Representación, Ideología y Recepción en la Cultura Audiovisual

Una infancia perdida: «Las niñas» de Pilar Palomero (2020)

Un coro de niñas abre el filme. Todas están listas para dar inicio al ensayo, pero muchas de ellas no tienen permitido cantar tan solo gesticular. Esta secuencia instaura el sentido de lo que Pilar Palomero viene a contarnos en Las niñas, la primera película de esta directora, que pone la mirada en una niña y su paso de la infancia a la adolescencia en una España posfranquista de principios de la década de los noventa que vivía atrapada entre dos épocas; y entre muchas mentiras y también muchas verdades.

Las niñas esperan las instrucciones de su profesora de canto

Celia (Andrea Fandos) es una niña alumna de un colegio femenino religioso. Hija de una madre (Natalia de Molina) joven y viuda que se ausenta demasiado para poder cuidar de ambas. A la clase de Celia llega Brisa (Zoe Arnao), una chica de Barcelona que acaba de quedar huérfana de padre y madre, que la empujará a descubrir que existe un mundo más variado y libre del que le habían hecho creer e iniciarán juntas un camino hacia una nueva etapa de sus vidas: la adolescencia. En este camino, Celia descubrirá que su vida está llena de muchas certezas y también de muchas falsedades.

La historia se ambienta en la Zaragoza de la Expo y de las Olimpiadas del año 1992, cuando España trataba de mostrarse moderna y regenerada de cara al exterior. Entre la juventud surgían nuevas vías subversivas de las que emergieron grupos como los maños Héroes del Silencio o Niños del Brasil. También se producía el auge del clubbing destacando la Ruta del Bakalao o Ruta Destroy. Sin embargo, España seguía siendo heredera del franquismo y de una educación anacrónica que tenía como pilares el conservadurismo y el secretismo. Colegios de monjas que divagaban entre las redacciones sobre la relación ejemplar con Jesucristo y la enseñanza de una sexualidad al servicio del matrimonio y la procreación. Un país y sociedad tan dual que conducía a los más pequeños a una crisis tremenda.

Celia (Andrea Fandos) se debate entre la tradición que le han inculcado o un nuevo mundo que se abre ante ella

Las niñas es la historia de toda esa generación de mujeres que se debatían entre lo añejo y lo nuevo. No es una película autobiográfica, porque no es solo la infancia de la autora, sino la de todas las hijas de la EGB.

Las jóvenes actrices que encarnaron a las niñas, para las que este era su primer largometraje, no disponían de ningún guión por lo que cada mañana se enfrentaban a la improvisación de las conversaciones que presenciamos en la gran pantalla. Este recurso es el causante de toda la verdad que el diálogo del film nos muestra. Haciéndonos partícipes de sus interrogantes, sus diversiones, sus problemáticas; de su intimidad. Igualmente, los silencios también son un elemento narrativo sumamente importante en la obra. Y es que, esta propuesta es tremendamente intimista. Visualmente, para seguir adentrándonos en este universo femenino, la directora coloca la cámara muy pegada a los cuerpos de las jóvenes – en especial de Celia – nuestra narradora y protagonista, a quien nunca abandona. Tampoco tiene miedo a tomarse el tiempo necesario, produciendo largas escenas. Asimismo la película está dotada de un gran realismo gracias al recurso de la cámara en mano, de carácter rudimentario y veraz, que provoca planos muy cercanos. El viaje en el tiempo es mayor con el uso de un formato 4:3, casi cuadrado, de una televisión hoy ya obsoleta.

Madre (Natalia de Molina) e hija (Andrea Fandos) se preparan para encarar un nuevo día

Estrenada en la sección Generation de la última edición de la Berlinale y ganadora de la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga junto al premio a la mejor fotografía, también ha sido aclamada por la crítica y el público como la nueva joya del cine español. Porque aunque se trate de una historia sencilla es  emocionante, sensible y conmovedora y supone un ‘shock’ tan grande como el que en su momento causó Verano 1993, las dos producidas por Inicia Films. La niñas es una obra necesaria en el panorama del cine español que nos muestra como esas voces que fueron silenciadas se animan hoy al fin a cantar libremente.

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