistema (¿es la única manera de actuar frente a las injusticias sociales?). Así, Sarah interactúa con los integrantes de la célula – especialmente con Izzy (Ellen Page) y Benji (Alexander Skargård) – y cuyas convicciones se van transformando en una mirada hostil frente al sistema al que ella, sea consciente o no, pertenece y a la que explota. Una trama que propone “abrir los ojos” al espectador como lo hará Sarah frente a los acontecimientos que se suceden.

La llegada de Sarah al escondite del grupo eco-terrorista «El Este»

En 2014 se estrenaría I Origins, primera película de Mike Cahill escrita en solitario. La trama se centra en Ian Gray (Michael Pitt) un científico cuyo trabajo consiste en la investigación sobre la evolución del ojo junto a su compañera Karen (Marling). Cuando Ian se obsesiona con Sofi (Astrid Bergès-Frisbey), una chica con unos ojos cautivadores, comienza una relación con ésta que le cambiará la vida. Recogiendo los planteamientos de Another Earth, la premisa de I Origins también gira entorno al concepto del destino aportando una mirada más trascendental; en este caso, a través de la contraposición de ciencia vs espiritualidad.

Siendo más ambiciosa que su predecesora, su desarrollo narrativo se estructura, así, en dos partes: el romance y la investigación científica. La primera actúa de nexo con la segunda donde la oposición entre las formas de experimentar la realidad – el empirismo de Ian, lo etéreo de Sofi y la mezcla de ambos de Karen – son la clave de su reflexión final ¿Y si lo que se experimenta no es explicable de forma empírica? Otra vez la idea de la causalidad hace acto de presencia donde la muerte se sitúa en el eje de su discurso. Un discurso que deriva hacia una reflexión sobre la división cuerpo-alma y de un posible más allá como una de las formas de pensamiento filosófico sobre la existencia del ser. Dichos pensamientos platónicos acerca de la reminiscencia del alma – los recuerdos de vidas pasadas como actos de reencarnación – plantean en I Origins un claro alegato metafísico que, aunque un poco difuso en sus momentos finales, pretenden expandir la mirada del espectador a formas de comprensión nuevas.

Prairie se reencuentra con su pasado en una dimensión cósmica en The OA

El final del recorrido nos lleva hasta el proyecto más ambicioso y personal del dúo Marling-Batmanglij: The OA (2016-2019). Producida por Netflix e (injustamente) cancelada tras dos temporadas y 16 episodios, la historia se centra en Prairie Johnson (Marling) una joven que regresa a su hogar después de su repentina desaparición 7 años atrás. Cuando la chica vuelve con su ceguera recuperada, las preguntas acerca de lo que le ocurrió durante su ausencia se hacen más persistentes mientras Prairie se niega a hablar de lo sucedido. Sin embargo, el contacto con cinco personas de su entorno hará que la verdad de Prairie se escuche.

Dirigida en su integridad por Zal Batmanglij, la serie recoge todas las características temáticas y estilísticas desarrolladas en los cuatro largometrajes anteriores – en especial aquellos escritos por Brit Marling como creadora de la serie. Siendo una producción con toques sobrenaturales con una base de ciencia-ficción, la serie presenta una sofisticación muy precisa donde se reflexiona acerca del destino, del propósito de las personas, de la fe, de la posibilidad de un más allá y de la muerte con una sensibilidad única y compleja. The OA es una serie que sólo se podría calificar como cósmica y delicada que explora todas las ramas del existencialismo combinando la reflexión ontológica, teleológica y teológica desde un enfoque humanista. Una propuesta televisiva poco común con un sustrato emocional y sensorial singular donde la ciencia (el empirismo frente a lo desconocido), la religión (Prairie como figura mesiánica) y las hipótesis de la alteración del espacio-tiempo (las dimensiones cósmicas y la inmortalidad) se mezclan en una sola narrativa llena de un desbordante misticismo.

No puedo evitar pensar que lo descrito en estas líneas son solo un esbozo de las cuestiones que nos plantean las obras de Mike Cahill, Zal Batmanglij y, en especial, de Brit Marling cuya mirada poética y esperanzadora está llena de verdad. Su cine es difícil explicar. Se debe sentir, experimentar y racionalizar. Los tres comparten sus pensamientos y ansiedades más profundas para que reflexionemos como parte esencial para la supervivencia del conocimiento, y, en definitiva, para nuestra propia existencia. Como la metafísica, su filmografía nos muestra la relación entre lo universal y lo particular y a abrir la mente de forma creativa focalizándose en historias humanas para cuestionar la realidad y hacernos preguntas donde ninguna es incorrecta ni trivial. En definitiva, la necesidad de aprender nuestra propia verdad para descubrir aquello que nos rodea.

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