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«Annihilation» (2018) o la cartografía del posthumanismo según Alex Garland

Hace apenas una semana la cadena en streaming Netflix distribuía el nuevo film de Alex Garland, su título, Annhihilation. Estrenada en el mes de febrero solo en Estados Unidos y con un trailer cuyas imágenes no podían ser más perturbadoras al tiempo que seductoras, la curiosidad por ver el nuevo trabajo de Garland estaba servida. Aún más tras su magnífica primera obra como director, Ex Machina (2014) que le valió la nominación al Óscar al mejor guión, ganando al de mejores efectos digitales y que se ha convertido —al menos para nosotros— en un icono de las temáticas relacionadas con el posthumanismo. La verdad es que la expectación por ver Annhilation estaba y está más que justificada porque el film es una obra de arte por muchos motivos.

Con guión de Garland, novelista británico nacido en Londres en 1970, y basada en una de las novelas de Jeff VanderMeer, Annhiliation nos traslada al viaje que realizará la expedición número 12 a un área atacada por un extraño fenómeno aparentemente alienígena pero en cualquier caso invasor (The Shimmer) que ha acabado de manera misteriosa con las anteriores expediciones enviadas para investigar la naturaleza del mismo. La expedición estará integrada exclusivamente por mujeres y será encabezada por Lena (Natalie Portman) quien intenta descubrir los motivos de la desaparición y posterior regreso de su marido Kane (Oscar Isaac) en condiciones mentales y físicas extrañas. Hasta aquí todo parece indicar el desarrollo de un argumento típico de un hipotético género de acción post o pre apocalíptico en el más puro estilo canónico marcado esencialmente por filmes como Predator (John McTiernan, 1987) y seguidos de maneras distintas y con finalidades muy divergentes en películas como District 9 (Neil Blomkamp, 2009) e incluso la trilogía Cloverfield (iniciada por Matt Reeves en 2008). Así, una primera lectura absolutamente superficial del argumento nos conduce al enfrentamiento  más o menos cruento de un grupo de personas con un invasor hostil tal como nos hace saber la cinta desde el primer momento en que Lena comunica al espectador que la mayoría de las integrantes de la expedición han tenido finales desgraciados.

La expedición número 12 se adentra en el Área X

Sin embargo la premisa inicial va a verse absolutamente trastocada a lo largo de la propuesta de Garland. Y en este punto lamentamos decir que vamos a tener que hacer algún tipo de spoiler no tanto de los acontecimientos de la acción como del posible itinerario de la lectura de una película que tendrá un fuerte componente metafórico. Una de las primeras diferencias evidentes con los títulos anteriormente mencionados son las componentes de la expedición: todas ellas mujeres y todas ellas científicas.  A la ya mencionada Lena se unirán las doctoras Ventress (Jennifer Jason Leigh), Thorensen (Gina Rodríguez), Radek (Tessa Thompson) y Sheppard (Tuva Novotny) cuyas especialidades serán la antropología, la psicología, la geología y la física. Unas ramas del saber que no son en absoluto gratuitas, como tampoco lo es que la doctora Louise Banks (Amy Adams) de Arrival, dirigida por Denis Villeneuve en 2016, sea lingüista.

Adentradas en un escenario distópico tremendamente relacionado de manera visual y en la dinámica de sus acciones con los esquemas de los videojuegos encabezados por títulos como The Last of Us e incluso Enslaved — con guión de Garland— las integrantes de la expedición número 12 van a (con)vivir con situaciones extremas en las que los elementos naturales del entorno ocupado por The Shimmer van a sufrir mutaciones importantes. Unas mutaciones que no se relacionan tanto, desde nuestro punto de vista, con la acción como con el reflejo mimético de las ansiedades, descubrimientos, pensamientos e incluso formas de ser de cada una de las intergrantes de la expedición.

El tratamiento del entorno natural va a ser esencial en Annhihilation

Desde este punto de vista, en la película no podemos hablar de personajes principales o secundarios, todos los personajes se integran fucionalmente en el argumento y todos ellos forman parte de un esquema identitario que va de lo individual (cada uno de los personajes que intervienen) a lo general (identidades humanas modificadas por una entidad posthumana-no necesariamente alienígena). Unas identidades individuales que en un ejercicio de virtuosismo conceptual podemos relacionar con los distintos debates generados por la llamada «cartografía del posthumanismo» y que afectan de manera especial a los cambios genéticos y al posthumanismo ecológico en relación con la manipulación humana o de la ciencia. Y justamente estos conceptos van a ocupar una buena parte del metraje del film de Garland que se toma su tiempo y su ritmo —con una ligera sensación de déjà vu en algunos momentos de la acción— para conducir al espectador al punto esencial del mismo que se concentrarán en los magistrales veinte minutos finales de Annhilitation. Por eso, la película de Garland quizá requiera una cierta dosis de paciencia del espectador como también lo hacen algunos videojuegos a los que nos hemos referido anteriormente y algunos otros que sin duda están en la mente de los lectores de este post.

Lena (Natalie Portman) y Kane (un Oscar Isaac que repite con Alex Garland)

Veinte minutos finales espectaculares en los que seguiremos la historia de Lena y Kane que se ha ido desarrollando a modo de flashbacks y que va a suponer el último escalafón del posthumanismo a partir de la creación o cambio en las identidades individuales y la construcción de un nuevo orden —ni mejor ni peor que el actual, eso lo decide el espectador— en una tierra desmembrada y cercana al apocalipsis.  Un planteamiento extremadamente relacionado con el anterior trabajo de Garland, Ex Machina, sin duda de más fácil comprensión y digestión por parte del espectador y con el que Annhilitation compartirá conceptos sumergiendo al personaje de Natalie Portman —y también al espectador— en una pesadilla estéticamente muy compleja y de una perfección digital extrema. Una complejidad narrativa, la de Garland, que estamos seguros que firmarían encantados Terrence Malik o Darren Aronofsky.

Justamente por este motivo y por la densidad del concepto de Annhilation que nos plantea Alex Garland, no nos podemos quedar en un único visionado del film. Ni siquiera dos visionados nos permiten apreciar la enorme cantidad de matices desarrollados en todos y cada uno de los personajes como la enorme cantidad de matices que nos propone una puesta en escena absolutamente intertextual y cuidada hasta el más mínimo detalle. Una enorme cantidad de matices que se hacen extensibles a una hipotética aniquilación —o a/nihilación en el sentido etimológico del término— que no es, en absoluto, ni unidireccional ni única. No es de extrañar, pues, que Annhilation haya sido considerada por la crítica como una obra maestra y, nos atrevemos a decir, que un enorme salto cualitativo y cuantitativo en el tratamiento contemporáneo de la ciencia ficción. Un tratamiento estético y filosófico comparable al que supuso el estreno de Blade Runner en 1982 ; sin duda estamos ante un nuevo icono que dará mucho que hablar.

Reconozco mi nerviosismo ante el comienzo de la segunda temporada de Westworld. Un nerviosismo motivado
Los escenarios distópicos se han convertido en unos de los ejes principales para la construcción
Siguiendo con el repertorio de textos en los que se trata del posthumanismo en la
 

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