Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Reseña “La abuela” (Paco Plaza, 2022) o el miedo a morir

Paco Plaza nos sitúa en una historia que no nos dejará indiferentes. Bajo su estela de Verónica (2016) y el personaje de la monja anciana que guió a Verónica al mundo espiritual y más propio de los exorcismos, la apuesta en esta nueva película del director estrenada este mismo 2022 recoge el binomio de personajes principales en la figura de la abuela y la nieta, es decir, de una anciana y una joven modelo.

La abuela, Pilar
Pilar, asomada provoca la muerte de su posible cuidadora

Susana, la nieta y joven modelo, lleva seis años probando suerte en su carrera profesional en la ciudad de París, llena de otras jóvenes con las que compite por conseguir un trabajo que la lleve al éxito, más allá de promocionar perfumes y otras campañas publicitarias de menor alcance. Pilar, su abuela, quien también se dedicó al mundo de la moda, reside en su casa en Madrid y vive de manera independiente y autónoma, siguiendo sus rutinas, quedando con sus amigas, tomando café y teniendo un ritmo cómodo y pausado. 

Susana cuidando a Pilar
Susana cuidando a Pilar

Susana vive con su abuela desde el trágico accidente de sus padres cuando ella era una niña y, por tanto, ha sido criada por ella. Nada o poco es arbitrario en esta película, pues es notorio destacar la fecha de cumpleaños de ambas, el 22 de marzo y la fiesta de cumpleaños era compartida el mismo día para dos generaciones distintas, a las que se sumaban una amiga de la abuela y su nieta a la celebración.

Una llamada romperá todos los esquemas de Susana: su abuela ha sufrido un accidente y está en coma en el hospital y ella es la única familia que está en la lista de contactos de emergencia. Consigue despertarse pero con supuestas graves lesiones a nivel cerebral que repercutirán en el resto de su vida, con necesidad de cuidados de manera contínua y, por tanto, con consecuencias también para la vida de su nieta. Si bien la recomendación de los médicos era la de ingresarla en un centro sanitario donde pudieran darle los cuidados necesarios (lo cual hubiese permitido a su nieta, seguir viviendo fuera), Susana ante la obligación de quedarse en Madrid para cuidarla, como su abuela hizo tras fallecer sus padres. 

Binomio nieta-abuela y unión inquebrantable entre ambas

Existen lazos familiares fuertes y unidos hasta un punto que resulta tóxico y que, unido a la casuística en que ambas nacieron el mismo día, resulta inquebrantable. Susana deja apartada su vida como modelo para poder dedicarse a cuidar a su abuela pues la batalla contra la muerte y la vida siempre obtiene el mismo resultado. La representación física de la abuela, muy delgada y pálida, con signos propios de la vejez a los que se suman su falta de autonomía para poder comer, ducharse, irse a dormir, además de su inquietante mirada huidiza, en muchos casos, choca con sus microgestos, los cuales buscan el primer plano donde la mirada no huye sino que mira al espectador, provocando inquietud, extrañeza y tristeza. Es la mirada al vacío y a la muerte, la puerta a la vejez que resulta incómoda de ver y de mirar y Paco Plaza pone de relieve este miedo de forma magistral pues es una verdad de la que preferimos huir y a la que nos da miedo enfrentarnos. No solamente le da miedo a la propia Pilar sino a Susana y al resto de la audiencia pues en ella reside lo inherente al ser humano, el paso inexorable del tiempo y la llegada de la muerte. 

La risa estridente de Pilar sin motivo es signo de sus posibles alucinaciones

Sin embargo, Pilar ya venía preparándose para la muerte (spoiler alert), asegurándose que su nieta Susana se encargara de ella en sus últimos días. Un diario personal de la niñez de Susana será el objeto que funcionará como premonición: narrará en primer lugar el infinito amor que siente por su abuela y, a continuación, ese relato estará manchado por lo sucedido en uno de sus cumpleaños en el cual ella y su abuela lo celebran junto con otra amiga de la abuela y su nieta. El recuerdo distorsionado de ese día se traduce en risas estridentes, copas de ponche y un corte de pelo que funciona, narrativamente, como un punto de inflexión y rito iniciático de la niñez a la juventud. Este corte de pelo de la extensa trenza de Susana, junto con algunos recuerdos vagos de un baile con una puesta en escena de aquelarre, supondrá la unión inquebrantable de Pilar y Susana y la casa donde viven se convertirá en una prisión de la que no podrá escapar. Así pues, en el intento de Susana de buscar una persona que se encargase de cuidar a su abuela para poder retomar su trabajo como modelo en París, fracasa pues la abuela es capaz de enviar un conjuro para que la posible cuidadora tenga un accidente al cruzar la calle al bajar de su propio piso y, además, de causar un incendio en el centro sanitario y asistencial donde Susana, muy asustada por su propia abuela, la ingresó al verse desbordada por la situación.

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